Otras miradas

Islas Salomón y la globalización de la geopolítica

Augusto Zamora R.

Autor de 'Malditos libertadores', 'Réquiem polifónico por Occidente' y 'Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos'. Exembajador de Nicaragua en España

El presidente ruso, Vladimir Putin (izquierda), y el presidente chino, Xi Jinping, posaron para una fotografía durante su reunión en Beijing, el 4 de febrero de 2022.
Alexéi Druzhinin / Sputnik / AFP

Islas Salomón es un pequeño Estado archipelágico situado al oeste de Papúa-Nueva Guinea y al suroeste de Australia. Tiene apenas 28.900 kilómetros cuadrados y 648.000 habitantes. Fue colonia británica y su moneda es el dólar salomonense, lo que dice no poco de su economía. Hasta hace algunas semanas era un Estado sin importancia, hecho que fue así hasta que, el pasado 19 de abril, firmara un acuerdo de seguridad con China, acuerdo que levantó ampollas en EEUU y Australia, cuyos gobiernos pegaron, no gritos, sino alaridos en el cielo y más allá, alertando que ese acuerdo podría permitir que China estableciera una base naval en el archipiélago. Pese a los inmediatos desmentidos de Beijing y Salomón, las advertencias y admoniciones australianas y estadounidenses fluyeron en cascada. El gobierno australiano envió sin demora una misión ministerial. Otra arribó después desde EEUU. Los emisarios yanquis declararon que EEUU prestaría más atención al país y que, incluso, abriría una embajada en Islas Salomón.

El 24 de abril, el primer ministro australiano, Scott Morrison, afirmó que la construcción por parte de China de una base militar en Islas Salomón sería una "línea roja" para Camberra y EEUU. Australia, afirmo Morrison, "no quiere ver bases navales chinas a la vuelta de la esquina". Morrison agregó que el gobierno salomonense le había prometido que no habría bases chinas en su territorio, pese a lo cual, tanto en EEUU como en Australia, las espadas siguieron en alto. Por su parte, -cita textual de un comunicado-, "La delegación estadounidense indicó que hay potenciales implicaciones de seguridad en el acuerdo, tanto para Estados unidos como para sus aliados". Aunque se reconocía el derecho de los Estados a tomar "las decisiones de soberanía en el mejor interés de su pueblo", la delegación advirtió que, si se llegara a establecer una base militar china en las Salomón, EEUU expresaría su "preocupación seria" y reaccionaría en consecuencia. Vamos, que solo falto agregar que el país sería invadido, algo que pidieron en Australia altos personajes de la política, desde los aledaños del gobierno.

Contada así la noticia, no dice mayor cosa. Situándola en su contexto real, ese del que no se habla en estos ‘democráticos’ y ‘libérrimos’ países, se podrá entender la causa real del toque a rebato en Washington y Camberra. Esa causa tiene que ver con un tema que ya hemos tocado varias veces (y que seguiremos tocando) y del que se hablará bastante más en el futuro, inevitablemente: la estrategia militar de EEUU contra China, de cara a un más que probable enfrentamiento bélico. Dicha estrategia es perversamente simple: consiste en imponer un cerco militar y político al territorio chino desde dos cadenas de islas que rodean completamente tanto el Mar Oriental de China como el Mar Meridional. La primera y más relevante cadena parte de Corea del Sur, sigue por Japón, enlaza con Taiwán y continúa por Filipinas hasta alcanzar Singapur. Toda esta larga cadena de islas, de casi 5.000 kilómetros de largo, está llena de bases militares estadounidenses, a las que deben sumarse las propias de cada uno de estos países, particularmente Japón, país que lleva una década en un acelerado proceso de rearme, respecto del cual China ha hecho saber, de múltiples maneras, su preocupación y los riesgos que esto conlleva.

La segunda cadena es muchísimo más extensa, tanto, que va de Alaska a Australia, país al que EEUU ha elevado de categoría, declarándolo retaguardia estratégica de los dos cinturones de fuego. Sobre esta segunda cadena EEUU ha construido su nuevo concepto geoestratégico de "Región Indo-Pacifico", custodiada por la Flota del Pacifico, la mayor y más potente de todas las flotas estadounidenses. Desde California y Alaska EEUU quiere controlar el Pacifico Norte y a Rusia; de California y Australia, el Pacifico Central y Sur. La "zona caliente", la que tiene directamente a China enfrente, tiene sus bases más relevantes en Hawái, Guam y la isla Wake, haciendo recaer en las bases navales y aéreas de Australia una función esencial de soporte y control de los mares y de los estrechos que permitirían cerrar todas las vías marítimas de entrada y salida a los mares de China. Hablamos, esencialmente de los estrechos de Malaca y Sonda, cuyo control sería asegurado por fuerzas conjuntas de EEUU y Australia y -eventualmente, si son aceptadas las estrategias de EEUU- por buques europeos de la OTAN.

