Otras miradas

Desvelar el pasado, honrar a los muertos, decir República

Toma de posesión de Victoria Kent como Directora General de Prisiones, junto Fernando de los Ríos, que pronuncia el discurso.- Fox Movietone

Pasó en 2009, en Priego de Córdoba. Estaban haciendo obras en la casa de Francisco Adame, que había sido alcalde del pueblo durante la República y, entre los escombros, apareció una bandera republicana. Envuelta en esa bandera, como una muñeca rusa, había una lata redonda con los colores de la República. Y dentro de la lata, una película: se titulaba El amanecer de una nueva era, duraba 21 minutos y 30 segundos y recogía algunos de los momentos más importantes de los primeros meses de la República. Las imágenes, y los sonidos, los había grabado Fox Movietone, el primer noticiario sonoro que existió. "Noticiario Fox Movietone dedicado al Gobierno provisional de la República", junio de 1931, decía en la lata, sobre un fondo tricolor.

Se sabía que aquella cinta existía, pero no dónde estaba. Su dueño, Niceto Alcalá Zamora, presidente de la Segunda República, sabía que, tras el golpe de Estado del 36, no podía guardar esa cinta en su casa, y pidió a su amigo Adame que la escondiera. Tras 1936, la mera posesión de aquella cinta era un acto subversivo. De hecho, la casa de Adame también fue saqueada varias veces, pero nunca encontraron la cinta. Hasta 2009, y el derrumbe de la casa, y esa bandera que aparece en una especie de alacena tabicada en la tercera planta de la vivienda. Nadie, ni el propio hijo de Adame, sabía que estaba allí.  

Pienso en esa cinta hoy. Vuelvo a ver esas imágenes y a escuchar esos sonidos: la Puerta del Sol aquel 14 de abril del 31, la algarabía de voces en la plaza, los discursos entre emocionados e incrédulos desde el balcón. Y pienso en lo que costó que yo esté viendo, hoy, esa cinta: 78 años escondida en diferentes lugares, saqueos varios, un derrumbe que podría haber acabado con ella. Es como si Alcalá Zamora y su amigo Francisco Adame hubieran guardado esa cinta para nosotras, gentes del futuro. Pienso que algo que es tan peligroso se destruye a menos que uno tenga la certeza -o al menos la esperanza- de que llegarán tiempos mejores: tiempos en los que esas imágenes se puedan ver, oír, y entender.

De esos 21 minutos y 30 segundos de celuloide perfectamente conservado, me emociona sobre todo un fragmento: la toma de posesión de Victoria Kent como Directora General de Prisiones; el discurso de Fernando de los Ríos, el abrazo honesto y emocionado de ambos cuando uno termina de hablar y la otra empieza. "Una gran victoria del feminismo en España": así rotula Fox Movietone esa noticia.

Y pienso que Victoria Kent también quiso dejar un mensaje para nosotras, hoy. Una de las primeras cosas que hizo al tomar posesión de su cargo fue prohibir el uso de cadenas y grilletes en las prisiones; después, hizo fundir el hierro de aquellas cadenas, de aquellos grilletes, y mandó construir un monumento a Concepción Arenal. Era un homenaje a la que fue su gran modelo en materia de reforma penitenciaria, pero era, también, un mensaje hacia otros tiempos: un mensaje de que el futuro está hecho con pedazos del pasado.

Hoy, que se cumplen 90 años de la proclamación de la Segunda República, pienso en esos dos objetos: el monumento hecho con el hierro fundido de la opresión, la cinta respirando durante 78 años bajo una bandera tricolor. Pienso en esos objetos ahí, esperando a que llegaran tiempos en que pudieran desvelarse, en los que pudieran hacerse "legibles", como diría Walter Benjamin: tiempos en los que el pasado se vuelve parte del presente y recupera todo el potencial revolucionario encerrado en el "érase una vez" en el que quiere encerrarlos la historia.

Hoy, que se cumplen 90 años de aquel "amanecer de una nueva era", pienso en lo rápido que llegó la noche. Y me pregunto cuántos otros mensajes del pasado seguirán ocultos esperando a que lleguen tiempos mejores, tiempos en los que su mera presencia no sea peligrosa. Sé de al menos 114.226 mensajes más, allí, aquí, en cunetas, en descampados, en tapias de cementerios, esperando a ser desvelados. Y se me nubla la vista al pensar que quizá yo no pertenezca a la sociedad, el mío no sea el Estado que esté preparado para ver esa tierra horadada, con todos esos cuerpos del pasado, por fin, siendo parte del presente. Que quizá, en realidad, la mía sea una sociedad, un Estado, que, en lugar de recibir los mensajes del pasado -y abrirlos, y desvelarlos, y hacerlos "legibles"- trate de ignorarlos hasta hacerlos desaparecer: como ocurrió hace pocos años en Madrid con la estatua de Clara Campoamor, que algunos robaron para fundirla y vender el bronce al peso. O como ocurrió hace muy pocos días, en el Congreso, cuando una reina que continúa una estirpe elegida por Franco, una reina a la que no hemos votado, presidió un acto en honor a Campoamor, el símbolo del sufragio femenino.

Pienso todo esto hoy, 90 años después de aquel 14 de abril de 1931, y decido que hoy tampoco voy a dejarme vencer por quienes funden y olvidan: que, como todos los años, voy a sacar la bandera tricolor al balcón, y a decir, por aquellos que no pudieron hacerlo en el pasado, viva la República. Porque "ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence. Y ese enemigo no ha dejado de vencer". (Walter Benjamin)