Otras miradas

Y la casa, sin barrer…

Pilar Aguilar Carrasco

Analista y crítica de cine

Constatamos que, en España, nunca como ahora, las mujeres hemos tenido una conciencia tan aguda de la sumisión estructural que padecemos. Nunca, tantas han analizado desde tan diversos ángulos y con tanta precisión y rigor los problemas que nos aquejan. Y, por supuesto, nunca, tantas se han movilizado reclamando soluciones.

Cabe, sin embargo, asombrarse de esta paradoja: ¿qué avances hemos conseguido desde que se promulgaron las leyes contra la violencia machista y por la igualdad, hace 16 y 13 años respectivamente?

En efecto, el último gobierno de Zapatero, no promovió ya mejoras sustanciales para las mujeres y, luego, durante los ocho años siguientes, gobernó la derecha y hubiera sido milagroso e inaudito que la derecha tomara medidas en nuestro favor.

Cierto, en 2014, conseguimos una victoria importante: parar la nefasta ley contra el aborto planeada por Gallardón. Esa victoria impidió un horrendo retroceso, pero no supuso un avance.

En conclusión, nuestra agenda lleva años estancada y paralizada. Así es que esperábamos con gran entusiasmo la llegada al poder de las fuerzas progresistas y de izquierdas.

Esperábamos, para empezar, el aggiornamento de la Ley contra la violencia hacia las mujeres porque, si bien en su día supuso un gran avance, la experiencia acumulada permite mejorarla sustancialmente. También esperábamos la ampliación y el desarrollo de la Ley de Igualdad.

Y, por supuesto, esperábamos iniciativas que paliaran algunos de nuestros más acuciantes problemas.

Estos, por ejemplo:

  • El notorio que la baja natalidad no se debe solo a la libre opción de las mujeres, sino a las trabas, dificultades, hándicaps que padecen quienes sí desean ser madres, pero saben que "serán castigadas" por ello. Temen perder su trabajo o, como poco, perder posibilidades de promoción. Cierto, la ley prohíbe el despido o las "represalias" por embarazo, pero sabemos que es urgente legislar más fino a fin de acabar con las triquiñuelas usadas para justificar una cosa y otra. Y sabemos que hay que mejorar muchísimo las estructuras y ayudas que permitan compaginar la crianza con una vida, no solo de trabajo, sino también de enriquecimiento personal y de ocio.
  • ¿Qué decir de los dos millones y medio de mujeres con diversos grados de discapacidad? Todos los estudios señalan que están muy desprotegidas y padecen más violencia y abusos, y que, los escasos puestos de trabajo que se ofrecen para las personas con problemas similares, son atribuidos, en prioridad, a los varones.
  • Es de sobra sabido que el cuidado de niños, ancianos, enfermos y dependientes recae sobre las mujeres. Estas cuidadoras soportan una carga tal de trabajo físico y de estrés psicológico que, en porcentaje más alto que el resto de la población, recurren al suicidio.
  • Es igualmente necesario investigar las enfermedades específicamente femeninas. Reconocer que algunas, en determinados grados de desarrollo, son invalidantes. Impartir formación ad hoc en las facultades de medicina, dotar a las comunidades y provincias de servicios de atención adecuados (en España, padecen endometriosis cuatro millones y medio de mujeres que tardan una media de 8 años en ser diagnosticadas).
  • Es urgente afrontar la pobreza que aqueja particularmente a los hogares monoparentales, encabezados en un 81,9% por mujeres.
  • Es inadmisible que sigan sin implantarse de forma obligatoria enseñanzas y protocolos que trabajen la igualdad y la educación afectivo-sexual en los programas escolares.
  • Espeluzna saber que más de 3000 niñas de nuestro país está en peligro de sufrir mutilación genital.
  • Indigna que los trabajos que tradicionalmente desempañan las mujeres estén peor pagados y reconocidos. Indigna y mucho porque, además, con frecuencia son trabajos muy duros.
  • Es inconcebible que no se actúe de manera contundente contra el comercio de bebés y la explotación de mujeres, basados en la consideración de que los cuerpos de estas son simplemente "vientres de alquiler".
  • Es inaceptable que la barbarie de la prostitución siga viento en popa. Y, si bien el objetivo feminista es el de su completa erradicación, nos horroriza y subleva comprobar que ni siquiera se legisla de manera efectiva contra la trata.

Y así podríamos seguir… pero no pretendemos hacer aquí una enumeración exhaustiva de las injusticias, desigualdades y sumisiones que sufren las mujeres. Sí constatamos que, frente a problemas tan graves, tenemos el Ministerio probablemente peor dotado de fondos y de personal. Ministerio compartido, además, con colectivos que poco tienen que ver con nosotras. Ministerio que, en vez de estar promoviendo todo tipo de medidas, incitando y colaborando activamente con otros (Educación, Sanidad, Justicia, Trabajo, Derechos Sociales, etc.) para afrontar atropellos e iniquidades como las enumeradas, se muestra totalmente ciego y sordo y, en el año que lleva constituido, ha focalizado sus energías en defender los deseos de un grupo minoritario de personas, sin considerar ni siquiera las repercusiones negativas sobre la lucha, las reivindicaciones, la seguridad, el bienestar, la agenda de las mujeres.

Así, por ejemplo, nos gustaría saber: mientras se gestaba la nueva Ley de Educación ¿"nuestro" Ministerio ha trabajado, insistido, negociado para que la ley incluyera una coeducación digna de ese nombre en los currículos escolares? ¿o solo le interesa promover los cursos -cúlmenes de sexismo- impartidos por Chrysallis?

¿Por qué, como ya dije, "nuestro" Ministerio no está pactando intensamente con Sanidad, Trabajo, Interior, Justicia y etc. leyes y medidas que mejoren la realidad de los colectivos de mujeres citados anteriormente?

¿De verdad podemos seguir creyendo que este Ministerio es realmente "nuestro Ministerio"?