Otras miradas

En Ciudadanos no caben las ciudadanas

Cristina Castillo

Responsable de Igualdad de Podemos Comunidad de MadridRaúl RojasMiembro del Área Estatal de Mujer e Igualdad

Cristina Castillo
Responsable de Igualdad de Podemos Comunidad de Madrid
Raúl Rojas
Miembro del Área Estatal de Mujer e Igualdad

El pasado 7 de noviembre decenas de miles de mujeres y hombres, niños y mayores de todas las ciudades y de todas las clases inundaron las calles de Madrid al grito de "ni una menos". Desde entonces y en poco menos de dos semanas se han producido 8 nuevos asesinatos machistas.

Apenas 5 días después de la manifestación y con la cifra de asesinadas creciendo, el fundador de Ciudadanos Arcadi Espada tuvo a bien publicar en El Mundo una de sus apasionantes opiniones al respecto. Sin duda tiene muchas cosas que decir. Muchas. Y apasionantes.

Tiene que decir que la violencia machista no es tal: un mero "crimen entre individuos", "crímenes de pareja". Una "violencia particular cuyas raíces son casi insondables". Para esas decenas de miles de mujeres, y de hombres, y de niños y mayores que de Atocha a Plaza España llenamos las calles, esas razones "insondables" nos parecen bastante evidentes. Nos parece que más de 50 asesinadas al año, 62 millones de europeas víctimas de violencia machista o un 12% de niñas víctimas de agresión sexual no son, no, un asunto privado. Nos parecen, las razones, evidentes. Porque es la punta del iceberg. Porque esos crímenes son la última (y más trágica) expresión de un problema que no es privado ni doméstico sino público y social: la creencia de que las mujeres somos inferiores. Y así es que cobramos menos por realizar los mismos trabajos. Y así es que teniendo más titulaciones universitarias y con mejores notas accedemos menos a los trabajos cualificados y puestos de dirección. Con 3 puntos más de paro y, en definitiva, menos independencia económica y más riesgo de pobreza, no sentimos, las mujeres, que esto sea un asunto privado con nuestras parejas. Creemos, aunque a algunas mentes preclaras les resulte insondable, que la causa es que en nuestro país, como en tantos otros, las mujeres aún somos ciudadanas de segunda cuyos derechos humanos no se respetan plenamente. Derechos humanos que no son los trapos sucios, de puertas a dentro, de alguna que otra pareja malavenida.

Tiene que decir que en España mueren mujeres por violencia machista "a niveles de tipo medio". Para algunos las mujeres debemos ser algo así como recursos que como existimos de sobra, la sociedad puede permitirse que nos maten si es dentro de ciertas cifras, como quien se deja la luz encendida o quien no cierra el grifo al ducharse. Que nos matan lo normal, vaya. Así que dando gracias. No, señor Espada. Aunque le parezca insondable las mujeres somos seres humanos y cuando decimos "ni una menos" es ni una menos. Y ni una más.

"Absurda manifestación", para él, la que llena Madrid desde Atocha a Plaza España. Que al señor Espada la importancia que se le da a que nos estén matando es exagerada, ya que "los hombres mueren mucho más que las mujeres". Tiene muchas cosas que decir. Muchas y, sin duda, apasionantes. Como que espera iguales manifestaciones por el cáncer de próstata o el suicidio. Y en cierto modo no sin razón, ya que según el INE las causas de que la tasa de mortalidad masculina sea superior a la femenina son los tumores y el suicidio (junto con otras como cirrosis o sistema respiratorio). Lo que olvida aquí es un delicado matiz que es, sin embargo, crucial. Esa sutilísima diferencia entre morirte (o matarte) y que te maten, que te quiten la vida. Supongo que es algo que también le resulta insondable.

"El negocio del sexo". "Desvergonzada instrumentalización cuya única intención real es la de hacer negocio con el crimen" para "atacar a los hombres de derechas". Señor Espada, tenemos cosas más útiles que hacer negocio con nuestras muertes para atacarlo a usted. Cosas como, por ejemplo, vivir nuestras vidas, esas por las que nos manifestamos. Porque por insondable que sea y pese a que en su concepción de lo que son los ciudadanos no tengamos cabida, ha venido a dar en suerte que somos ciudadanas.

Quizá saberlo le resulte tan apasionante como todo lo que tiene que decir sobre nosotras: somos personas y resulta que como tal, como usted y como cada cual, nos queremos vivas.