Otras miradas

Más de 50 años de blanqueo del franquismo

Manuel Monge

Promotor y presidente de la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña (2007-2011). Autor de 'Una monarquía corrupta y heredera del franquismo'

Manifestación estatal por la Memoria Histórica con el lema "Basta de impunidad franquista. / Paco Campos (EFE)
Manifestación estatal por la Memoria Histórica con el lema "Basta de impunidad franquista. / Paco Campos (EFE)

Después de las amenazas de muerte a políticos y declaraciones y carteles de propaganda con un contenido claramente fascista, se está hablando mucho de la normalización, encubrimiento y blanqueo del franquismo o fascismo, como si fuese un tema de los últimos años, cuando la realidad es que llevamos más de 50 años asistiendo, con total impunidad, a un blanqueo continuado del franquismo, que pasa desapercibido porque se considera que entra dentro de la normalidad. Blanqueo en el que tiene una principal responsabilidad la derecha y extrema derecha, pero también algunas de las llamadas fuerzas progresistas.

Un grupo de profesores e historiadores publicaban en 2015 un libro, coordinado por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, que titulaban 40 años con Franco, coincidiendo con el aniversario de la muerte del dictador. El mensaje de ese libro era claro: todavía quedan muchos restos del franquismo, incrustados en la sociedad, que explican la actuación de los sucesivos gobiernos, posicionamientos políticos de la derecha y de la izquierda y muchas actuaciones judiciales.

Para entender este blanqueo del franquismo hay que recuperar la memoria. No estamos hablando de un régimen cualquiera, sino de una dictadura criminal que las Naciones Unidas situaban en una resolución de 1946 al mismo nivel que la Alemania nazi o de la Italia fascista. La designación en 1969 por el dictador Franco de Juan Carlos Borbón como su sucesor en la jefatura del Estado "para que todo quede atado y bien atado para el futuro", puede considerarse como el inicio de la normalización o blanqueo del franquismo, ya que Juan Carlos juraba fidelidad al Caudillo y a las leyes de la dictadura.

En su discurso de aceptación ante las Cortes normalizaba la llegada al poder de los fascistas a través de una sublevación militar contra el gobierno legítimo y democrático de la República: "Quiero expresar en primer lugar, que recibo de su excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco, la legitimidad  política surgida del 18 de julio de 1936". Quedaba muy claro quienes eran los que aprobaban la coronación de Juan Carlos en 1975, después del fallecimiento de Franco. Cuando pronuncia su discurso ante las Cortes hubo cuarenta segundos de aplausos, todos puestos en pie, cuando hace referencia a Franco. Por otra parte, Juan Carlos manifestaba un gran afecto y admiración por el dictador y completaba ese blanqueo non condenando nunca la dictadura.

Continuó ese blanqueo hasta el fallecimiento del dictador con la aparición del príncipe de España junto a Franco en el balcón de la plaza de Oriente en todo tipo de manifestaciones de apoyo a la dictadura y a sus actuaciones represivas. El 1 de octubre de 1975 presidía con Franco un acto de apoyo al régimen después de la condena internacional unánime por el asesinato de cinco antifranquistas. Franco atribuía en ese acto la crisis de la dictadura a "una conspiración masónica-izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista". No hay mucha diferencia entre aquellos discursos y los pronunciados hoy por la derecha y la extrema derecha cuando hacen continuada referencia a los bolivarianos, comunistas, separatistas, batasunos y proetarras.

Se blanqueaba el franquismo cuando Franco y Juan Carlos concedían todo tipo de honras, distinciones y títulos nobiliarios a significados golpistas, franquistas y criminales, que aún conservan: Ducado de Mola, Marquesado de Queipo de Llano, Marquesado de San Leonardo de Yagüe, Marquesado do Arias Navarro y así hasta más de 30.

Juan Carlos blanqueaba el franquismo cuando concede los títulos nobiliarios a la familia del dictador (Señorío de Meirás y Ducado de Franco), sólo seis días después del fallecimiento de Franco, y en el Decreto de concesión de los títulos calificaba 40 años de dictadura como "gloriosa etapa histórica de nuestra Patria".

Se blanqueaba el franquismo cuando en el congreso de constitución de Alianza Popular (después Partido Popular) promovido por siete ministros de Franco, se reafirmaban con total impunidad en sus raíces franquistas: "Neofranquistas entusiasmados celebraron su primer congreso. Los siete líderes de Alianza Popular anunciaron su federación y el paso hacia un partido único. Gritos de Franco, Franco de 3.000 fervorosos congresistas", como recogían algunos medios de comunicación (Diario 16 de 7 de marzo de 1977).

Se blanqueaba el franquismo cuando fuerzas políticas, que se pronunciaban por la República, no pudieron presentarse con sus siglas a las elecciones del 15 de junio de 1977 porque todavía no estaban legalizadas, y algunas de las fuerzas de la izquierda callaban. El que esto escribe pasó detenido toda la noche en la Comisaría de Policía de A Coruña por el "delito" de participar en una mesa informativa de la ORT el 14 de abril, dos meses antes de dichas elecciones.

Se blanqueaba el franquismo cuando permaneció intacto todo el aparato de la dictadura. La llamada Transición, presentada como ejemplar, ¿no tuvo también mucho de blanqueo del franquismo? Los ministros de Franco continuaron como políticos en activo y padres de la Constitución. Todo el aparato represivo quedó intacto y los mismos jueces que presidían los Tribunales de Orden Público (TOP), encargados de la represión, continuaron en sus puestos, ascendiendo hasta el Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo, como muy bien recogía el título de Carlos Jiménez Villarejo y Antonio Doñate Martín "Jueces, pero parciales. La pervivencia del franquismo en el poder judicial". Por otra parte, los más significados policías torturadores continuaron su carrera profesional y recibieron medallas, que aumentaban su pensión.

