Otras miradas

Catalunya: El día después del 27-S será muy largo

Ricardo Romero de Tejada Collado

Exprofesor de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid, exdirector de Estudios Socio-Políticos y de Opinión Pública del Instituto Gallup, y exdirector de la oficina en Madrid de Taylor Nelson Sofres

Ricardo Romero de Tejada Collado
Exprofesor de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid, exdirector de Estudios Socio-Políticos y de Opinión Pública del Instituto Gallup, y exdirector de la oficina en Madrid de Taylor Nelson Sofres

 

La participación electoral fue del 74,96%, no del 77,4%

Tres días después del 27-S se cerró el escrutinio con el de los censados en el extranjero. Los 14.781 votos contabilizados no modificaron el reparto de escaños conocidos el domingo, pero confirmaron la hegemonía de las listas independentistas entre los residentes en el exterior, al reunir el 63,7% de los emitidos, en contraste con el 47,7% obtenido en el censo del interior. La Generalitat denunció las dificultades encontradas por los censados en el extranjero (censo de casi 200.000 personas) a la hora de ejercer sus derechos electorales.

En las primeras horas del escrutinio se generalizó una cifra de participación del 77% en números redondos, dato que debe actualizarse situándolo en el 75% una vez consolidados también los votos y el censo del exterior. En total votaron 4.130.588 de un censo total de 5.510.713 personas. Un 7% superior a la participación de 2012 y récord absoluto en unos comicios autonómicos en Catalunya.

No hay dos bloques fracturando Catalunya en dos mitades

Como es habitual, todos se declararon vencedores, de un modo o de otro. Pero esta vez está en juego mucho más de lo que correspondería a unas simples elecciones autonómicas. Una lectura de los resultados errónea, por interesada y que en otras ocasiones sería comprensible, difícilmente proporcionará un diagnóstico acertado ni alumbrará estrategias coherentes.

La prensa de la capital se apresuró certificando la derrota independentista, más o menos total, al día siguiente de los comicios. Sus titulares transmitieron un mensaje rotundo y coincidente en lo fundamental. "La mayoría de los catalanes dice no a la independencia" (El Mundo), "Mas no consigue sus objetivos" (La Razón), "Cataluña no se quiere ir" (ABC) y "Los independentistas ganan las elecciones y pierden su plebiscito" (El País). Estas conclusiones y lo que de ellas se deriva, no se ajusta a la complejidad que se deduce de una lectura más reposada de los datos, una vez escrutado el 100% de los votos, incluyendo los venidos del extranjero, y transcurridos los días necesarios para reposar el ánimo.

Las dos listas comprometidas con el proceso independentista han obtenido entre ambas 72 escaños de un total de 135 en la cámara catalana; han alcanzado la mayoría absoluta con el 53% de los parlamentarios (el mismo porcentaje de diputados que el Partido Popular tiene actualmente en el Congreso). Han reunido el 47,8% de los votos válidos (el Partido Popular en las generales de 2011 tuvo el 44,6%), representando el 36% del total del censo de Catalunya (el PP, en 2001, el 31,5% del censo español). En cualquier caso, las dos candidaturas que apoyan la independencia han ganado las elecciones. Hay otra mayoría más amplia de 83 escaños, a la que en puridad debería calificarse de "soberanista", porque incorpora los once diputados de Catalunya Sí Que es Pot, que, al menos, defienden el derecho a decidir.

Dejando aparte la cuestión de los escaños y la composición del nuevo Parlament, la lectura que permitía anunciar el fracaso del independentismo descansaba en comparar sus votos contra todo el resto. Este balance da lugar a un 47,8% y 52,2%, para el y el No respectivamente. Una diferencia del 4,4%. Sólo se puede llegar a este balance abusando de una simplificación excesiva. En lo que respecta al inventario del No, esos números son el resultado de tres valoraciones inexactas y de una suma irreal. Se cuentan en el campo del No los "blancos" (que es obvio que han votado precisamente en blanco, ni a favor ni en contra), los que han apoyado al PACMA (que van a su bola con los derechos de los animales) y los de otras formaciones (Recortes Cero-Els Verds, Ganemos y el Partido Pirata) de las cuales no se sabe que hayan hecho campaña expresamente contra la independencia. Todos estos grupos de votantes, artificiosamente sumados a la partida del No, representan un 1,64%.

Asimismo y en relación a una segunda valoración desacertada, contabilizar a los votantes de Unió en el campo de los que están en contra de la independencia es arrimar el ascua a su sardina sin mucho fundamento. Es cierto que las sofisticadísimas variaciones de rumbo de Duran i LLeida no hacen fácil la interpretación del sentir exacto de sus votantes, pero puede especularse que se tratará de catalanistas asustados y acobardados por las incontables calamidades a las que daría lugar una independencia no acordada con España. Si se quiere ser objetivo a la hora de evaluar relaciones de fuerza, los votos de Unió (2,51% de los votos válidos), como mínimo hay que descontarlos del supuesto bloque del No, en vez de sumarlos en un totum revolutum insostenible.

