Otras miradas

La praxis en el socialismo contemporáneo

Mario López Areu

Militante del PSOE

Mario López Areu
Militante del PSOE

En mayo de 1972 Alfonso Guerra publicó un artículo en El Socialista, el órgano de expresión oficial del PSOE, titulado Los enfoques de la praxis. En él, Guerra denunciaba las diferencias fundamentales de enfoque entre la Ejecutiva del partido, liderada por Rodolfo Llopis desde el exilio, enrocada en debates abstractos y anticuados sobre el futuro del socialismo en España y los renovadores en el interior, entre ellos Felipe González y el mismo Guerra, sumergidos en la lucha activa contra el franquismo en la clandestinidad.

Los enfoques de la praxis articuló de manera clara y concisa el deseo latente en la militancia de base socialista por un cambio radical en el funcionamiento del PSOE. Ese mismo año tuvo lugar el XII Congreso del partido en Toulouse y dos años más tarde el histórico decimotercero en Suresnes, donde ya los militantes del interior, con Felipe González como Secretario General, completaron el giro renovador del partido.

La renovación política e ideológica que comenzó en 1972 supuso un cambio sísmico para el PSOE. Ya no se conformaba con ser un partido más dentro de la sopa de letras que era la izquierda española de entonces, sino que luchó para convertirse en el partido de referencia de la misma. Esa renovación profunda equipó al PSOE con las armas necesarias para poder ganarse la confianza ciudadana en las elecciones generales de 1982.

Este año se celebra el trigésimo aniversario de esa histórica victoria electoral y el PSOE lo celebró el pasado fin de semana con un acto conmemorativo. No hay nada que criticar a ese acto, porque es bueno pausar, poner en perspectiva y reflexionar sobre los grandes avances conseguidos en España bajo los gobiernos socialistas. Pero también es cierto que dichos logros no fueron el comienzo, sino el resultado de un trabajo llevado a cabo diez años antes cuando el PSOE, a través de sus militantes, tomó la decisión de renovarse internamente tanto en ideas como en organización.

Hoy, cuarenta años después de esa primera renovación, el PSOE necesita de manera urgente una transformación interna tan radical como lo fue aquella. Esto no implica una denuncia de liderazgos específicos, va más allá. El PSOE necesita "luchar contra ciertas estructuras de su propia organización que amenazan con la esterilización de sus acciones" como reflexionaba Guerra en su artículo.

Los socialistas españoles puede que perdiéramos las elecciones de 2011 por culpa de la crisis, pero eso no es lo preocupante. Lo realmente preocupante es que el PSOE no tiene un programa de futuro, una visión de lo que significa ser socialista en el siglo XXI post-crisis. El partido está yermo de nuevas ideas. Al mismo tiempo, la organización está atrofiada, anquilosada en modelos de participación que ya no son los adecuados para dar respuesta a las demandas de la sociedad actual.

El PSOE, como partido de referencia de la izquierda española, no puede aspirar a ganar unas elecciones generales por la inercia del desgaste del gobierno de turno, como es el caso de la derecha. Como bien decían los compañeros de Bases en Red recientemente, el PSOE no puede querer demostrar simplemente ser un buen gestor de la realidad social y económica actual, sino que tiene que aspirar a "la transformación de la realidad a favor de una sociedad más justa y equilibrada".

El PSOE como partido progresista y reformista lleva demasiado tiempo ya anclado en las mismas ideas y en las mismas estructuras de organización y participación interna. El resultado ha sido la incapacidad del partido para prever y dar respuesta en los últimos años a problemas tan graves como el de los desahucios en lo social o el de la estructuración del Estado en lo político.

El PSOE, hoy, se ha convertido en un partido conservador, busca conservar derechos a través de la resistencia contra los recortes, no busca ser proactivo en la transformación de una sociedad donde esos derechos se puedan no sólo mantener sino expandir.

Hace cuarenta años, el PSOE llevó a cabo una transformación interna que le permitió dejar atrás los traumas de la Guerra Civil y el exilio y renovarse para volver a ser relevante y poder dar respuesta a las aspiraciones de la sociedad en los últimos días del Franquismo y durante la Transición hasta llegar al gobierno en 1982. Esa transformación permitió al PSOE gobernar España veinte de los últimos treinta años. Ha llegado el momento de desempolvar el espíritu de ese artículo de Alfonso Guerra en mayo de 1972 y, sin miedo, recuperar el ethos reformista del PSOE para hacerlo un partido relevante para los próximos cuarenta años.