Otras miradas

DEP contenedor

Los bomberos tratan de apagar las llamas en un contenedor incendiado durante las manifestaciones en Madrid en protesta por la entrada en prisión del rapero Hasél.. REUTERS/Susana Vera
Los bomberos tratan de apagar las llamas en un contenedor incendiado durante las manifestaciones en Madrid en protesta por la entrada en prisión del rapero Hasél.. REUTERS/Susana Vera

"Al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime" Bertolt Brecht

Aún recuerdo el dolor de las porras en mis costados. Pero lo que mejor recuerdo, nítidamente, es cómo apaleaban a mi padre. Han pasado años ya de esa carga policial en Cibeles en esa huelga del 14 de noviembre de 2012 en pleno 15M. Ejerciendo nuestro derecho protestábamos contra el "recorte de derechos fundamentales", el "deterioro de pensiones, de sanidad y de educación" y el "intento de aislar al medio rural" bajo el mandato M. Rajoy. De pronto, la policía decidió cargar de manera completamente desproporcionada e inesperada contra todos los que nos manifestábamos de manera pacífica. Años después y tras varias denuncias interpuestas, no pudimos demostrar la identidad de quienes nos agredieron, ya que no podíamos ver su cara bajo sus cascos ni mucho menos la placa inexistente.

Fueron años de mucha represión. Cada una de nuestras protestas pacíficas eran disueltas con represión. A día de hoy, diez años después, seguimos asistiendo a las mismas violencias de entonces. Cada vez que existe violencia policial, volvemos a revivir cada uno de esos golpes; pero como diría Pamela Palenciano "no solo duelen los golpes", lo que más duele es la impunidad con la que cometen estos actos violentos contra la sociedad civil organizada.

Un país con calidad democrática debería ser un país en el que se fomentara la libertad de expresión y la manifestación, derechos reconocidos en nuestra carta magna. Una sociedad democrática jamás debería encarcelar a un rapero (por muy en contra que se esté de sus letras), mientras da vía libre a mítines que proclaman a los cuatro vientos delitos de odio. Una sociedad con calidad democrática debería fomentar unos medios de comunicación que no blanquearan el fascismo y que no dieran voz desde el minuto uno a los de VOX, como si se tratara de un interlocutor válido.

Me preocupa, me entristece y me duele, como los palos de ayer, que una chica joven pierda un ojo por un impacto de bala de foam de los Mossos d’ Esquadra, pero ningún medio televisivo abra con ello y prefiera dedicarle segundos a un par de contenedores ardiendo, con tal de conseguir audiencia y criminalizar la protesta.

Mientras la niña nazi aparece en muchos medios de comunicación y acapara la atención de los buitres mediáticos, de la chica de 19 años que perdió el ojo, no sabemos ni su nombre. La primera lanzaba discursos antisemitas y completamente ofensivos para una democracia, mientras la segunda protestaba por el encarcelamiento de un inocente. En el fondo no hemos cambiado socialmente tanto desde nuestra época dictatorial, solo que ahora somos más mainstream, más 2.0, más influencers.

Ahora que el debate televisivo gira en torno a la supuesta violencia hacia mobiliario urbano, lo cierto es que la autodefensa ha sido siempre una legítima herramienta para frenar la violencia institucional. Desde la resistencia de los esclavos hasta las clases de jiu-jitsu que tomaron las sufragistas, pasando el levantamiento del ghetto de Varsovia, los Panteras Negras o las patrullas queer y el Frente de Liberación Gay  son ejemplos de resistencia y autodefensa ante la violencia del bando opresor.

Emmeline Pankhurst  se cansó de luchar con la palabra y pasó a la acción. "Deeds, not words" (Hechos, no palabras) fue el lema con el que se autodefinió y el resto de sus seguidoras, las sufragistas, suffragettes. Las sufragistas defendían y practicaban tácticas como el sabotaje, el incendio de comercios y establecimientos públicos o los ataques a los domicilios privados de destacados miembros del Gobierno y del Parlamento. Rompieron mostradores de tiendas, almacenes y se enfrentaron a los cuerpos de seguridad.

Las primeras manifestaciones de la Women's Social and Political Union, grupo feminista sufragista creado por Emmeline eran pacíficas, pero siempre reprimidas por la policía.

"Con frecuencia quedábamos dolorosamente heridas y magulladas. La condición de nuestro sexo es tan deplorable que es nuestro deber violar la ley con el fin de llamar la atención sobre los motivos por lo que lo hacemos", declaró con orgullo Emmeline, para quien el argumento de los cristales rotos era "el más valioso de la política moderna".

Tras años de lucha y de represión, cárcel, torturas y la muerte de Emily Wilding Davidson, que se arrojó sobre el caballo de Jorge V bajo el slogan "una gran tragedia evitaría muchas otras", se consiguió el voto femenino en Inglaterra.

Mientras, en nuestro país se luchaba por la jornada laboral de ocho horas y se consiguió con una huelga de cuarenta y cuatro jornadas que paralizó Barcelona y demostró la inmensa capacidad obrera, mediante la acción de la CNT. Se la conoció como Huelga de La Canadiense e  incluyó huelgas, boicots e insumisión civil, la explosión de una bomba y cuatro asesinatos.

Es preciso conocer nuestra historia y agradecer a quienes antes conquistaron los derechos de los que ahora disfrutamos y al mismo tiempo, seguir peleando por los que estamos perdiendo. Solo así conseguiremos esa normalidad democrática de la que tanto se habla estos días.