Opinion · Otras miradas

Necesitamos un plan B para Europa 

Xabier Benito

Eurodiputado Podemos

Xabier Benito
Eurodiputado Podemos

La Unión Europea se encuentra en crisis. Una crisis no solo económica, debida a un período de recesión puntual, sino una crisis estructural, que pone en riesgo la continuidad del proyecto de unión de los países europeos. Además en varios países, principalmente Francia, la extrema derecha está capitalizando el descontento a través de posiciones ultraconservadoras y abiertamente xenófobas.

Esta crisis está provocada por tres cuestiones que se ven aflorar diariamente en los debates del parlamento europeo como una flecha que atraviesa varios puntos críticos.

En primer lugar, la respuesta dada a la crisis de los y las refugiadas ha desvelado la verdadera cara insolidaria e hipócrita de la Unión Europea, más preocupada por el riesgo de ruptura del espacio de libre tránsito Schengen, y como probable consecuencia de esto también del mercado único, que por las miles de personas, niños y niñas que mueren ahogadas huyendo de la guerra. Una guerra de la que las potencias mundiales, incluidas la UE, son responsables por su política exterior más basada en la geoestrategia energética y comercial que en la búsqueda de la paz. Según datos de Acnur, en el período comprendido entre enero y septiembre de 2015, unas 2.500 personas murieron ahogadas en el Mediterráneo. La semana pasada otras 41 personas refugiadas han muerto ahogadas en el mar Egeo, de las cuales 17 eran niños y niñas. La foto que conmocionó a la prensa mundial el año pasado solo es una de las muchas muertes que suceden cada semana.

En segundo lugar, nos encontramos ante una Unión Europea manifiestamente antidemocrática, con una arquitectura institucional en la que órganos no electos, como el BCE u organismos como el Mecanismo Europeo de Estabilidad, deciden las políticas de los Estados miembros por encima de los mandatos ciudadanos, como en el caso griego. “No puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos” declaró Juncker. Grecia fue obligada a aceptar un tercer memorándum que aplicaba las mismas recetas que sus fracasados antecesores, haciendo la deuda más insostenible y condenando al pueblo griego a la pobreza. A día de hoy 2 de cada 5 niños y niñas viven en Grecia bajo el umbral de la pobreza.

Por último, y como consecuencia, la creciente pobreza y sangrante desigualdad aleja a la ciudadanía de sus esperanzas en el proyecto europeo. En la Unión Europea, 123 millones de personas están en riesgo de pobreza y exclusión social, lo que supone una cuarta parte de su población, mientras que 342 personas son milmillonarias. Es necesario acabar con el fraude a través de una política fiscal justa y el fin de los paraísos fiscales para poder aplicar políticas sociales en pro de la igualdad y contra la pobreza. Algunas multinacionales han disfrutado de tipos impositivos inferiores al 1%, mientras que sus lobistas presionan a los gobiernos y se pasean por las instituciones europeas con propuestas ya redactadas para ser directamente aprobadas. La ciudadanía, sin embargo, no tiene la misma capacidad de influencia y participación y tiene que intervenir por difíciles vías, como las Iniciativas Ciudadanas Europeas, que requieren un gran número de firmas. A día de hoy sólo 3 de 31 han llegado a buen puerto, y de ellas sólo una, ha logrado que la Comisión Europea haya comenzado a moverse.

Sin solidaridad, sin democracia y sin igualdad no es posible construir una Europa por y para las personas. Por eso, en este momento es necesario pensar en una Europa diferente. Frente al plan A de la Troika y de los lobbies corporativos, construyamos un plan B de los pueblos y de la solidaridad entre los mismos. De poco nos servirán los marcos de soberanía que desde Euskal Herria y el resto del Estado español queremos construir, basados en el libre derecho a decidir sobre todos los aspectos, si las supraestructuras europeas van a coartar y convertir estas decisiones en papel mojado. Por ello, los próximos 19, 20 y 21 de febrero en Madrid tenemos la oportunidad de debatir y consensuar una hoja de ruta común para todos los colectivos y fuerzas transformadoras de Europa. Allí nos vemos.