Otras miradas

Desde el trigo hasta la mar

Eva García Sempere

El 4 de diciembre de 1977 familias enteras, trabajadoras y estudiantes llenaron las calles reclamando autogobierno para, así, convertirse en protagonistas de su propia historia que, hasta entonces, les había sido arrebatada. Cientos de miles de andaluces y malagueños que vieron cómo la alegría con la que salieron a construir su futuro se tornaba tristeza, dolor y rabia por el asesinato de Manuel José García Caparrós.

El 4 de diciembre de 1977 casi dos millones de andaluces y andaluzas llenaron las calles reclamando libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía, que era como gritar que el pueblo andaluz existía, que no querían ser más que nadie, pero tampoco menos, y que se necesitaban instrumentos políticos suficientes para enfrentar los terribles problemas que asolaban nuestra tierra: trabajo precario, desempleo secular, falta de servicios públicos, desindustrialización, falta de vivienda... 44 años y las reivindicaciones siguen sonando demasiado actuales.

En el aniversario de la mayor movilización que ha vivido el pueblo andaluz, en nombre de la autonomía y de la justicia social, el espíritu del 4 de diciembre sigue vivo. Necesitamos salir a la calle y construir, unidas, una alternativa política que transforme nuestra tierra desde el convencimiento de que solo trabajando juntas podremos enfrentar los problemas que seguimos sufriendo.

Algunos problemas son muy similares a los que llevaron a las andaluzas a tomar las calles hace más de 40 años y otros se han incorporado a la agenda política y social más recientemente: las consecuencias del cambio climático, nos advierte la comunidad científica, serán mucho más drásticas en el sur de Europa. El riesgo de desertificación, el colapso hídrico, olas de calor y subida del nivel del mar ponen en un serio compromiso a nuestra frágil economía. Unimos ahora, por tanto, a los problemas históricos de precariedad, estacionalidad y empleos de baja cualificación que arrastramos los y las andaluzas, la falta de un modelo que sea sostenible a futuro. Aquí sabemos muy bien qué significa estar inmersos en una crisis ecosocial.

El turismo estacional y asociado al paquete "sol y playa" no puede seguir siendo el pilar fundamental de nuestra economía. Y frente a esto, en Andalucía una derecha disfrazada de moderación aprueba leyes para seguir con la especulación urbanística y la corrupción, vendiendo nuestras playas a trozos a inversores hoteleros que arrasan nuestro territorio y las vidas de quienes malviven en los empleos precarios que generan.

La agricultura superintensiva agotadora de suelos y agua, unida a la expansión de las macrogranjas, tampoco se sostiene como pilar de nuestra economía.  No se han resuelto ninguno de los problemas del campo andaluz y solo ahora, con un enorme esfuerzo, se ha conseguido aprobar que no puedan venderse los productos de nuestros ganaderos y agricultoras por debajo de los costes de producción. Tampoco en esto está el Gobierno Andaluz, ni se le espera.

Y a estos problemas se le suma la degradación progresiva e inexorable de los servicios públicos con el cierre de centros escolares y la saturación de los que quedan, una atención primaria que está en la UVI y cada día más municipios sin siquiera centro de salud que merezca ese nombre.

Mientras la subida vertiginosa del precio de la vivienda deja a miles de andaluces y andaluzas sin saber dónde podrán vivir, los centros de las ciudades y muchos municipios de las zonas rurales se convierten en parques temáticos para un turismo que no es la gallina de los huevos de oro que nos vendieron. Sueldos irrisorios, condiciones precarias y viviendas reconvertidas en alojamientos turísticos.

Después de una pandemia donde se puso de manifiesto la importancia crucial de contar con un tejido productivo fuerte que nos permitiera resistir en los momentos más duros, la realidad con la que contamos es un Gobierno Andaluz que abandonó a su suerte a los trabajadores gaditanos del metal en su lucha con unas condiciones dignas.

Frente a años de lucha del movimiento feminista para acabar con la lacra de la violencia de género y conquistar derechos y años de lucha por alcanzar el derecho a vivir dignamente, vemos cómo un Gobierno cobarde amarrado a la derecha más rancia y conservadora rompe con el siglo XXI para despojarnos de todo lo que conseguimos y devolvernos a la casilla de salida.

Un 4 de diciembre los y las andaluzas que tomaron las calles reclamaban, también, acabar con años de infrafinanciación y que, por fin, llegaran a nuestra tierra los recursos necesarios para acometer las políticas de justicia social. 44 años después tenemos que ver cómo las tres derechas que nos desgobiernan regalan nuestro patrimonio a los ricos mientras desmantelan nuestros derechos.

El panorama es, en muchos sentidos, desolador. La buena noticia es que las andaluzas sabemos que la lucha sirve; y que la unidad entre quienes creen que es posible construir un futuro de derechos y justicia social nos hace invencibles.  Sabemos que es posible abrir las puertas y ventanas para que entren todas aquellas que luchan contra la pobreza, por la defensa de los servicios públicos, por la reindustrialización y por acabar con la infame brecha territorial entre la Andalucía superllena y la Andalucía vaciada, ambas abandonadas por años de dejadez y 3 años de demolición controlada.

Por eso, porque sabemos que es posible un horizonte brillante en nuestra tierra, desde Unidas Podemos por Andalucía volcamos todas nuestras energías en levantar un proyecto que, desde la base de los valores republicanos, la lucha obrera, el combate contra la crisis ecosocial y el feminismo, una a las andaluzas desde el trigo hasta la mar. Un espacio de diálogo para luchar por nuestra gente y nuestro futuro.

Vamos, otro 4 de diciembre, a atrevernos a ganar.