Otras miradas

El Papus, El Jueves y los delitos de odio: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Protestas por el atentado contra la redacción de 'El Papus', un ataque perpetrado por la organización fascista Alianza Apostólica Anticomunista, conocida como la Triple A. EFE/Archivo

Son las  11:40 de la mañana del 20 de septiembre de 1977 en Barcelona, calle Tallers, número 77.

Rosa Lores, secretaria de la finca, recoge un maletín que entrega a Juan Peñalver, el conserje, para que lo entregue a Xavier de Echarri, director de El Papus. En ese mismo instante, el maletín estalla en las manos  de Juan, que fallece en el acto y su cuerpo queda totalmente destrozado. Rosa sufre lesiones graves. Diecisiete personas más sufren heridas de consideración. Se produce así uno de los atentados más graves de la oscura etapa de la Transición.

El Papus era el objetivo perfecto para la entonces álgida violencia de la extrema derecha que se resistía a los nuevos tiempos. A día de hoy, todavía nadie ha sido condenado por el sangriento atentado. El proceso judicial duró seis años. La justicia ni siquiera consideró el ataque como un acto terrorista y tanto la muerte del conserje como las heridas graves con resultado de invalidez total de la secretaria fueron gestionados como accidentes laborales

La impunidad de entonces deja sus frutos ahora. Los tribunales miran hacia otro lado, mientras la extrema derecha va sembrando odio por cada esquina por la que pasa a golpe de tuit y de propaganda. Como si de matones de patio de colegio se tratara. Esta semana Vox ha señalado a la revista satírica El Jueves, y en concreto a Ricardo Rodrigo Amar, propietario del grupo RBA, editor de la revista, por unas viñetas sobre el partido que han publicado recientemente.

El tuit decía así:

"Se llama Ricardo Rodrigo Amar y es presidente de RBA, grupo que edita El Jueves. Su revista difunde odio contra millones de españoles a diario".

Además, daban señas de dónde se puede encontrar a Amar: "Es posible que muchos de ellos le empiecen a exigir responsabilidades cuando le vean salir de su despacho".

No es la primera vez que El Jueves está en el punto de mira. En la memoria se encuentra la agresión a la exdirectora de la revista, Mayte Quílez, a la que en 2016 un encapuchado dio un puñetazo frente al portal de su casa, tras una portada de la revista contra el auge el fascismo.

Otro de los objetivos del partido de extrema derecha fueron los niños, (menas los llaman), considerados por la misma Audiencia Provincial como "un evidente problema social y político". La extrema derecha les colocó en la diana con la connivencia de los tribunales y la justicia y los medios callaron o señalaron (Ana Rosa y cía mediante). El engranaje del régimen del 78 tiene a toda la maquinaria trabajando a su favor para que esos tiempos lejanos nos persigan, produciendo daños que ya creíamos olvidados y superados.

Al ser este nuestro país un país sin memoria ni justicia ni reparación y haber pasado por una transición más que cuestionable, nos encontramos con un pueblo en el que falta mucho por ser reparado y en ese sentido, se perpetúan violencias. Los más jóvenes ni siquiera estudian lo que ocurrió, yo no conocía la historia de El Papus si no fuera porque mi padre me la contó. Un país que no conoce su historia está condenado a repetirla, ya saben.

Las guerras, los atentados, la violencia no llegan solos. Les preceden años de bombardeo ideológico y propagandístico, de situaciones de precariedad como la que vivimos ahora, la incertidumbre, el miedo, el sentirse y reconocerse vulnerable. En El Cuento de la Criada, aunque sea ficción, vemos cómo Gilead no llega de la noche a la mañana, sino que es una pérdida de derechos paulatina. Ningún conflicto llega por arte de magia, ninguna violencia tampoco. Las agresiones homófobas, machistas, racistas, LGTBIfóbicas tienen ideólogos detrás, que llevan tiempo lanzando mensajes de odio desde tribunas acomodadas y cobrando dinero público. Esos mensajes van calando poco a poco en la masa, a través del machaque continuo de los medios, hasta que se convierten en el caldo cultivo perfecto para las violencias que estamos viviendo.

El último ha sido Samuel. "Maricón de mierda" fueron las últimas palabras que escuchó antes de morir y ser apaleado durante más de 15 minutos. Aunque la hipótesis policial no parece cercana al delito homófobo, lo cierto es que esas fueron las últimas palabras y no otras y debieran ser tenidas en cuenta. El número de agresiones relacionadas con delitos de odio lleva varios años creciendo en España. Entre 2013 y 2019, aumentaron un 45%, según los datos que recoge el Portal Estadístico de Criminalidad del Ministerio de Interior.

22 de abril de 2021. Pablo Iglesias, Marlaska y la Directora de la Guardia Civil, María Gámez, reciben una carta amenazante con balas en su interior.  A día de hoy, la Policía científica asegura que no se ha podido establecer "indicio alguno" que permita identificar a los responsables de las misivas amenazantes.

5 de julio de 2021. Miguel Urban, eurodiputado de Unidas Podemos, sufre un allanamiento de morada en el que se llevan un disco duro, una hucha de su hijo y una foto familiar. Previo a eso, habían atacado el coche de sus padres rompiendo la luna y las ruedas.

"¿Cómo es posible que no se quiebre el equilibrio del mundo cuando se produce un abuso?", se pregunta Juan Diego Botto interpretando a Lorca en Una Noche Sin Luna. Cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí y que se sigan cometiendo abusos del fuerte contra el vulnerable, del privilegiado contra el oprimido, cómo es posible, pero no tengo respuestas para eso.