Otras miradas

Un año del documental de Rocío Carrasco

Ana Bernal Triviño

Rocío Carrasco durante el documental emitido por Telecinco.- MEDIASET

La semana pasada recibí muchos mensajes de que hacía un año del documental de Rocío Carrasco. Mi "año" se cumple esta semana. En el primer programa fue mi compañera Ana Pardo de Vera, quien recibió ataques en redes sociales por su presencia allí. Luego comprobé cómo aquel odio que, como periodista feminista ya había recibido antes, se multiplicó de forma incontrolable durante los siguientes diez o doce programas. Y aún dura hoy.

No hay duda de que solo por salvar a una mujer mereció la pena. Y salvar, salvamos. Aún me llegan mensajes de Policía, Guardia Civil, agentes… agradeciendo parte de aquel trabajo de pedagogía sobre la violencia machista. Muchas mujeres abandonaron a unas parejas violentas que podían haber hecho que hoy ellas estuvieran bajo tierra. Aunque haya cifras que molesten, el documental provocó la mayor subida intermensual de llamadas al 016 de la historia: un 61% solo en el mes marzo. Quienes hemos estado de cerca con víctimas sabemos del esfuerzo titánico que supondría para ellas marcar ese número de teléfono, esperar los tonos, sentir una voz al otro lado y hablar. Nunca se les olvida. 

Cambiamos algunas mentes que no veían violencia. Y una parte de la sociedad puso nombre de violencia vicaria no solo a Rocío Carrasco, sino al caso de Tomás Gimeno y otros. Para algunos puede no ser nada. Para quienes estamos en el fango de todo esto, más allá del tuit del día, sabemos que es mucho. A la misma vez, con la coincidencia de la desescalada, entre mayo y junio de 2021, fueron asesinadas 13 mujeres, un aumento terrible que demostraba que la violencia de género estaba ahí, aunque los negacionista aprovecharan el documental para desacreditarlo, con un movimiento vergonzoso en redes sociales.

Pero luego ha venido la otra parte. Porque lo que podía suponer un avance, como ruptura de silencio, tenía que tener, como siempre, una respuesta patriarcal regresiva. Aquel documental no era solo el de una mujer que denunciaba a un hombre, sino que señalaba los fallos del sistema.


Un año después, aún algunas mujeres se quejan por la atención que reciben en algunas instituciones, muy lejos de lo que necesitan. Un año después, es cierto que se contempla con más peso la violencia vicaria y el rechazo al SAP (Síndrome de Alienación Parental) de forma legislativa, pero también sigue una letra pequeña que va en contra de los menores y de sus madres. Un año después, incluso la Fiscalía ha tenido que dar un toque de atención por las "dificultades" a la hora de aplicar las últimas reformas legales que buscan proteger a los hijos de víctimas de violencia machista. 

Un año después Naciones Unidas ha dado más de tres avisos a España, y advierte de un "patrón estructural" en "la Justicia española que desprotege a los niños y discrimina a las mujeres". Un año después, Naciones Unidas remarca que a pesar de los avances legislativos, "solamente será efectivo si se la acompaña de otras medidas como la capacitación, formación y la transversalización de un abordaje sensible al género", por lo que los agentes jurídicos tienen aún pendiente comprender a las víctimas y evitar sentencias repletas de estereotipos. 

Un año después se sigue revictimizando no solo a Rocío Carrasco sino a las que han decidido contar su verdad. Se sigue entendiendo la maternidad como el sacrificio o la negación absoluta, aunque tus hijos quieran dañarte. Un año después se niegan sentencias y se hacen pasar sobreseimientos por juicios no realizados y absoluciones falsas. Un año después, sabemos que hay más jóvenes que niegan la violencia de género. Y un año después, Vox, el partido que lleva en su programa electoral, derogar la ley de violencia de género, avanza posiciones rodeados de cómplices.


Un año después, queda mucho por hacer mientras nos dan por todos lados, incluso quienes decían "querer aprender del feminismo" pero que luego te señalan cuando adviertes de algo porque solo quieren un feminismo adaptado a lo suyo. De todo aquello, yo guardo los mensajes de muchas de las ahora supervivientes. Me quedo de recuerdo aquella libreta morada que llevaba a cada programa, con sus tachones, palabras clave e ideas que no quiero olvidar jamás. Y me quedo con la gente que estuvo y está, más allá del momento y del oportunismo. Poca, pero la suficiente. 

Un año después, ¿significó algo en la vida de muchas mujeres? Muchísimo. ¿Significó algo para las instituciones? Lo pongo en duda. Por eso me dicen: "El machismo ha ganado". Y yo respondo: "No, es que nunca ha perdido".