Otras miradas

El cáncer no está para esperas

Ana Bernal-Triviño

Una trabajadora sanitaria se prepara para atender a un paciente enfermo de covid, en la UCI del Hospital Clinic de Barcelona. REUTERS/Nacho Doce
Una trabajadora sanitaria se prepara para atender a un paciente enfermo de covid, en la UCI del Hospital Clinic de Barcelona. REUTERS/Nacho Doce

El Día Mundial contra el Cáncer, hoy, es el día de los lacitos y de las declaraciones institucionales a favor de la investigación de la enfermedad. En muchos casos, discursos políticos repletos de palabrejas de lenguaje épico como "lucha", "batalla" o "héroes", pero mucho menos de la responsabilidad política y económica frente al cáncer. Esas declaraciones siempre estarían bien si el compromiso fuese real y continuado, y no puntual o simbólico.

Cuando algunos políticos o técnicos dicen en esta pandemia que "las medidas funcionan, lentamente, pero funcionan" o "tendremos que esperar  quince días para ver los resultados de las nuevas restricciones" pienso si, realmente, saben lo que eso supone para parte de quienes les escuchan. Muchas de esas personas veían (y ven) con temor cómo aumentaba la tercera ola. Porque si el sistema sanitario se vuelve a colapsar, o está al límite, les perjudica de forma directa en sus tratamientos, operaciones o visitas. Cada vez que escucho esas frases, con una incidencia acumulada de 800 casos, me subo por las paredes. Quienes seguimos "visitando" plantas de oncología en esta pandemia sabemos el por qué. Lo que para ellos son "solo" quince días, para muchos de esos enfermos son quince días vitales y fundamentales.

Primero, para las personas que padecen la covid. Segundo, porque muchos contagios serían evitables si tuviéramos como mínimo test y rastreadores, si actuáramos antes de que llegara el virus y no después, poniendo parches. Y tercero, porque cada vez que piden paciencia y tiempo, a las personas enfermas de otras patologías se les agotan las dos cosas.

No es normal que pacientes oncológicos, donde muchas quimioterapias dependen de la respuesta de sus defensas y del sistema inmunológico, acudan con miedo a algunos hospitales. Porque, tras la pandemia, se separaron unidades de atención específicas para la Covid pero ahora, ante la tercera ola, de nuevo hay pacientes oncológicos que tienen que pisar hospitales donde hay pacientes Covid ingresados en algunos casos.

El cáncer no solo está siendo afectado por el virus. Ya lo estaba en un sistema público mermado, a pesar del esfuerzo de su personal. Un sistema donde enfermos y enfermas de cáncer tienen que esperar dos o más horas para la consulta de su oncóloga. Dos horas donde en algunos casos, por la covid, no dejan pasar a los acompañantes. En salas interiores, sin ventanas ni ventilación de ningún tipo. En salas donde la espera se hace en sillas de metal con un respaldo corto. A veces son enfermos que pueden soportarlo. Otras veces, si las quimios les hacen estar más débiles, cuando solo quieren estar en cama, es un despropósito que permanezcan ahí todo ese tiempo. Y ni cuento si son pacientes de cuidados paliativos. La covid es el retraso en los diagnósticos, el retraso en las listas de espera y el empeoramiento de todas esas pequeñas cosas en la sala de espera.

El cáncer no son solo los tratamientos. Son también las revisiones trimestrales o semestrales o anuales, que se retrasan. Son revisiones, como en el caso de mi madre, que no pueden hacerse hasta que le hagan otra operación previa, que sigue en lista de espera… y dicen que tardará casi un año. Cáncer también son el resto de cosas que giran entorno a la enfermedad: la piel irritada, el sabor a metal en la boca, la falta de fuerzas algún día, la operación para ponerte el reservorio, ir al hospital a que te limpien el reservorio, las colonoscopias, las mamografías, las ecografías, los tacs, la poquita asistencia psicológica (si la tienes, con suerte), los pañuelos, la peluca… situaciones en las que se hacen de tripas a tripones, ahora, además, con la carga y el desgaste mental añadido de la pandemia. Y eso si mientras estás enfermo no tienes alguna muerte por Covid de un familiar cercano que, psicológicamente, no ayuda en nada a un proceso así. Se les está pidiendo a las personas enfermas de cáncer una resistencia doble que no deberían afrontar.

El cáncer es también hacer cribados que se paralizaron en muchos hospitales por falta de recursos y la necesidad de reorganizar los espacios de atención. Y, a todo eso, sumemos el miedo a contagiarse. Más de una vez he escuchado frases del tipo "para que me mate el Covid, ya no voy" o "si no hacen ni test de covid a la entrada, cómo voy a saber si es un espacio seguro". La sensación que queda es que esto es un auténtico ‘sálvese quien pueda’.

El cáncer es también que te vea de forma presencial tu doctora o doctor de cabecera. A veces un rostro y una mirada, un cambio de color en el globo ocular… pueden dar muchas pistas. Porque nos tocamos un bulto en el pecho y no podemos explicarlo por teléfono. Porque molesta el abdomen y se necesita que te palpe alguien para saber qué puede ser. Porque necesitas intimidad con tu facultativo para contar determinadas cosas que por teléfono no puedes. El cáncer es también reforzar atención primaria y establecer protocolos anticovid que vayan más allá de "usted no venga a consulta, que se atiende por teléfono". Casi un año ya así. Esta enfermedad necesita de una atención primaria que, ni de lejos, se ha reforzado.

Sonia Sainz-Maza murió de cáncer sin que su médico de cabecera le diera cita presencial. Había perdido mucho peso pero nadie la vio durante el confinamiento. Meses después, tras la desescalada y muy débil, entró en el hospital. Descubrieron el tumor y falleció un mes después.  Lídia Bayona fue el segundo caso. Empezó a sufrir los primeros síntomas en marzo. Le decían que era "gastroenteritis o nervios". Empeoró hasta que le descubrieron un tumor. Fue operada de cáncer ovario y de las vías biliares. Murió nueve días después. Quizás no sea tan casualidad que estos dos primeros casos conocidos fueran en mujeres, cuando el propio sistema médico receta a las mujeres más antidepresivos, como denuncia Carme Valls. Insisto en que, quizás, no sea tan casualidad cuando un estudio (Perspectiva de género en medicina, publicado por la Fundación Dr. Antoni Esteve), demuestra que las mujeres son peor diagnosticadas que los hombres en, al menos, 700 patologías. A mi madre también le decían ya hace años que lo suyo era reflejo de artrosis en las costillas o ansiedad, cuando tenía un tumor en el colon de ocho centímetros.

La Sociedad Española de Oncología calcula que uno de cada cinco casos de cáncer no han sido diagnosticados por el coronavirus. Por eso, hoy, en lugar de los lacitos y las declaraciones institucionales estaría mejor que muchos políticos pensaran en lo que es afrontar un cáncer en plena pandemia. Es la angustia duplicada. La angustia de saber si vivirás o no con tu enfermedad, y la angustia de si el sistema sanitario colapsará por completo y perjudicará todo tu tratamiento. Cuanta más salud pública hagan, más rastreadores y más test, menos pacientes covid, menos operaciones retrasadas y menos diagnósticos tardíos de otras enfermedades. Porque no prevenir, ni en covid ni en cáncer, es una inversión. La salud también es economía, a ver si lo asumen. Y no nos digan que "ya veremos que las medidas funcionan". Porque eso requiere un tiempo que un paciente de cáncer no tiene. Cada día cuenta. No estamos para esperas.