Otras miradas

Frenar otras pandemias: acabar con la mutilación genital femenina

Julia López

Directora de Comunicación e Incidencia de Plan International

La mutilación genital femenina es una de las manifestaciones más extremas de violencia de género, una práctica que vulnera los derechos de millones de niñas, jóvenes y mujeres en países de todo el mundo. Se estima que, a día de hoy, son al menos 200 millones las niñas y mujeres de todo el mundo que han sido sometidas a esta forma de violencia y control.

En el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, solíamos recordar los avances hacia la erradicación de esta práctica, pero este año los esfuerzos se han visto muy afectados por la pandemia. Los confinamientos, el colapso de los servicios sanitarios, el cierre de los colegios y la interrupción de la educación presencial, unida a la ruptura de redes de protección como los espacios comunitarios o los servicios sociales, están teniendo efectos colaterales devastadores en los derechos de las niñas, quienes son doblemente vulnerables: a los impactos económicos y sociales de la pandemia, y a las diferentes formas de violencia de género que han ido en aumentos estos meses.

Si bien no existen datos oficiales, con la reapertura y vuelta a las aulas, muchos trabajadores en terreno de nuestras oficinas y personal docente han podido comprobar que los meses de confinamiento han supuesto una mayor exposición de las niñas a la mutilación genital femenina. Al estar encerradas en sus casas, las chicas no contaban con la protección que les ofrecían antes algunos espacios fuera de sus hogares como, por ejemplo, las escuelas o los centros de salud. Muchas familias han percibido el confinamiento como un momento oportuno para llevar a cabo este procedimiento: en la privacidad de los hogares, con tiempo suficiente para la curación.

Somalia, donde un 98% de las niñas y mujeres han sido sometidas a esta práctica, es uno de los países en los que hemos constatado un aumento preocupante de los casos como consecuencia de la pandemia. Según una encuesta, el 61% de la población considera que la mutilación genital femenina ha aumentado, y un 42% cree que se debe al cierre de las escuelas. Las niñas están siendo mutiladas en reuniones grupales en las que se reúne a más de 20, la mayoría menores de 14 años.

Antes de la crisis de la Covid-19, se calculaba que, hasta el año 2030, 68 millones de niñas estaban en riesgo de ser sometidas a mutilación genital. Sin embargo, la pandemia ha supuesto un incremento de esa cifra: se calcula que 2 millones de niñas más podrán ser mutiladas como consecuencia de los impactos esta crisis. Familias que han perdido sus ingresos y sus medios de vida, que deciden casar a sus hijas para eliminar una carga económica o conseguir algún ingreso, que las mutilan como señal de "pureza" y preparación para esos matrimonios infantiles.

Si el esfuerzo para llegar a acabar con esta práctica en 2030 ya era insuficiente, y los Estados solo habían comprometido un 11% de los fondos requeridos para ello, ahora hemos dado pasos atrás. Los programas de lucha contra la MGF se han parado o cancelado, y los avances podrían reducirse en un 33%. La pandemia ha desatado otras pandemias, haciendo más vulnerables a los más desfavorecidos y más discriminados a los ya excluidos.

Para frenar esta pandemia, sus impactos y consecuencias, es necesario abordar el reto urgente de la vacunación universal. La vacuna solo será efectiva si es universal y equitativa, y llega a los países de menos ingresos, para que las economías se recuperen y no se retrasen, aún más, todos los avances conseguidos en torno a la igualdad de género. Si no lo logramos, estamos poniendo en peligro a toda una generación de niñas que van a quedar aún más expuestas a todas las formas de violencia.

Pero, además, mientras, es fundamental que los gobiernos garanticen los servicios de salud sexual y reproductiva, así como los de prevención y respuesta a las diferentes formas de violencia de género, incluida la mutilación genital femenina, como servicios esenciales, asegurando su accesibilidad durante crisis como ésta, cuando son más necesarios que nunca.

Desde Plan International seguiremos trabajando defensa de los derechos de la infancia y la igualdad, por el derecho de todas y cada una de las niñas a una vida libre de violencia, apoyando su participación y liderazgo para conseguir los cambios. Debemos seguir enfocándonos en desaprender los mitos, cambiar las normas sociales y combatir las ideas erróneas, basadas en la discriminación por género, que son la razón profunda de esta práctica.

Erradicar la mutilación genital femenina de una vez por todas es un trabajo de la sociedad en su conjunto que también pasa por cambiar las actitudes y modificar las relaciones de poder. "Yo creo que se debe erradicar", nos dice Alima, una joven de Mali. "Aunque nadie te escuche, tienes que mantenerte firme y seguir defendiendo tu postura. Una costumbre tan arraigada sólo puede cambiarse siendo perseverante", concluye.