Otras miradas

El órdago de Podemos al PSOE: todo discurre según lo esperado y cada vez con mejores resultados

Pedro Antonio Honrubia Hurtado

Miembro del Colectivo Kaosenlared y militante de la CUT y Podemos

Pedro Antonio Honrubia Hurtado
Miembro del Colectivo Kaosenlared y militante de la CUT y Podemos

Podemos sigue empeñado en marcar la agenda política según la estrategia que viene desarrollando desde la misma noche de las elecciones, apenas se conocieron los resultados de las diferentes fuerzas. Donde el resto de partidos parece perdido, Podemos se mueve como pez en el agua. "Todo es caos bajo las estrellas, la situación es inmejorable", conocida expresión de un clásico, parece ser la máxima que está impulsando la acción del partido morado en este poco más de un mes que llevamos desde las elecciones del pasado 20-D. Ni los jaleos sobre la conformación de los grupos parlamentarios, y el evidente intento de la prensa y de los partidos del régimen por romper las buenas relaciones entre Podemos y sus confluencias (que tanto daño les han hecho electoralmente), ni la sucia campaña de acoso y derribo desatada por las filtraciones del Ministerio del Interior a la prensa lacaya amiga, han evitado que el partido de los círculos haya vuelto a poner patas arriba la política española con su estrategia. Cobrando además especial relevancia el hecho en esta semana en la que, además de lo dicho, la maquinaria del régimen estaba empezando a poner, sin medias tintas ya, toda la carne en el asador para forzar un acuerdo de gobierno entre los partidos del régimen --si es que no está ya más que atado y bien atado--.

Una propuesta de gobierno… o lo mismo que antes pero con propuesta de gobierno

"Frente a la irresponsabilidad de los partidos tradicionales, que parece que están muy cómodos simplemente haciendo declaraciones, hemos decidido tomar la iniciativa y dar un paso adelante, no caben medias tintas en estos momentos, o se está con el cambio, o se está con el inmovilismo y con el bloqueo",  decía Pablo Iglesias al iniciar su rueda de prensa tras haberse reunido con el "Jefe del Estado", y justo antes de anunciar que "estoy dispuesto a ponerme a trabajar con Pedro Sánchez y Alberto Garzón para explorar los ejes de gobierno que se deben tener en cuenta".

Esos ejes pasan, según explicaba, por la denominada como Ley 25 de emergencia social (no a los desahucios sin alternativa habitacional, no a los cortes de suministros básicos a personas con bajos recursos económicos, etc.), así como por atajar la situación de los cientos de miles de personas que se encuentran sin empleo y que no reciben ninguna prestación económica --careciendo de cualquier ingreso--, además de una serie de medidas de Estado, que coinciden con los cinco puntos de reforma constitucional defendidos desde hace meses por el partido, para afrontar la segunda transición que, según Iglesias, estamos viviendo (blindaje de los derechos sociales en la Constitución, fin de las puertas giratorias, reforma del sistema electoral para hacer efectiva la proporcionalidad que ya la actual Constitución recoge, independencia del poder judicial y reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado que implique la búsqueda de salidas democráticas a los problemas "territoriales" como el que actualmente se vive en Catalunya). Todo ello expresado, además,  como apertura de un periodo constituyente donde los ciudadanos, así como los diferentes pueblos del Estado, tengan voz y voto en el mismo.

Casi nada y, a la vez, exactamente lo mismo que vienen defendiendo desde hace meses, antes y después de las elecciones. Con una novedad: Iglesias se ha propuesto como vicepresidente de un Gobierno, liderado por Sánchez, que se muestre dispuesto a responder a tales demandas políticas urgentes y constitucionales y que, además, cuente en ese Ejecutivo con la presencia de, al menos, un ministro de Izquierda Unida, y para el que, además, las negociaciones para su formación se difundirán en directo para todo el mundo. "España no puede esperar", remató el dirigente.

