Opinion · Otras miradas

El esperado incremento de la violencia en Palestina

Nacho García

Coordinador Académico del Instituto Internacional para la Acción Noviolenta (NOVACT)

Nacho García
Coordinador Académico del Instituto Internacional para la Acción Noviolenta (NOVACT)

«La violencia ha decrecido a nivel global y las cosas están mejor ahora que antes». Esta es la tesis fundamental del libro de Steven Pinker The Better Angels of Our Nature, publicado en 2011. Lo demuestra con datos, viendo la evolución histórica de parámetros tales como muertes en guerras, asesinatos, violaciones, conflictos armados… Si pudiera hablar contigo Steve, te diría que comparto esa visión global, pero a nivel más local: ¿Qué pasa con Palestina?

En los primeros tres años que viví allí, del 2008 al 2011, pude comprobar cómo en efecto la noviolencia recobraba el protagonismo perdido durante la Segunda Intifada en el movimiento de resistencia a la ocupación israelí de Palestina. Desde el 2004 empezaron a proliferar los comités de resistencia Popular Noviolenta contra el Muro y en ese año empezaba la campaña internacional de Boicot Desinversión y Sanciones a Israel emulando a la que ayudó a poner fin al apartheid en Sudáfrica.

Steven, sin ser estos tus parámetros, corroborarían tu tesis optimista de reducción de la violencia. Pero algo no cuadraba, porque esto contrastaba con el continuo empeoramiento de las cosas. No en términos de muertos o heridos, sino en términos de represión sistemática, de pérdida de libertades, de restricción de movimientos, de aumento de asentamientos colonos, de opresión creciente por parte de la potencia ocupante, Israel, a la población ocupada, Palestina.

Contrastaba con una imagen, que si bien al principio me resultaba extraña, tras tres años había días que por lo frecuente se me pasaba desapercibida: civiles israelíes armados como si fueran vaqueros del salvaje Oeste, paseando con sus pistolas en las cartucheras o sus fusiles al hombro. En días se me hace más presente la imagen de una joven pareja israelí, paseando a su bebé con un fusil de combate al hombro como si fuera lo más normal del mundo y me imagino la rápida mutación del padre acompañante al colono insultando y deseando la muerte de la persona a la que acaba de disparar. Me imagino todo lo que hay detrás de esa mutación, y Steven, reconozco que tambalea mi optimismo. Sobre todo, con el auge de la derecha y la extrema derecha en Israel, ganando elección tras elección. Con el miedo como programa electoral, discursos cada vez más encendidos, cada vez más violentos. El miedo como aglutinador de una sociedad crisolizada, en la que las diferencias internas quedan tapadas por el odio a lo externo. Hace un año la Friedich Ebert Foundation publicaba una encuesta en la que señalaba el racismo creciente en la sociedad de Israelí.

Los diferentes Gobiernos de Netanyahu asumen que la ocupación no va a terminar de forma negociada. Ocupar a una población de más de cuatro millones de habitantes que no quiere ser ocupada no puede ser sino de forma violenta (esto ya me lo decían en el 2008 varios amigos ex-soldados israelíes; la ocupación no puede ser de otra manera). Una violencia más sistemática que la que se recogen en los parámetros del libro de Pinker.

Estas semanas estamos siendo testigos de las terribles consecuencias de la violencia de la ocupación cuando la presión continua empieza a ser ingobernable: ataques desesperados, ejecuciones extrajudiciales, encendidas expresiones de odio, llamamientos a tomarse la justicia por su mano (de nuevo el “Salvaje Oeste” con sus vaqueros y sus indios). Y no olvidemos que los protagonistas directos de esta violencia, tanto israelíes como palestinos, son jóvenes que a diferencia de las generaciones anteriores han crecido ya con un muro que les separaba, donde muchos se han encontrado por primera vez con el otro mediando un fusil entre ambos en un check-point o en una incursión militar. Son producto de la ocupación. Y me aferro al optimismo de tu libro, Steven, pero para que aquí se cumplan tus tesis es necesario que termine la ocupación.