Otras miradas

La telemedicina y los mayores

Ana Bernal-Triviño

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Un hombre de 78 años ha lanzado una petición en Change.org para que los bancos atiendan a los mayores de forma presencial. Denuncia que, desde la pandemia, se ha reducido esa atención trasladándose a Internet, donde personas como él no tienen acceso o no saben manejarlo. Dice que aunque el banco comenta tener una línea de teléfono como asistencia, nadie la atiende. La realidad de este señor es la que viven centenares de personas mayores en el acceso a múltiples servicios importantes. Pero, sin lugar a dudas, para mí hay un sistema burocrático, al que se le ha sumado el digital, que afecta particularmente a los mayores en una situación crítica: la salud en esta pandemia.

Por lo que nos toca, en mi casa hemos tenido muchas visitas a las plantas de oncología y allí descubres lo importante que es tener alguien que te sostenga no solo emocionalmente, sino asistencialmente. Decenas y decenas de casos pasaban ante nuestros ojos donde las cuidadoras o cuidadores tenían que afrontar una acumulación burocrática en las gestiones para pedir cita médica, revisiones, sesiones de quimio, radio, analíticas, farmacia… 

No sé si, realmente, el sistema sanitario ha pensado que cuando enfermas, sin fuerza alguna, cualquier trámite administrativo más complicado de lo normal supone un sobreesfuerzo. Porque muchas veces incluso pedir un solo papel o documento lleva a tener que desplazarse a otro edificio o planta, cuando el cuerpo enfermo solo pide encogerte en una silla y que pase el dolor.

La burocracia de la asistencia médica estaba bastante antes de la covid  y ahora, desde que llegó la pandemia, se complica. Y, sobre todo, para las personas mayores. Quienes son más vulnerables se encuentran cómo se retrasan sus citas, los diagnósticos o las revisiones de sus enfermedades crónicas, que necesitan un control. 

Ahora, o sabes de tecnología, o es muy complicado que las personas mayores puedan gestionar todos los trámites administrativos. La edad se convierte en obstáculo, y la brecha digital, otro más. No es que les infantilicemos. Que sepan manejar su móvil no significa que ya sepan manejar todas las tecnologías. Incluso quienes estamos habituados sabemos que siempre estos accesos no son fáciles de manejar, con fallos continuos y formas de registro complicadas… ¿De verdad creen que sus padres o madres hubiesen podido tener asistencia frente al covid si no fuera por las hijas, nietos… que les han echado una mano? Quienes no hayan tenido esa opción inmediata de pedir ayuda no sé cómo lo han solucionado. Y me apena pensar que incluso algunos hayan desistido de su asistencia por este motivo.

La telemedicina puede estar bien cuando se cumplen dos criterios: sistemas accesibles y fáciles de usar (es decir, que funcionen realmente) y, por otro lado, que no se retire el resto de asistencia telefónica o presencial para poner solo una forma de acceder a las gestiones. Porque de lo contrario, al final, se produce una desasistencia, que se traduce en desigualdad y desamparo. Y, lo peor aún, pone en riesgo la vida de unos mayores o de personas dependientes que, abrumadas por esa nueva burocracia digital, sientan que están frente a un muro imposible de saltar y abandonen. Seamos conscientes de que no todo el mundo tiene una cuenta en TikTok ni Instagram. Que la salud debe ser un servicio universal para todos. Y garantizar la salud empieza por el acceso. No hagan laberintos para que nuestros mayores se pierdan por el camino. Esa exclusión tiene un coste muy caro.