Otras miradas

Reflexiones sobre la situación de hartazgo de las mujeres y la exigencia de 'Una vida libre de violencias'

Henar Sastre Domingo

Plataforma 7N Contra las violencias Machistas Madrid

Manifestación del 8-M. EFE
Manifestación del 8-M en Madrid.- EFE Madrid

Hartas estamos hartas, muy hartas, de que ellos -los políticos, las administraciones públicas, los responsables jurídicos y la sociedad en general-, no estén todos hartos de la violencia contra nosotras: las mujeres y niñas.

En 2015 trabajamos durante 9 meses en la organización de la gran Marcha en Madrid Contra las Violencias Machistas, en la que exigimos que se reconociera la violencia como una Cuestión de Estado. Denunciamos los recortes en los presupuestos del Estado. Exigimos incluir todas las violencias que recoge el Convenio de Estambul, documento ratificado por el Estado español, así como las recomendaciones de CEDAW que también considera todas las formas de violencia. Conceptualizamos la violencia como Terrorismo Machista. No en vano, hace unos días el Europarlamento lo equiparó al terrorismo.

Mas de 300 organizaciones, partidos y sindicatos apoyaron la movilización. Fue un trabajo colectivo, también en las redes desde donde salió la iniciativa por las compañeras de Valencia. Llenamos las calles. Gritamos 'Nos queremos vivas y libres. Basta Ya'. Denunciamos que la violencia contra las mujeres es una violación de los Derechos Humanos.

El Movimiento Feminista organizado no solo convocó a la población en la protesta, también elaboramos propuestas en un manifiesto con nueve exigencias políticas, con reivindicaciones que también contenía la ley 2004: prevención, coeducación, protección, reparación. para las víctimas y sus hijas e hijos.

La sociedad comprendió que las violencias contra las mujeres no son un asunto privado e individual, pero no ha terminado de asumir que la cultura de la violencia tiene causas estructurales en la desigualdad y sobre todo que para su erradicación es preciso el compromiso político, que nuestras instituciones actúen con debida diligencia. Tienen que asumir su responsabilidad política y la rendición de cuentas, no sólo en la lucha contra la violencia de género, sino en la apuesta decidida por impulsar una pedagogía a la ciudadanía para que el derecho a la igualdad de las mujeres forme parte del sentido común universal.

Por eso exigimos, que las y los representantes políticos se pusieran de acuerdo para que las violencias machistas fueran Cuestión de Estado y dos años después se aprobó un Pacto de Estado. Pero estamos en la política del simulacro y, por desgracia, las 214 medidas y los presupuestos finalistas que se aprobaron no se han ejecutado y en algunas comunidades se alardea del negacionismo de la violencia de genero. Todo ello se traduce en los 61 feminicidios y 16 asesinatos de menores este año.

Estamos hartas de escuchar que la violencia es una lacra, como si las violencias fuesen un accidente irremediable que tenemos que aceptar. Hartas de que incluso se niegue el ritual del minuto de silencio por algunos políticos. Porque el problema es, efectivamente, el insultante silencio como respuesta. Estamos hartas de ese silencio también

No nos cansaremos de repetir que la violencia está legitimada por un sistema misógino. Los asesinos, los maltratadores no son locos, son hijos sanos de un patriarcado que, como tales, les trata con condescendencia. Sus actos violentos, llevan un mensaje para todas las mujeres. "Si no sigues los mandatos patriarcales, tendrá consecuencias".

Con los feminicidios, las violaciones y agresiones a las mujeres nos controlan a miles y nos atemorizan y hastían a todas. Su ley del silencio es nuestra ley de la frustración y el miedo

Los medios de comunicación han rutinizado el mensaje de los asesinatos, con el mantra de "la mujer no denunció" sin analizar por qué más del 60% de las mujeres asesinadas no lo hacen intencionadamente. Las mujeres sufren la violencia institucional cada vez más frecuente. Estamos hartas de que invisibilicen al agresor y no se analicen las causas estructurales de la violencia.

Durante estos últimos años las feministas no hemos dejado de salir a las calles cada vez que un hombre asesina a una mujer o a sus hijas e hijos. Hemos llenado las calles denunciando a los violadores y las sentencias injustas, también nos manifestamos y denunciamos la explotación sexual y reproductiva y el intento del borrado de las mujeres.

¿Nos preguntamos si estamos en un momento de retroceso?

Ya en 2015, antes de empezar la manifestación del 7N, un grupo de Vox apareció con una pancarta negacionista. La policía inmediatamente controló la provocación. Asistimos a estas provocaciones en todas las concentraciones sobre violencia en Madrid.

Nunca nos imaginamos que desde los parlamentos y las instituciones pactaran con la derecha para ir contra los derechos de las mujeres, ayer "brujas". Mañana bloquearán los presupuestos y las leyes contra la violencia.

Tampoco pensamos que partidos de izquierdas iban a desvirtuar las leyes negando el sexo y la biología para sustituir la categoría sexo por género, con las gravísimas consecuencias para los derechos de las mujeres que ya se están demostrando.

Por eso, queremos utilizar la hartura como una estrategia de resistencia colectiva. Para mover conciencias y provocar movilizaciones masivas. Volver a politizar la violencia ponerla en el centro de la alarma social.

Reconducir el hartazgo, la rabia, el hastío, la paralización que nos ha obligado la pandemia y activar toda la energía emocional para ponerla al servicio de nuestra inteligencia feminista y proponer esta mañana todas las acciones que consideremos que son más eficaces para volver a politizar la violencia.

El objetivo es poder diseñar acciones también coordinadas en todos los territorios y llegar a este 25N llenando las calles de nuestras ciudades y remover la conciencia ciudadana y las alarmas de los responsables políticos.

En definitiva, las protestas y las exigencias políticas sobre la Igualdad y los derechos de las mujeres están en el centro de nuestras agendas feministas.

Nuestras propuestas para eliminar las violencias ya hace mucho tiempo que están en las mesas institucionales. Estamos hartas de que cuando llegan a las instituciones se "reciclan" y se "vacían" por falta de voluntad política. Estamos hartas de que nos tomen el pelo. Nos dan un caramelo y nos tapan la boca para no poderlo comer.

Estamos convencidas, y en ello ponemos todo nuestro empeño activista, para que la violencia contra las mujeres no se asuma como un volcán irremediable. Fuimos capaces de abolir la esclavitud, también lo haremos con las violencias.

Las feministas tenemos propuestas transformadoras. Queremos políticas transformadoras que disuelvan el poder patriarcal y nos garanticen autonomía, bienestar, integridad. Una vida libre de violencias, una vida digna de ser vivida.

Como dice nuestra campaña, ahora #ACTÚA