Otras miradas

Sí, hay que dar la batalla contra el oligopolio eléctrico

Naiara Davó

Diputada en les Corts Valencianes por Unides Podem

Momento de una protesta contra las eléctricas en enero de 2017.- EFE

Pedro Sánchez ha terminado por aceptar la propuesta de Unidas Podemos para bajar la factura de la luz: recortar los beneficios extraordinarios de las eléctricas. Era una anomalía que no se estuviera entrando en los beneficios desorbitados (más de 3.000 millones en 2020) que se seguían manteniendo mientras se ahogaba a familias y empresas con las facturas más caras jamás vistas.

La derecha no ha tardado en responder. El primer titular de El Mundo fue: "Sánchez abre una guerra contra las eléctricas". Para empezar, han sido las eléctricas las que han abierto una guerra contra la gente anteponiendo la subida de sus beneficios a las necesidades vitales de las familias. No es que no tuvieran empatía, es que han preferido proteger sus enormes ganancias antes que proteger al conjunto de la economía de nuestro país. Porque la factura eléctrica afecta en primer lugar a las familias, pero también a las pequeñas y medianas empresas. Esta situación es insostenible para nuestra economía, pues es muy difícil hacer frente a un aumento del 200% en la factura cuando se tiene un negocio pequeño que ya iba muy ajustado y castigado por la crisis de la pandemia.

Con contundencia ha respondido el oligopolio amenazando con cerrar las centrales nucleares ante las medidas del gobierno. Admitiendo, de esta forma, en público el chantaje que llevan décadas aplicando en privado. Una ofensiva desde las elites del oligopolio eléctrico que se suma a las del poder judicial, ciertos medios de comunicación del establishment y la derecha.  Un ataque sin cuartel al gobierno para imponer su propia tiranía economía. Sí, esta batalla también va de soberanía y democracia frente a aquellos que nos quieren robar todo. Sí, la batalla contra las eléctricas es una batalla legítima

Tras su agresión, es legítimo que el Gobierno proteja el interés general y acepte el embate con toda la determinación que exige el momento. Aquí es donde hay que focalizar la siguiente reflexión.

Cuando la derecha gobierna, no tiene ningún reparo en implementar un programa de ajustes económicos bestiales. Lo hizo Rajoy en sus dos primeros años de mandato: recortes brutales, reforma laboral para precarizar a las trabajadoras y aumento de impuestos regresivos como el IVA. Cuando la derecha gobierna, entra con todo sin ningún complejo para implementar su programa neoliberal salvaje. A la izquierda, a veces nos tiembla el pulso. Es normal, porque los adversarios que hay enfrente son muy poderosos, pero no podemos dejarnos llevar por el miedo.

Un gobierno popular y al servicio de la gente debe ser valiente y defender las causas justas, implementando con toda la fuerza del mandato democrático el programa de gobierno con el que se presentó a las elecciones. Si hay que enfrentarse a las eléctricas, se enfrenta una con el respaldo popular que, además, estará del lado del gobierno frente a los abusos de los privilegiados.

Esto se debe extender a otros ámbitos de acción: la regulación de los alquileres, una reforma laboral que aparque para siempre la precariedad o el aumento del SMI. Un gobierno debe defender la soberanía popular y no verse atado por los intereses privados de minorías muy poderosas que siempre intentan secuestrar la voluntad general. Para ganar la próxima década y generar victorias sociales irreversibles hay que ser valiente e implementar el programa político sin miedo.

Con la factura de la luz, nos han implementado un plan de choque ciudadano desde el oligopolio eléctrico. Con facturas impagables, nos querían acostumbrar a tener facturas alrededor de los 100 euros MW/H. Del mismo modo que en el pasado nos acostumbraron a hipotecas impagables. Es la estrategia de la resignación social, de intentar hundirnos en el desánimo para excluir toda alternativa del campo de lo imaginable. Un nuevo determinismo histórico contra la voluntad de crear un futuro diferente contra el que siempre hay que rebelarnos.

Como demuestra el cambio de posicionamiento del PSOE en relación al SMI o al recorte de beneficios extraordinarios de las eléctricas, el "no se puede" significa en realidad "no queremos". Siempre se puede apostar por una vía diferente, es una cuestión de voluntad política: de ponerse al lado de la gente en vez de al lado de los privilegiados.

La historia nunca está escrita. La escriben los pueblos y, los gobiernos progresistas que apuestan por la transformación de nuestras sociedades nunca deben olvidarlo. Hay que pasar a la ofensiva democrática desde el gobierno: para nuevas conquistas y para reconectar con la gente.