Se blanqueaba el franquismo cuando la Transición se olvidaba de las víctimas del franquismo y más de 100.000 continúan en las cunetas. Una conquista democrática como la Ley de Amnistía es interpretada como una ley de punto final, utilizada para no juzgar los crímenes del franquismo, y los sucesivos gobiernos no escucharon, ni escuchan, la demanda de las asociaciones memorialistas para que se elimine esa ley, petición que apoyaron durante años el Comisionado de Derechos Humanos de la ONU. ¿No es una vergüenza de Estado y un blanqueo del franquismo que los sucesivos gobiernos se nieguen a poner los medios para que la justicia española juzgue los crímenes del franquismo y haya que recurrir a Buenos Aires para poner en marcha la "Querella Argentina".

Se blanquea el franquismo cuando, después del 23-F, el rey Juan Carlos, que fue el inspirador del mismo con la implicación de los servicios secretos, hace una defensa de los golpistas, recomendando que los sublevados no recibiesen unas penas severas. Cuando el 25 de febrero Juan Carlos recibe a los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria lee un lamentable discurso: "Sería poco aconsejable una abierta y dura reacción de las fuerzas políticas contra los que cometieron los actos de subversión en las últimas horas". Y así se hizo; las penas fueron ridículas y todos acabaron indultados. Quedaba abierto un camino de impunidad de militares franquistas, que hoy continúa.

Se blanquea el franquismo con la permanencia de todo tipo de fundaciones, que se dedican a hacer apología de la dictadura franquista y del fascismo. Y no sólo la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), también Fundación José Antonio Primo de Rivera, Fundación Yagüe, Fundación Serrano Suñer, Fundación Hijas de Millán Astray, Fundación Ramiro Ledesma Ramos.

Se blanquea el franquismo con manifiestos continuados de militares, que unas veces amenazan con una intervención militar si se aprueba el Estatuto de Autonomía de Cataluña, o 60 militares firman otro manifiesto de reconocimiento de la figura del dictador Franco ¡Y no pasa nada! Todo esto con el silencio cómplice del rey Felipe VI, que tampoco condena declaraciones o amenazas de la extrema derecha.

Se blanquea el franquismo cuando en Galiza el dictador Franco y 32 de sus ministros acumulan hoy un total de 75 distinciones en 19 ayuntamientos y en las diputaciones de A Coruña, Lugo y Pontevedra. Por poner algunos ejemplos, José Ibáñez Martín, Ministro de Educación (1939-1951), máximo responsable de la depuración de 60.000 profesoras y profesores, todavía es Hijo Adoptivo de Lugo; Salvador Moreno Fernández, responsable del bombardeo de la carretera Málaga-Almería con más de 5.000 personas asesinadas, que huían después de la entrada de los fascistas en Málaga, almirante y ministro de Marina (1939-1945 y 1951-1957), todavía es Hijo Predilecto de Ferrol y de la provincia de A Coruña e Hijo Adoptivo de Pontevedra.

Se blanquea el franquismo cuando en Galiza todavía existen 650 símbolos franquistas en 90 ayuntamientos, 13 años después de aprobarse la Ley de Memoria Histórica y cuando los principales militares golpistas que organizaron la sublevación en A Coruña el 18 de julio de 1936 (Enrique Cánovas Lacruz, Florentino González Vallés, Luis Tovar Alonso y Pablo Martín Alonso) recibieron la distinción de Hijos Adoptivos de la provincia  el 5 de enero de 1937 y 84 años después ahí siguen de Hijos Adoptivos.

Se blanquea el franquismo cuando el Ministerio de Defensa manifiesta que "Conforme a los datos disponibles en este Departamento, no consta que existan actuaciones pendientes", contestando así a una carta de un colectivo de presas y presos políticos de Ferrol en la dictadura para que, en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, se retire del Arsenal de Ferrol los nombres de calles de significados militares golpistas como Salvador Moreno Fernández, Marqués de Alborán (Francisco Moreno Fernández), Almirante Vierna, Almirante Honorio Cornejo, Almirante Fernández Martín; que retire el nombre de "Sala de Honor Tte. Gral. Yagüe" del edificio de Capitanía General de A Coruña; que cambie el nombre de la "Residencia de Estudiantes General Barroso" de Santiago. Negativa a retirar los restos del franquismo que reitera en respuesta a una pregunta del diputado Jon Iñarritu: se mantendrán los nombres de estos militares franquistas porque "recuerdan a miembros de la Armada o buques con vinculación con la ciudad de Ferrol".

Favorece este blanqueo la presencia continuada de significados golpistas, franquistas, miembros de la familia del dictador etc. en casi todos los medios de comunicación, tanto públicos como privados. La divulgación de ideas fascistas, la reclamación por la familia Franco de bienes que fueron un auténtico robo al patrimonio público, se presentan como una "normalidad" de una sociedad democrática. Y se blanquea el franquismo cuando un juzgado autoriza a la familia Franco, unos okupas desde 1938, para que se lleven los muebles y otros objetos del pazo de Meirás.

Esta denuncia del blanqueo del fascismo no puede limitarse al tiempo de las campañas electorales, sino que debe ser una actuación permanente de las fuerzas progresistas. Si no se hace así y no se toman medidas desde el gobierno para acabar con los restos del franquismo, ese discurso de denuncia de actuaciones fascistas carecerá de toda credibilidad, estaremos ante una nueva farsa, que habrá que seguir denunciando.