Otras miradas

Nieva sobre mojado

Cristina Martín

Familias de Vallecas por la Escuela Pública

El confinamiento derivado de la pandemia del coronavirus y el temporal Filomena no han hecho más que agravar y poner sobre la mesa dos viejos problemas: el del abandono de la educación pública en varias comunidades y del sistema social de cuidados.

Escribo desde la ciudad de Madrid, distrito de Vallecas, donde mis dos hijas están escolarizadas en centros públicos. 

El abandono y la falta de inversión en los centros públicos de esta Comunidad es bien conocido por cualquier persona que haya tenido contacto con ellos, bien sea desde el ámbito docente o desde el del alumnado y sus familias. Varias décadas de desvío de fondos a la privada y concertada, sumados al segregador programa de bilingüismo y la falta de recursos, docentes, personal de apoyo y deficiente mantenimiento y renovación de los centros, han generado una brecha educativa abismal, que se ceba con el alumnado de estos centros, especialmente entre aquellos que provienen de familias con menos recursos económicos y menor capital cultural. 

Desde el mes de marzo del 2020, los niños, niñas y jóvenes de la Comunidad de Madrid han asistido a clase tres meses. Meses en los que los equipos de los centros se han dejado la piel para poner las clases en marcha con la mayor seguridad y escasos recursos.

Se nos dijo desde las Administraciones en marzo pasado, y de nuevo en enero de 2021, que hay clases online, que la escolarización sigue en marcha, pero todos y todas sabemos que el envío de tareas y las conexiones online no garantizan en ningún caso el derecho a la educación. 

La educación online es un unicornio. Máxime cuando hablamos de alumnado en edades tempranas, que no puede seguir por más de 30 minutos, si llega, lo que pasa en una pantalla, y cuya experiencia educativa se basa sobre todo, en el proceso de relación y socialización con sus iguales. Está también el alumnado con necesidades especiales, para quien es impensable seguir clases online. Y está claro, la desigualdad social. Familias que no tienen más dispositivos que el móvil, familias que trabajan y no pueden atender las conexiones, familias que por su baja formación no entienden muy bien todas esas instrucciones. Ayer 15 de enero, en la clase de primero de primaria de mi hija mayor se conectaron 5 de 19. Saquen sus conclusiones.

La indignación vivida ayer por miles de familias en la Comunidad de Madrid al anunciarse un nuevo retraso en la apertura de las aulas, se debe al abandono y la desidia que se ha percibido en la gestión de la crisis del temporal Filomena, en todos los aspectos, pero una vez más, se trata de dónde se han puesto las prioridades. 

La educación presencial no sólo es un derecho, sino que debe ser considerada un servicio esencial. Se debería haber pensado en abrir acceso a hospitales, centros de salud, servicios sociales y colegios, al mismo tiempo que se pensaba en la apertura de carreteras y comercios. 

Sabemos que el contrato del Ayuntamiento con Tragsa para la limpieza de los colegios y sus accesos no llegó hasta el jueves 14 por la tarde. Sabemos que hemos tenido que ser las comunidades educativas las que en muchos casos hemos ido a palear y abrir caminos. También sabemos que muchos de los informes técnicos que se han emitido in extremis han sido favorables a la apertura. ¿Por qué mantener todos los centros cerrados entonces?.

Hay otros centros más dañados por el temporal. Centros que llevan sufriendo años de mal mantenimiento y que no se renuevan. El problema de fondo no es Filomena, es el abandono de la educación pública, que la nevada y la pandemia han dejado al desnudo.

Los cuidados

La pandemia puso de manifiesto el gran déficit existente en nuestro país respecto a la organización social de los cuidados. Comenzó a hablarse mucho en aquellos meses de la palabra conciliación y de la insostenible situación que se estaba viviendo en los hogares con personas dependientes a cargo. 

En las últimas décadas, las encuestas de uso del tiempo han supuesto una herramienta fundamental para conocer y analizar lo que sucede en los hogares en relación a la distribución de tareas y tiempos. Por desgracia, la última encuesta publicada por el INE es del año 2010. Por ella sabemos  que el 92,2% de las mujeres realizan tareas domésticas y se ocupan del cuidado de niños/as, ancianos/as y dependientes durante casi cuatro horas y media, frente al 74,4% de los hombres, cuya duración promedio es de dos horas y media. El 38,6% de los varones trabaja de forma remunerada y le dedica de media casi ocho horas, frente al 28,6% de las mujeres, que, además, trabajan fuera del hogar una hora y 20 minutos menos que los hombres. 

¿Qué está pasando durante la pandemia y el temporal Filomena? 

Aunque aún no tenemos datos de las encuestas de uso del tiempo, sí tenemos algunos estudios de expertas. Estos muestran que los hombres apenas han variado su actitud hacia las tareas domésticas y de cuidados. Las mujeres han asumido la mayor parte de esas tareas y los hogares monoparentales han sido los más afectados por el confinamiento.

Señala María José Martínez, que "quizás el rasgo más característico de esta crisis es que toca de lleno el ámbito de los cuidados." que ha intensificado el trabajo dentro de los hogares con una gran sobrecarga, concretamente sobre las mujeres. 

Esta sobrecarga ha tenido consecuencias también sobre sus trabajos remunerados, en especial de aquellas que teletrabajan o lo hacen en sectores esenciales, dado que además no pueden acudir a redes familiares o vecinales para repartir el cuidado.

Las consecuencias a nivel emocional, psicológico, de salud, laborales y económicas para las familias que sostienen esta situación, y en concreto para las mujeres, son de un alcance que aún no conocemos, aunque sí sabemos que se han disparado los trastornos de ansiedad y estrés y el deterioro severo de nuestras condiciones de vida, mientras tratamos de no perder nuestros trabajos, cuidar de nuestros hijos e hijas, atender a las tareas escolares, cocinar, limpiar, comprar, cuidarnos de la covid, y ahora además retirar la nieve de nuestras calles y nuestros centros educativos.

Ante esta situación, desde el mes de marzo, desde ninguna instancia administrativa se ha formulado ni una sola medida destinada a apoyar a las mujeres y sus familias en esta situación. Ni una sola. 

El acceso al teletrabajo o la flexibilidad horaria no pueden ser una medida de apoyo a la conciliación en este contexto, son apenas medidas que permiten la supervivencia. Necesitamos una nueva organización social de los cuidados, donde no sólo los hombres se corresponsabilicen por igual de las tareas del hogar, sino que  se avance hacia un reparto de los cuidados entre el Estado y la comunidad, con unos servicios públicos de calidad y un sistema de protección social digno. Con medidas, en fin, orientadas a una reorganización y redistribución del trabajo de cuidados. Y con una educación pública y de calidad, servicio esencial.