Otras miradas

Hostias, escaños y futuro. Retrato de una generación

Luis Giménez

San MiguelPeriodista

Luis Giménez San Miguel
Periodista

Miles de jóvenes salieron a manifestarse en España contra el Plan Bolonia antes del comienzo de la crisis. Algunos, apenas llegados a la facultad, aprendieron a correr delante de la policía y a sortear hostias, siendo por entonces Ángel Gabilondo el Ministro de Educación contra el que protestaban, antes presidente de la Conferencia de Rectores, responsable, por ello, tanto de la gestación como de la aplicación de ese mal denominado Plan Bolonia, y hoy flamante número uno del PSOE en Madrid y que comparte hemiciclo con varios de esos jóvenes. Difícil olvidar sobre todo las hostias que se llevaron los estudiantes de Barcelona, desalojados por la fuerza de su encierro por los Mossos, entonces bajo las órdenes de Saura, Conseller d’Interior de Iniciativa per Catalunya-Verds, y que hoy forma parte de Barcelona En Comú que ha aupado a Colau a la alcaldía de Barcelona. Será esto una de esas contradicciones de la política.

Saltamos al 7 de abril de 2011, casi dos años después. La crisis había estallado y ni siquiera Zapatero podía ya negar sus efectos. La tasa de paro juvenil se había elevado hasta el 43%, todavía diez puntos menos de la que se alcanzaría poco después. El colectivo Juventud Sin Futuro convocaba una manifestación bajo el lema 'Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo' que sorprendió incluso a los propios organizadores por su éxito. Se abría así un nuevo ciclo de movilización contra las políticas de austeridad que, una vez superadas las primeras dudas y bajo una enorme presión europea, estaba aplicando el  PSOE. En aquella manifestación, ¿cómo no?, volvió a haber hostias. "Trabajar más y cobrar menos, eso es lo que quieren para nosotros", proclamaba el portavoz Eduardo Fernández, micrófono en mano y subido en un camión, parafraseando las declaraciones del entonces presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán. Cinco años después, el expresidente  de la patronal está en la cárcel y Eduardo promete como diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid.

Sólo había trascurrido un mes de aquella manifestación, cuando estos jóvenes, también Eduardo, encabezaron otra  marcha multitudinaria que terminó con la ocupación de Sol.  Aquel día era 15 de mayo. Nació el  15-M, uno de los fenómenos políticos más importantes de la reciente historia de España. Otra vez, el lema 'Sin miedo' y los toscamente construidos libros de cartón recorrían la plaza reivindicando el saber como arma política. Y, otra vez, no faltaron las hostias al final de la protesta, no faltaron jóvenes por los suelos. Unos días después, con Sol a rebosar, ellos mismos colgaron una pancarta enorme: "Abajo el Régimen. Que viva la lucha del pueblo sin miedo". "¡Qué osados!", dijeron muchos. Nadie había utilizado esa terminología hasta entonces. Poco tiempo después, "régimen", y el nuevo eje que ordenaba el campo frente a él, "el pueblo", estaban ya en el vocabulario de muchos de los hasta entonces incrédulos. Y es que el lenguaje, a veces, también crea la realidad.

Vinieron años de manifestaciones, de carreras y de un miedo sin miedo que dejaba una sensación amarga en la boca después de cada movilización. Fueron años de detenciones, de huelgas generales, de desahucios, de escraches, de libros, de charlas, de debates y de muchas, muchas hostias. Pero entonces la calle no importaba. Rajoy no temía por su mayoría en el Congreso ni parecían preocuparle las consecuencias de sus políticas de austeridad. Soraya, incombustible, anunciaba cada viernes su reforma laboral, sus recortes en Sanidad, Educación o pensiones, todas esas medidas bendecidas por la Troika que habrían de sacarnos del infierno de la crisis.

Entonces, apareció "el Coletas" y nos enredó a muchos. El "sí se puede", tantas veces coreado mientras se corría o se paraba un desahucio, se convirtió en "Podemos". La experiencia de los años de resistencia, el aprendizaje de las redes sociales y de nuevas formas de comunicación política sirvieron a Podemos para llevar cinco diputados al Parlamento Europeo. Cuando este último martes Iglesias denunciaba en Estrasburgo que "la precariedad en España tiene el rostro de mujer" no hizo más que llevar al corazón de Europa, por esclerótico que sea ahora, las mismas palabras que los jóvenes activistas habían ya gritado en las calles antes.

Unos meses después, ahora, de la mano de Podemos, esta herramienta política a la que se acusa de "no ser de izquierdas ni de derechas", seis activistas de Juventud Sin Futuro han jurado su cargo en la Asamblea de Madrid y otra más lo hará próximamente en el Ayuntamiento. Titulaba La Vanguardia: "La rasta se hace diputada".

Tras haber asumido el cargo, el mismo Eduardo Fernández comentaba en la Sexta: "Me resulta curioso sentarme con Cifuentes porque en más de una ocasión hemos tenido que salir huyendo de las cargas que organizaba. Algunos de los que corríamos y esquivábamos pelotas de goma estamos ahora con ella en la Asamblea de Madrid. Le sentará mal, pero así es la democracia". Democracia, sí, que no falte, pero las hostias nunca faltarán, aunque ahora no las dé la Policía y vengan en forma de titular: se trata de acostumbrarse. Lo que esta generación aprendió y tendrán que seguir aprendiendo las siguientes es que no son las hostias, es el miedo lo que paraliza, ahora, en el pasado y en el futuro.

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PD: Las hostias nunca paran. Sin ir más lejos, apenas unas horas después de haber enviado este artículo agentes antidisturbios desalojaban el Patio Maravillas por orden del Ayuntamiento de Madrid. Las paredes de este centro social situado en el madrileño barrio de Malasaña han sido testigo, y protagonista, de la historia narrada en este artículo. Allí se reunían esos estudiantes anti-Bolonia y allí se celebraron las principales reuniones de Juventud Sin Futuro y fue centro de operaciones quincemayista. Ahora, dos días antes de que Ahora Madrid ocupe el gobierno municipal, el PP decide morir matando y enviar a la Policía a dar las últimas hostias y desalojar este espacio protagonista del cambio que vive Madrid. Pero hoy, delante del cordón policial había diputados y concejales que han crecido entre esas paredes.