Pero por si el desafío al PSOE no hubiera sido ya lo suficientemente grande con todo lo dicho, unas demoledoras palabras le pusieron el broche de oro al órdago lanzado ante la atónita mirada de los periodistas presentes, que no salían de su asombro en muchos casos: "No nos vamos a engañar, creemos en hechos y no en palabras, no nos fiamos nada del PSOE ni de sus viejos aparatos. Queremos personas que tengan coherencia entre lo que se dice y lo que se hace." Toma, apúntate esa, Pedro. ¿Ahora qué?

Revertir privatizaciones, acabar con los recortes, reconocer la plurinacionalidad del Estado a través de un Ministerio de Plurinacionalidad, independencia de la RTVE, acabar con los ministros que reciben a corruptos y vulneran los derechos civiles, ser potencia en la cooperación al desarrollo y en la defensa de los derechos humanos, decir NO al TTIP que acaba con la soberanía de los pueblos y entrega todo el poder a los mercados y los poderes no electos, han sido, entre otras, las propuestas concretas de Iglesias para entablar esas negociaciones. Para ser un partido al que muchos acusan de no tener las ideas o un discurso claro, no parece poca cosa ¿no? Ainsss Pedro --Sánchez--, respira, respira. Ahí tienes tema para negociar eh. Pero mucho tema. ¿Sorprendido? Seguramente, no.

¿Una propuesta sorpresa?

En realidad, ya digo, no es nada nuevo: es exactamente la misma estrategia y el mismo discurso, con las mismas propuestas, que Podemos y sus principales dirigentes llevan haciendo desde hace meses, con las que se presentó a las elecciones y la misma que ha desarrollado tras ellas como estrategia postelectoral. Incluido, para más inri de partidarios varios del inmovilismo, el asuntillo ese del referéndum en Catalunya, que por enésima vez Podemos ha vuelto, valientemente y sin dudar un instante, a reivindicar.

Ya lo dije hace unas semanas en otro artículo: la previsible campaña para culpabilizar a Podemos por una posibles futuras elecciones --atacando con el tema de Catalunya y tratando de movilizar las bajas pasiones nacionalistas españolas de los electores-- la han abortado antes siquiera de que empezara a trazarse. Ahora ya de manera total. La pelota está en el tejado del PSOE y ahora de manera casi definitiva: con una propuesta real y concreta encima de la mesa. Por si, como dije entonces también, el PSOE y sus barones intentaban tensar la cuerda hasta el extremo y trataban de responsabilizar a Podemos de que hubiera unas nuevas elecciones y no se permitiera por eso gobernar a la "izquierda" (abriendo también con ello las puertas a un nuevo Gobierno del PP).

La jugada de Podemos, pues, entraba dentro de lo previsible y sigue, sin más, para cualquiera que haya seguido la actualidad del partido, el guión marcado por Pablo Iglesias en la misma noche del 20-D, la comparecencia del 21-D y la rueda de prensa en La Moncloa. Es un órdago al PSOE en toda regla. Presentado además mediante un discurso perfectamente trazado y poniendo el acento en las prioridades sociales; en definitiva, en recoger los deseos de "cambio" expresados en las  urnas por las mayorías sociales. Con el marco contextual-referencial "segunda transición-cambios constituyentes" como trasfondo histórico desde el que enfocar las propuestas y planteamientos esgrimidos, marcando claramente las diferencias entre las fuerzas "del cambio" y los "representantes del inmovilismo", sacando la discusión entre Podemos y el PSOE del eje Catalunya-España (que Susana Díaz y otros barones han intentado impulsar en forma del manido argumento del "referéndum como línea roja", que escondía en realidad el rechazo de tales barones a negociar con Podemos) y llevándolo al debate amplio sobre las demandas políticas que exigen los tiempos, la conformación de un Gobierno que dé respuesta a esas demandas y las necesidades concretas de la situación política y económica real que vive el Estado, tanto en el plano de las cuestiones "urgentes" como en el plano de las cuestiones de "cambio constitucional".