Núcleo central de la estrategia militar de EEUU es impedir que China pueda ‘saltarse’ de alguna manera los dos anillos de fuego construidos durante los últimos treinta años. Esa es la razón que explica la reacción vehemente e inmediata de EEUU y Australia al acuerdo de seguridad entre Islas Salomón y China. Este país archipelágico está fuera del segundo anillo de fuego y, si llegara a concretarse la posibilidad de una base naval china, podría la Armada de la potencia asiática atacar al segundo anillo desde la retaguardia, obligando a EEUU combatir -al menos en lo que aguante la base china- en dos frentes, lo que rompería la estrategia militar de ahogamiento de EEUU. El control de los mares es la sustancia de la doctrina militar estadounidense, como se recoge en el documento Advantage at Sea, de diciembre de 2020:

"Los mares disputados requieren un énfasis renovado en el control del mar. Negar a nuestros adversarios el uso de los mares frustra sus objetivos bélicos directos y desbarata sus esfuerzos por amenazar a nuestros aliados y a la patria estadounidense desde el dominio marítimo. Debemos aumentar nuestro énfasis en el control de los mares en los conflictos para proporcionar a las fuerzas conjuntas y aliadas la libertad de maniobra para atacar a las fuerzas adversarias e imponer costes a nivel mundial."

Hal Brands, de la cátedra Henry A. Kissinger y "distinguished professor of global affairs at Johns Hopkins University’s", hace una relación interesante entre China y Rusia, pasando por Ucrania, en un artículo de título militante: Opposing China Means Defeating Russia (Oponerse a China significa derrotar a Rusia), de abril de 2022. La tesis del distinguido profesor Brands es que "China es el más formidable de los enemigos autocráticos de Estados Unidos, y Washington puede infligirle una severa derrota estratégica si se asegura de que Rusia pierda su guerra en Ucrania". Para Brands, "Ningún observador serio se preocupa por el surgimiento de un mundo rusocéntrico, incluso si Putin puede desestabilizar seriamente el sistema existente. No obstante, China depende de una Rusia fuerte y solidaria: Xi no puede lograr sus objetivos sin ella".

Brands especifica aún más su tesis:

"La dependencia china de Rusia sería aún mayor en caso de guerra. Una Rusia dirigida por Putin constituiría una enorme retaguardia amiga, liberando a China para concentrar sus fuerzas contra Estados Unidos y sus aliados. Rusia podría proporcionar suministros militares o ayudar a China a superar los efectos, de otro modo perjudiciales, de un bloqueo naval estadounidense.

"Como escribe el veterano propagandista y comentarista estratégico Hu Xijin, "[c]on Rusia como socio, China no temerá un bloqueo energético de Estados Unidos, nuestros suministros de alimentos estarán más seguros, al igual que [nuestros suministros] de muchas otras materias primas". Rusia podría incluso encontrar formas creativas de aliviar la presión militar democrática sobre China, tal vez tal vez situando sus propias fuerzas de forma amenazante en Europa del Este."

Brands concluye su discurso con estas afirmaciones:

"Finalmente, esta estrategia requiere un cambio intelectual mayor. Ya no es apropiado ver a China y Rusia como desafíos estratégicos distintos. Los dos países son parte de un eje autocrático fusionado en el corazón de Eurasia, uno que desafía gravemente la seguridad de las democracias que pueblan los márgenes de Europa y el Pacífico de esa masa de tierra.

China es el socio más fuerte en este esfuerzo; Estados Unidos difícilmente puede abandonar el Pacífico. Pero tampoco puede adoptar una perspectiva dogmática de Asia Primero en medio de una crisis global cada vez más profunda. A veces, la ruta indirecta es la más prometedora. Y ahora mismo, el camino para vencer a China pasa por Moscú."

Imagínese por un momento, lector, que la política que guía la estrategia de Washington contra Rusia en Ucrania fuera de este tenor. Eso implicaría que EEUU estaría animando a la Europa del gallinero a una guerra colosal contra Rusia, no por Ucrania, sino como parte de su estrategia para debilitar y derrotar a China, usando como instrumento a Ucrania. Dado que, como se admite en amplios sectores pensantes en EEUU, no cabe considerar posible una derrota de Rusia, EEUU estaría promoviendo una guerra mundial con el único fin de mantener su hegemonía en el Pacífico. Por demás, si así fuera, China estaría compelida a apoyar a muerte a Rusia por su propio interés y, si entra China…

No es menester hacer más comentarios. Sólo anotar que la Cumbre de la OTAN en Madrid, a celebrarse en junio, tiene como objetivo central establecer un vasto frente antichino y antirruso. Que cada lector saque sus propias conclusiones. ¡Ah! Una última anotación: la doctrina militar rusa contempla el uso de armamento nuclear en caso de peligrar la existencia de Rusia. Ya ven a dónde se puede llegar, nadando, tomando como punto de partida las playas de las islas Salomón.  Y las líneas rojas, ¡ay, las líneas rojas!