Otras miradas

Nos borran, nos repintamos

Anita Botwin

Mural feminista de Ciudad Lineal que ha amanecido EL 8M completamente vandalizado, tachando los rostros de las mujeres que han hecho historia. E.P./Alberto Ortega / Europa Press
Mural feminista de Ciudad Lineal que ha amanecido EL 8M completamente vandalizado, tachando los rostros de las mujeres que han hecho historia. E.P./Alberto Ortega / Europa Press

"Nos quisieron enterrar. No sabían que éramos semillas"

El 8M amanecía con el mural de Ciudad Lineal dedicado a destacadas figuras de mujeres, completamente borrado. Macarena Olona había mandado a sus secuaces a emborronar este mural realizado por el colectivo Unlogic Crew. "Frente a su sectarismo, está nuestra brocha", decía el tuit de la señora fascista Olona. Ella señaló, otros ejecutaron.

Comenzaba así una jornada ya atacada previamente por delegación del Gobierno y las garras de la extrema derecha presionando detrás. Estos son los tiempos que nos ha tocado vivir a las feministas. Quién podría imaginar que en un momento de cambio y de conquista en pro de la igualdad, iba a tener este tipo de resistencias o contra revoluciones. Quién en su sano juicio podría pensar que algo que es de sentido común, pudiera molestar tanto a unos cuantos nostálgicos.

Con esta patética prohibición por parte del Gobierno más progresista de la historia, una vez más, las mujeres quedamos relegadas a un segundo plano en este borrado que planean contra nosotras. Como cuando esperábamos en el patio del colegio para que algún niño nos escogiera para jugar al fútbol en su equipo o como cuando esperábamos en las gradas para ver cómo jugaban los chicos, mientras a nosotras nadie nos dejaba participar.

El mismo 8M, Irene Montero, ministra de Igualdad, era vetada en un Instituto, alegando el Gobierno de Ayuso primero motivos sanitarios, y después razones ideológicas. Este Gobierno hablaba de adoctrinamiento por parte de la ministra. Mientras, Ortega Smith iba al Ramiro de Maeztu a hablar de cosas nazis, que debe ser que ese tipo de adoctrinamiento le pone más a Ayuso y cia. Si bien es cierto y como cuenta mi compañero David Torres, que Ortega Smith necesita con urgencia volver al instituto, porque le está haciendo mucha falta.

La prohibición a que saliéramos a la calle el 8M responde también a ese borrado y a esa intención de dejarnos sentadas en el banquillo, mientras los demás calientan y salen a jugar. La asamblea 8M había estado trabajando y organizando durante meses la panificación de las manifestaciones. Todas ellas contaban con aforos limitados, distancia de seguridad y medidas sanitarias. Sin embargo, el feminismo les resultó peligroso, mucho más que todos esos metros, bares, centros comerciales abarrotados y franceses haciendo la conga. Tan solo unas horas antes, los aficionados del Atlético de Madrid se agolpaban esperando a su equipo de fútbol en el Wanda Metropolitano. El feminismo se contagia, eso es un hecho, lo hemos visto en las redes de apoyo vecinales de estos últimos meses, que han hecho frente tanto a las colas del hambre como a los desastres de filomena ante el desgobierno de Ayuso. El feminismo tiene la cura del machismo, a pesar de que algunos sigan mirando hacia Atapuerca.

Por todo ello, nosotras debemos estar más unidas que nunca. A pesar de nuestros debates y puntos de desencuentro más que obvios, nuestra responsabilidad individual y colectiva nos pide cerrar filas y unirnos frente a los ataques de la extrema derecha y el machismo rancio patrio. Y no exagero si digo que nos va la vida en ello, que muchas compañeras viven encerradas con sus parejas sentimentales sufriendo cada día maltrato, algo que se ha intensificado aún más con la pandemia. Estamos escandalizadas a golpe de tuit, de última hora, del qué habrá dicho fulanita o menganita, del follow, del unfollow, del bloqueo. Por suerte, hay vida más allá del ruido de las redes, como pudimos ver el 8M.

Ante el borrado de estos últimos tiempos, nosotras lo teñimos todo de morado. No me cansaré de agradecer a todas esas mujeres valientes que, a pesar de las prohibiciones, decidieron poner el cuerpo y acuerparse con otras compañeras. A pesar de la policía, de los insultos voxeros y los borrados medievales, las feministas nos repintamos. Vestimos de morado nuestros balcones, pañuelos y hasta las mascarillas. Lo que haga falta.

Y en las redes, también ponemos color frente a la intolerancia y el machismo. Con la iniciativa #MírameAlacara, surgida de una propuesta de la escritora Cristina Fallarás, se difundió a través de Twitter mensajes con las fotografías de las mujeres del mural para reaccionar ante el borrado. En tan solo unas horas la iniciativa se volvió viral, hasta el punto de convertirse en TrendingTopic.

En este partido que estamos jugando, nosotras también tenemos derecho a marcar gol, y tenemos grandes centrocampistas y delanteras que tiran a puerta cada día. A pesar de tener a parte de la afición en contra y al árbitro comprado, seguimos peleando y jugando a la contra, porque aun queda mucho partido por delante.