El debate pasa ahora de ser como hasta ahora un debate de "titulares" en los medios del régimen a ser un debate mucho más serio, auténtico y creíble para la ciudadanía: la negociación real sobre propuestas concretas para formar gobierno y sobre medidas legislativas urgentes a impulsar desde ya (antes incluso de acordar un posible Gobierno). Un escenario que juega totalmente a favor de Podemos y en contra del PSOE --que ya no puede recurrir a excusas para seguir echando balones fuera--. Ha sido, sin duda, la propuesta concreta en el tiempo oportuno para seguir adelante con la estrategia postelectoral que tan brillantemente vienen desarrollando desde el mismo día de las elecciones. Por tanto, sorpresa, en realidad, ninguna. Más bien pura consecuencia de tal estrategia y refuerzo ideal de la misma.

De hecho,  en el artículo antes citado ya aventuré que si el PSOE pensaba seguir culpando a Podemos por un posible no acuerdo entre ambas partes, recurriendo al tema de Catalunya o a desencuentros como los tenidos en relación al tema de la conformación de los grupos parlamentarios, "saldrían nombres de izquierdas, e incluso algunos de ellos ligados al PSOE por tradición, encima de la mesa. Al tiempo". Esperaba entonces que a estas alturas, o un poco después, se pusieran sobre la mesa nombres de consenso tipo Pérez Tapias o algún otro del PSOE o de la órbita del PSOE, justificado en la cerrazón de Pedro Sánchez y los barones del PSOE a negociar con Podemos. Pero teniendo en cuenta que Pedro Sánchez se ha dejado querer en las últimas semanas --mostrándose aparentemente muy decidido a intentar formar Gobierno-- y que tanto En Marea como Es el moment (Compromís-Podemos) habían anunciado ya públicamente su disposición a apoyar un Gobierno de Pedro Sánchez, es lógico que el dirigente que finalmente ha saltado a la palestra, y de qué manera, sea directamente Pedro Sánchez.

Ya no era necesario recurrir a ningún otro, sobre todo teniendo en cuenta el enfrentamiento interno que se vive en las filas del PSOE y el daño que una propuesta así puede hacerle al partido por esa vía. El órdago afecta al PSOE en lo externo, pero de la misma manera lo afecta en lo interior, profundizando en su división interna. Jugada maestra.

Y que meta a IU en la ecuación de ese hipotético nuevo Gobierno marca las verdaderas líneas rojas propuestas para negociar: izquierda y sólo izquierda (programa, programa, programa, que diría Sánchez… perdón, Anguita). Pero, sobre todo, lo interesante es que, como he dicho antes, la propuesta sigue en la misma línea, exactamente en la misma línea, de condiciones fijadas desde el principio por Podemos para una negociación:

Ley de emergencia, puertas giratorias, independencia de la Justicia, reforma electoral, derecho a decidir.

 ¿Derecho a decidir? Ven, que vamos a negociar… conmigo y con dos más

PSOE+Podemos+IU, no obstante, no suman. Y aquí viene el otro detalle a resaltar, por interesante que puede resultar el movimiento. Para poder llegar a formar un Gobierno así necesitan a ERC y PNV. Y en ambos casos tales partidos tienen una condición, para aceptar apoyar la investidura por activa o por pasiva de un Gobierno liderado por el PSOE, que ya ha sido hecha pública con anterioridad: derecho a decidir. Ese asuntillo que tanto usan los partidos del régimen y sus medios para azuzar la irracionalidad y las bajas pasiones de los votantes españoles. Podemos, con ello, asumiendo que las negociaciones se deben extender también hasta estos partidos para que se pudiera dar ese Gobierno de PSOE+Podemos+IU, se descarga así, en parte, de la responsabilidad exclusiva sobre el planteamiento de este debate en la negociación, pasando en cierta medida a las negociaciones bilaterales que pudiera mantener el PSOE con estos grupos, pues a fin de cuentas es el PSOE el que quiere formar Gobierno. Y dejando a la caverna y a los partidos del régimen sin demasiada capacidad de maniobra con uno de sus temas estrella.

