Otras miradas

En memoria de todas esas mujeres, en nuestra memoria, Almudena Grandes

Laura Berja

Diputada y portavoz de Igualdad del Grupo Socialista

Varias personas con libros en la mano en homenaje a Almudena Grandes, asisten al entierro de la escritora en el Cementerio Civil, a 29 de noviembre de 2021, en Madrid (España).- EUROPA PRESS

Hay noticias que tienes que releer para creerte y una vez releídas, desearías no haberlas leído nunca. El sábado, 27 de noviembre, Almudena Grandes nos dejó. Anestesia un poco pensar que no nos dejó para siempre porque cada una de sus publicaciones pervivirán en la memoria de la memoria. No obstante, no puedo dejar de anhelar lo que todavía no había escrito, y duele. Somos más pobres sin sus líneas.

He escuchado a mucha gente decir que Almudena Grandes era la escritora referente de una generación. Y sinceramente me he preguntado: ¿De cuál? Y debo confesar que no encuentro el momento en el que acaba generacionalmente la huella de su impronta y legado. No creo que Almudena Grandes sea la referencia de una sola generación, creo que es la relatora de un siglo y la escritora de otro. Creo que el siglo XX y el XXI no podrían contarse sin ella.

Nací en 1986, tres años antes de que ella publicara Las edades de Lulú y a mi edad tengo la memoria democrática más cercana a la verdad y la conciencia social más cercana a la justicia por los libros de Almudena.

De Almudena, cómo contaba la calle, la frescura de sus ideas, las dudas personales que convertía en dilemas para hacernos pensar mientras subía y bajaba su escalera interior, su compromiso socio político, las reivindicaciones necesarias y las imprescindibles. Se podría decir que lo contaba todo y que a partir de hoy, hay cosas que nadie contará como ella.

No quiero echarla de menos, sin embargo su no columna de hoy en El País me hace consciente de que lo que lea a partir de ahora de Almudena Grandes lo escribirán otros y nadie puede contar más de Almudena que cada una de sus palabras, cada uno de sus textos, cada uno de sus libros. Porque Almudena también se contaba ella y lo personal siempre es político.

No me gusta hablar de mí si hablo de alguien a quien admiro tanto, pero yo necesitaba su último libro, La madre de Frankenstein. En las profundidades de esa novela está la historia de todas las mujeres españolas. Los desgarros de las mujeres de hoy son el eco de lo que fueron las vidas de las mujeres de la posguerra. También, como ella misma dice, de las últimas de todas las filas, las locas.

Para terminar, quiero que lo haga ella, quiero que sean los dos últimos párrafos de su último libro, quiero que sean las palabras que nos cuentan a todas. Nuestra memoria, Almudena.

"La alianza entre el Estado y la Iglesia católica desató sobre ellas (las mujeres) una represión íntima, invisible en apariencia, que las encarceló por dentro, e intervino su vida privada, que coartó ferozmente su libertad para impedir que fueran felices mientras trabajaban como mulas a cambio de salarios de hambre y sin derechos de ninguna clase, que las indujo a avergonzarse de su propio cuerpo hasta el punto de convertir la manga corta en un pecado.

En memoria de todas esas mujeres que no pudieron atreverse a tomar sus propias decisiones sin que las llamaran putas, que pasaron directamente de la tutela de sus padres a las de sus maridos, que perdieron la libertad en la que habían vivido sus madres para llegar tarde a la libertad en la que hemos vivido sus hijas, he escrito este libro".