La tercera valoración inadecuada es la que añade al bloque del No los votos de Catalunya Si que es Pot (8,94%), lista que ha dejado clara su posición favorable al derecho a decidir y el carácter de nación de Catalunya, aunque desmarcándose del proyecto independentista o al menos mostrando mucha dosis de ambigüedad al respecto. De momento, se identifican más de dos bloques y aún nos falta situar a los abstencionistas.

Hay pluralidad social y política con mayorías absolutas y mayorías relativas

Una sociedad se fractura realmente en dos mitades cuando se enfrentan dos colectivos sociales de tamaño similar y con un grave disenso sobre las reglas básicas de juego. En Catalunya la mayoría social es permisiva en relación al derecho a decidir, que hoy es la cuestión clave. Veámoslo con detalle y dispondremos de una mejor aproximación a la complejidad existente. Identificamos cuatro bloques bien diferenciados. Ahora consideraremos a todo el Censo electoral y no sólo a los votantes.

En este sentido, se ha resaltado la importancia de la elevada participación electoral habida y que disipa cualquier pretensión de que una "mayoría silenciosa" no haya comprendido la importancia del momento. El electorado había sido reiteradamente advertido, por unos y por otros, de la excepcionalidad de estos comicios. Y ha hablado. Pero también hay que situar políticamente a los abstencionistas, porque su decisión también tiene un sentido; han delegado en los que han votado; no han apoyado la independencia pero no se han opuesto a ella; son, en consecuencia, "permisivos"; que los otros decidan y ellos lo aceptarán. Son el 25,04% del censo; esto sería así haciendo abstracción de la abstención técnica (quizá un 5% que por distintas causas no pudieron votar) y de la abstención "forzada" de buena parte de los censados en el extranjero. Por otra parte, no hay ningún obstáculo conceptual para situar también en el campo de los "permisivos" a quienes votaron "nulo" o en blanco y a los que lo hicieron por las formaciones que se han quedado fuera del Parlament, excepción hecha de Unió; el 1,53% que representan sobre el Censo, unidos a los abstencionistas, permiten cifrar en un 26,57% el colectivo que calificamos de "permisivos". Como pronto comprobaremos al comparar magnitudes, este es el segundo bloque socio-político por tamaño en Catalunya en relación al asunto que se nos presenta como crucial para el futuro.

Otro bloque, y el más numeroso, es el de los independentistas, que sobre el Censo electoral llegan a ser el 35,69%.

Uno más es el bloque "soberanista", articulado en la plataforma "Catalunya Sí Que es Pot" (porque, en principio, no se ha definido como independentista) y la Unió Democràtica de Duran; sobre el Censo, un 8,54%, el menos numeroso.

Por último, el bloque que, tras la rectificación programática del PSC, está activamente no sólo contra la independencia sino también contra el derecho a decidir, el soberanismo y cualquier permisividad al respecto, reúne a los socialistas, con C's y PP. Es el bloque de los "No Permisivos" y suponen el 29,2% del censo electoral, el segundo bloque en cuanto a tamaño.

Resumiendo, existe una amplísima mayoría "permisiva" que totaliza el 70,8% del censo (3.901.843 electores), y se nutre de los independentistas, los sólo "soberanistas" y los estrictamente "permisivos". Más reducida sería la mayoría "soberanista", con 2.437.788 personas y 44,34% del censo, formado por los soberanistas en su sentido más limitado y los independentistas. El independentismo constituiría el bloque de la mayoría relativa, 1.966.768 personas y y el 35,69% del censo electoral. El bloque "No Permisivo" con un 29,20% del censo electoral, se quedaría con 1.608.870 electores.

A todos los actores les conviene diagnósticos de calidad acerca de las muchas dimensiones del conflicto. De lo contrario, un proceso que, sin duda será largo y difícil, quedará huérfano de soluciones también de calidad. No se engañen. De momento, la CUP, reconociendo que no se había alcanzado el 50% de los votos más uno, ha renunciado a una Declaración Unilateral de Independencia inmediata. Junts pel Sí (y la CUP está de acuerdo) defiende que ahora hay que "contar" escaños, porque, los que podían, impidieron contabilizar "votos" en una consulta pactada. En su hoja de ruta, que puede durar 18 meses, proponen contar "votos" pero en una fase posterior, la del referéndum sobre la futura Constitución de la República catalana. Y esto podría ser otro cantar...