El PSOE sigue perdido y sin saber si tirar hacia la derecha… o hacia la derecha

La respuesta del PSOE, por su parte, en boca de Pedro Sánchez --según se desprende de la rueda de prensa que daba también tras reunirse con el rey Felipe--, ha sido tan sutil como clara: quieren sacar a ERC y PNV del ajo y meter a C's en él. Hasta tres veces citaba Sánchez al partido naranja en su alocución: citando a Ciudadanos expresamente como partido con el que negociar un posible acuerdo de investidura y/o gobierno, aludiendo a la necesidad de hablar con Albert Rivera la formación de ese hipotético Gobierno y, lo más sorprendente, cuando ha afirmado que su Ejecutivo estaría abierto a negociar "a izquierdas y derechas". Blanco y en botella. Parece clara cuál ha sido la respuesta de Sánchez al ofrecimiento de Iglesias: "Sin Ciudadanos no, gracias". Y menos con ERC de por medio (afirmación textual de Sánchez a preguntas de los periodistas).

Su idea, pues, es un Gobierno "progresista y reformista" --así lo ha definido él-- apoyado por Podemos y C's. Lo que en la práctica supone querer el Gobierno monocolor del que vienen hablando en estas últimas semanas desde el equipo de Sánchez: es decir, un Gobierno del PSOE en solitario apoyado por C's y Podemos en la investidura. Porque las otras dos vías --PSOE+Podemos (apoyado por C's en la investidura), o PSOE+C's (apoyado por Podemos en la investidura)-- están cerradas tanto a un lado por C's (no quieren a Podemos en un Gobierno y ya lo han dicho múltiples veces) como al otro por el propio Podemos (en su ecuación no tiene cabida C's: izquierda y sólo izquierda). La pelota está, en definitiva, en el tejado del PSOE, que ahora tendrá que elegir entre aceptar la oferta de Podemos y negociar además con ERC y PNV (entre otras cosas, el derecho a decidir), o insistir en querer sumar a C's para salir elegido presidente con algunas de las fórmulas posibles que incluyan el apoyo de este partido (lo que de cara a sus votantes de izquierdas sería un mensaje, digamos, poco positivo). Todo un papelón del que difícilmente puede salir airoso el PSOE (salvo que llegue a una gran coalición con el PP).

Así que, por paradójico que parezca, estamos exactamente en el mismo punto en el que estábamos en la semana siguiente al 20-D, con Podemos llevando la iniciativa y haciendo las mismas propuestas, pero con la diferencia de que su último movimiento ha logrado dar un jaque casi definitivo al PSOE, que cuenta en la práctica con pocas opciones para salir de él sin que el mate lo aceche (incluso en el caso de optar por la gran coalición). Y con algo que casi podemos ya empezar a dar por seguro: en el caso de nuevas elecciones, Podemos le está cerrando al PSOE todos los espacios de campaña y le está señalando directamente con el dedo como responsable de que no haya un Gobierno "de izquierdas", ya que el PSOE, de no aceptar la propuesta, mostrará sus simpatías por tener entre sus aliados a C's, un partido de "las derechas". Es decir, el partido de derechas que dijo el propio Sánchez en el debate. ¿Te acuerdas Pedro? Podemos tiene ya al PSOE donde quería. Justo donde quería. Cocido y en su salsa. No es de extrañar la reacción que ha desatado.

¿Nuevas elecciones? Pues venga…

En definitiva, hemos asistido a un nuevo movimiento tan inteligente como esperable de Podemos. Sumado, otra vez, a una respuesta torpe (y previsible) del PSOE. En Podemos se frotan las manos y en Ferraz y demás sedes baroniles del PSOE se deben estar tirando de los pelos. El tiempo juega en su contra, y cada vez con más intensidad y rapidez. Haya elecciones en el corto, el medio o el largo plazo, la situación en este momento parece inmejorable para Podemos (al menos en su batalla contra el PSOE). Y es que, como decimos, todo es caos bajo las estrellas.