Opinión · Otras miradas

Sueños derrumbados, el derecho a la vivienda

Carolina Pulido Castro

Activista del derecho a la vivienda y miembro de la mesa coordinadora de Ahora Madrid

Me siento incapaz de ponerme en el lugar de alguien que ve cómo su hogar se derrumba, todo un proyecto de vida reducido a una montaña de escombros, tus fotos, recuerdo de los días felices de vacaciones, tus libros, tu cama, el sofá donde descansas después de un día duro de trabajo, la cuna, los dibujos de tu hija…tu hogar y todos los sueños construidos en torno a él. Se me desgarra el alma cuando veo después de un desahucio los enseres en la puerta, las  historias de vida en el pasillo, las plantas y los sueños apoyados en la pared, los juegos de infancia. De la misma manera no me imagino lo que tiene que ser tener buscar tus cosas entre los escombros después de haber visto como se derruía tu casa.

No somos conscientes de lo que significa un hogar hasta que no lo perdemos. La vivienda es algo primordial y fundamental en la vida de las personas, proporciona estabilidad, seguridad, protección y cobijo. Es donde el ser humano se desarrolla plenamente, donde nos amamos, donde nos protegemos, donde resolvemos nuestros conflictos. Es el lugar desde donde nos cuidamos, es el espacio de reproducción simbólica y material de la existencia, es el espacio en torno al cual construimos nuestro proyecto vital. ¿Imaginas este espacio tapiado por orden judicial con todas tus cosas dentro o reducido a una montaña de escombros? Yo no. Nunca puedes reponerte de un golpe así, y si no que se lo digan a los cientos de personas que pierden su casa todos los días por culpa de la estafa hipotecaria. Incluso cuando consiguen la dación en pago, la sensación de vacío nunca se va, la sensación de pérdida. Me lo decía una compañera afectada por la hipoteca que perdió su casa. Ahora anda errante de casa en casa, desubicada, vacía, perdida… Perdió su hogar, su sueño. Llegó a este país con nada y cuando había construido su proyecto vital en torno a su casa lo perdió todo.

¿Y quién repara a estas víctimas? ¿Quién le devuelve su hogar a las familias de Carabanchel y Tetuán que han visto estos días su edificio derrumbado? ¿Quién les devuelve sus fotos, su sofá? ¿Quién se hace cargo de los sueños perdidos? ¿Quién le devuelve su hogar a las miles de familias desahuciadas? Hogares que, por cierto, están vacíos y tapiados a la espera de poder especular con ellos.

Difícilmente seremos capaces de devolverles su hogar. Lo más que podemos hacer a día de hoy es acompañarlas en su dolor e intentar atender sus necesidades más urgentes. Durante estos días he podido escuchar y ver como los y las madrileñas de manera solidaria han puesto en marcha redes de apoyo a estas familias. También en este caso desde el Ayuntamiento se ha respondido para dar solución habitacional urgente, aunque esto sólo sirva para aliviar puntualmente el dolor de la pérdida.

Pero nuestro objetivo no debería ser sólo paliar el dolor. Estamos obligados y obligadas a dar una solución integral y ésta pasa por tomar medidas que garanticen, de una vez por todas, el derecho básico y universal a la vivienda. Derecho ya reconocido por la legislación nacional e internacional pero evidentemente no garantizado hasta ahora por el Estado español. Derecho que, además, otorga derechos de ciudadanía. Porque, ¿de qué nos sirve el derecho a la salud si no tienes un techo donde curarte de las enfermedades? O incluso ahora que se pretende devolver la sanidad universal a migrantes en situación irregular si están empadronados, ¿y el resto? ¿Cómo ejercer tu derecho a la educación si no podrás escolarizar a tus hijas e hijos si no tienes un hogar donde empadronarte? ¿Cómo vas a ejercer tu derecho al voto sin el registro en el padrón? Y si puedes empadronarte en casa de algún conocido, ¿dónde harás los deberes de tus hijas?

Entender de una vez por todas que es una necesidad básica, como comer, como la salud, y que no puede estar restringido a tus capacidades económicas. Pero además no sólo basta con garantizar el derecho a un “techo”, tenemos que ser capaces además de garantizar el derecho a una vivienda digna, una vivienda que cubra todas las necesidades de quienes la habitan, una vivienda en la que no tengas que levantarte de noche temiendo que se te pueda caer encima la casa porque la grieta de la habitación cada vez es mayor.

Durante años, las grúas de grandes constructoras han dibujado una silueta eterna en el skyline de nuestra ciudad. Ya es hora de dejar de inflar la burbuja y abordar de verdad un proyecto de rehabilitación de viviendas urgente porque no podemos permitirnos ni un derrumbe más, ni un desalojo más.

El edificio de Carabanchel fue construido en el año 1964; en él vivían 18 familias, un total de 36 personas. En el de Tetuán vivían 12 familias, fue construido en la primera mitad del siglo XX; 43 personas afectadas. No olvidemos, que detrás de cada puerta hay una historia, una vida.

Después de terminar de escribir estas palabras he revisado la escritura de mi casa. Tengo que decir que fue construida en el año 1953. Vivo en Villaverde Alto. cuando voy a comprar el pan paso al lado de la colonia experimental. A veces, cuando llueve, caen cascotes desde el tejado.