Otras miradas

Sin Dios, pero con CCTV

Luis Moreno

Profesor Emérito de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Pixabay

"When are you gonna realise nothing can be controlled? We live in chaos. It's the central issue in everyone's life… And you know what it is they're trying to control, each and every one of 'em?... Fear... They're trying (just) to control their fear…". ["¿Cuándo vas a entender que nada puede controlarse? Este es el asunto central de la vida de las gentes… ¿Y sabes lo que intentan controlar, todos y cada uno de ellos?... El miedo… Sólo intentan controlar su miedo…"]
(Grand Canyon, Lawrence Kasdan, 1991)

Según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), en mayo de 2021 había un 16,2% de ateos, un 10,5% de no creyentes y un 10,8% de agnósticos; es decir, más de 20 puntos por encima del 3,5% de ateos y 10,2% de no creyentes de la primera encuesta comparable de septiembre de 1998.

¿Desaparece Dios…? Ciertamente quienes no nos quitan el ojo son las cámaras de CCTV (Circuito Cerrado de Televisión). Cada vez estamos siendo más observados públicamente. Control, control, control… Londres ya se ha convertido en la mega ciudad de occidente donde más cámaras fiscalizan los movimientos de las gentes, incluidos su reconocimiento facial.

No parece casual que en el país del genial George Orwell (combatiente contra el fascismo franquista durante nuestra espantosa Guerra Civil) sea la ciudad más vigilada por el CCTV en Occidente (y tercera en el mundo tras dos urbes de la China comunista capitalista). Recuérdense que en su novela 1984, el protagonista Winston Smith (ni él ni nadie) podía apagar la TV. Ahora, aunque sea voluntariamente, el mundo tiene la pantalla encendida siempre, sea los monitores televisivos, los del ordenador o los del smartphone.

Sucede que todo va por la web, encriptado, y que el tamaño de las cámaras es muy reducido, lo que posibilita que "no se vean". En Londres se habla de que pueden estar funcionado unas 700.000 de ellas. Son muy baratas y la web lo permea todo. En paralelo existe un software específico, automatizado, que registra una serie de parámetros que alerta sobre posibles delitos en marcha. Pero en Londres han saltado las alarmas cuando en cierto nodos de cámaras, los Bobbys, policía metropolitana londinense, han parado a los transeúntes para pedirles su documentación. Ello se combina con la posibilidad del sistema de reconocimiento facial (face profiling) de los posibles criminales sospechosos.

Y las señales recogidas por las cámaras pueden acabar en granjas de renderizado, almacenando mediante algoritmos los perfiles de las imágenes captadas de los ciudadanos. Piénsese que una "granja" es un grupo muy grande de procesadores en conjunto con otro grupo también enorme de dispositivos de almacenamiento (discos duros magnéticos o sólidos) dispuestos en paralelos en una ubicación física con la que se interactúa telemáticamente. No sólo los Nuevos Señores Feudales Tecnológicos (Google, Apple, Facebook o Amazon) y los gobiernos estatales (con muchas más limitaciones si no son 'superpotencias') los usan. Inquietante es lo "fácil" de generar ultrafalsos o deepfakes, que implican un dilema moral de largo alcance.

Pero el año 1984 quedó atrás. Vivimos en 2021. Bueno es recordárselo a quienes pretenden retornar a 'viejas normalidades' y recobrar unos usos y costumbres que han cambiado irremisiblemente. Patético es observar cómo se pretende volver a ciertos usos prepandemia negando la evidencia del cambio acelerado de nuestras sociedades.

Ya nos ilustró Salvador Giner, malogrado maestro de sociólogos, sobre la secularización como la tendencia desigual pero creciente a atribuir a objetos, seres y fenómenos causas enteramente naturales, y a considerar los efectos por ellas producidos, también como naturales, no causados por presuntas fuerzas ultraterrenas o divinas. La secularización, en suma, excluye e ignora causas que procedan de presuntas fuerzas sobrenaturales o espirituales. Las cámaras CCTV contribuyen a desacralizar nuestro mundo de miedos.

Y bueno es, no se confunda el lector, que utilicemos los medios que nos posibilita la tecnología para luchar contra las excrecencias de la sociodicea que destruyen nuestro mundo civilizatorio. Alguien pensará que la mentalidad 'eurocentrista' del redactor de estas líneas niega otras verdades disfrazadas de valores religiosos que recurren al terrorismo destructor. Pero el mal existe y hay que primar la seguridad por encima de la "libertad" de algunos derechos fundamentales, como podría entenderse el relativo a la privacidad. Y se rasgarán las vestiduras quienes piensan que mi "yo" es lo único que cuenta y que la sociedad debe protegerme de cualquier injerencia que lo cuestione. Es el ejemplo que nos dan los "descerebrados" (perdón por el exceso calificativo) de los anti vacunas Novax. Y es que niegan una realidad que es axiomática en la vida de las personas: el ser humano es un ser social. Lo que me pasa a mi está condicionado por lo que le pasa a los demás, y yo les condiciono igualmente.

Ahora en España se anuncia la derogación y reforma de la denominada Ley Mordaza que aprobó el PP en 2014 con sus únicos votos en el Congreso de los Diputados. Dicha ley sancionaba "el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales" de policías "que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación". Tal limitación fue denunciada por Amnistía Internacional. Uno de los asuntos que generó más polémica era que la ley consideraba infracción grave "el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes". Ahora "no constituirá infracción la mera toma de imágenes en lugares de tránsito público y manifestaciones, o su difusión", dice el nuevo texto propuesto, aunque sí añade una prevención solicitada por el Ministerio de Interior: "No obstante, se considerará infracción grave el uso de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando genere un peligro cierto a su seguridad personal o familiar".

Quedan ustedes avisados. Nadie puede reclamar la preservación de un reducto, por pequeño que fuese, de privacidad. El Gran Hermano lo ve y sabe todo.