Otras miradas

Otro 5 de mayo: una lección para hoy

Rosa Toran

Historiadora. Amical de Mauthausen y otros campos

Francisco Ortiz, el 5 de mayo de 1945, tras la liberación de Mauthausen. CORTESÍA DE JUAN FRANCISCO ORTIZ
Francisco Ortiz, el 5 de mayo de 1945, tras la liberación de Mauthausen. CORTESÍA DE JUAN FRANCISCO ORTIZ

Por segundo año consecutivo las restricciones aparejadas a la COVID han impedido la participación masiva en los actos de conmemoración de la liberación de los distintos campos de concentración nazis en Alemania y en Austria. Sin embargo, nuestro recuerdo y homenaje se sucederá en distintos escenarios de la geografía española, en la fecha de este cinco de mayo, declarado Día de Homenaje a los españoles deportados y fallecidos en Mauthausen y en otros campos y a todas las víctimas del nazismo de España por el gobierno de España, el 26 de abril de 2019.

Desde distintos medios y en diversas ocasiones, dicha fecha, coincidente con la liberación de Mauthausen, cuyo campo se ha erigido en símbolo de la deportación de los republicanos antifascistas, ha servido para rememorar el trágico itinerario de casi diez mil hombres y mujeres conducidos a la muerte y a la esclavitud por la defensa del régimen legítimo de la II República y por los valores en ella encarnados.

Sin embargo, poco se ha hablado de los avatares sufridos desde su forzado exilio en los primeros meses de 1939, y del destino de los que consiguieron sobrevivir al horror de aquel universo concentracionario, concebido por aquellos que se abrogaban el derecho de decidir sobre la vida o a muerte de sus semejantes.

Empujados a un exilio forzoso por la cruel represión diseñada por los vencedores gracias a las armas propias, italianas y alemanas, hacia los que defendieron la legalidad republicana, el frio, el hambre y las enfermedades esperaban a los republicanos en los llamados "campos de arena" de las playas rosellonesas. Unas frases emanadas de la prensa derechista francesa: "La invasión de esta chusma extranjera provoca millones de pérdidas", "Francia no es un vertedero", o "Las heces de la anarquía mundial no tienen lugar en Francia", son harto significativas de la deshumanización a la que fueron sometidos por parte del país vecino que se enorgullecía de su "Libertad, Igualdad, Fraternidad".

Sin embargo, fueron aquellos "indeseables", aquella "escoria roja" los que tomaron las armas en defensa del país que les había sometido a tan execrable trato, desde Dunquerque a Les Vosges, y los que cayeron prisioneros de los alemanes en el mes de junio de 1940, puntos y lugares de partida hacia la ignominia y la muerte, gracias a la ya tan conocida aquiescencia de Franco y a la inhibición de Pétain. Y no sólo fueron estos hombres los que acabaron poblando el universo concentracionario de Mauthausen, sino que sus convicciones antifascistas condujeron a muchos más hombres y mujeres a otros campos del Reich, por su condición de luchadores en la Resistencia contra el ocupante nazi.

De todos ellos lograron sobrevivir poco más de 3.000 y de nuevo Francia fue la tierra que pisaron en las semanas posteriores a su liberación; una Francia trasmutada, entonces, en país de acogida, que les resarció del trato recibido en aquel 1939. Pero el reconocimiento de su contribución a la liberación del país no conllevó placidez ni integración plena, con el agravante de constatar el desinterés de los vencedores en la contienda mundial en derrocar al único dictador, junto con Portugal, que quedaba en pie después de la derrota de Mussolini y de Hitler. Pronto se diluyeron las condenas de la ONU al régimen fascista español, más teóricas que efectivas, y para los exiliados republicanos el sueño de una España con libertad y república se esfumó y los abocó a tomas de decisiones trascendentales para su futuro, desde la emigración a América, la permanencia en Francia o la vuelta a su patria. En ninguno de los casos, la opción no descartó dificultades de todo tipo, laborales, afectivas y discriminatorias, además de las secuelas físicas y psíquicas de los largos años de cautiverio en los campos nazis; y especialmente dura fue la realidad para los pocos centenares que optaron por el regreso a España. Una dictadura que no cejó en castigar a los vencidos, en proseguir la guerra contra todo vestigio republicano o contra cualquier forma de oposición, fue el marco político y social en que tuvieron que desarrollar sus vidas, en la clandestinidad o bajo el amparo familiar o amistoso, sin ni siquiera poderse resarcir de los daños a que fueron sometidos.

Estas frases de recordatorio sobre hombres y mujeres, deshumanizados en Francia, en los campos nazis y en España, abren reflexiones sobre discursos que proliferan hoy en nuestros medios de comunicación, en discursos políticos y en conversaciones corrientes. Discursos al uso que, a modo de ejemplo, dan el calificativo de "MENA" a jóvenes que han llegado a nuestras tierras en busca de protección y amparo, y a los que se atribuyen acciones o beneficios sin ningún tipo de rigor y, lo que es más indigno, sin ahondar en las causas de su dura realidad y de sus itinerarios previos. ¿Quién no ha sido migrante en nuestro país? ¿Por qué no retrocedemos en el tiempo, aunque sea tarea banal para muchos, inmersos en el presentismo, y explicamos los beneficios obtenidos por el rico occidente de los países de los cuales proceden los jóvenes, llamados MENA? ¿Por qué las fronteras discriminan según las rentas de quienes las cruzan?

En épocas de crisis e incertidumbres, los discursos banales que rozan los bien elaborados por el fascismo histórico, devienen medios eficaces para reclutar adeptos a ideologías que denigran la Democracia y que anteponen la emoción a la razón, el falseamiento de datos al contraste científico, la manipulación histórica al conocimiento factual, con sus causas y consecuencias.

Regresar a Mauthausen y a otros campos del universo concentracionario nazi no es sólo un acto de confrontación con el pasado, es un acto de memoria reflexiva que traspasa épocas y escenarios para ofrecer lecciones para nuestro presente, amenazado por turbulencias inquietantes que remiten a pasados ignominiosos. Me permito terminar con unas frases actuales escritas por un joven activista que en sus años de adolescencia viajó a Mauthausen para participar en los actos conmemorativos de la liberación: "La memoria es uno de los mejores instrumentos que tenemos hoy para luchar contra el fascismo. Una memoria que nace del sufrimiento inalcanzable de millones de personas y familias, y que no existía cien años atrás. Cuidémosla como lo que es: una memoria increíblemente poderosa".