Otras miradas

La imagen de Rusia en el mundo: ¿otra víctima de la guerra?

Eleonora Tafuro Ambrosetti

Investigadora del Centro de Rusia, el Cáucaso y Asia Central del Instituto Italiano de Estudios Políticos Internacionales (ISPI)

Vladimir Putin durante la celebración del anual desfile de la Victoria, este año marcado por la demostración de fuerza ante el conflicto ucraniano.- Kremlin / dpa

"Condeno la ofensiva de Rusia contra el pueblo ucraniano en Donbás. Debemos (…) imponer la paz a Rusia para que Ucrania recupere su plena soberanía". Así se expresaba la política francesa de extrema derecha y aliada de Vladimir Putin, Marine Le Pen. Esta condena podría parecer extraña considerando que, en un pasado no muy lejano, Le Pen elogió el patriotismo y el estilo de gobierno de Putin, aunque sospechosamente lo hizo justo cuando su partido, El Frente Nacional, recibía  fondos  de un banco ruso. Sin embargo, este cambio de postura no debería sorprender a nadie, ya que no es el único.  Desde que comenzara la invasión rusa de Ucrania el pasado 24 de febrero, cada vez más personalidades y partidos políticos, incluso aquellos que antes se mostraban cercanos al  Kremlin, han virado el rumbo para distanciarse de la Rusia de Putin. Incluso uno de sus más fieles seguidores, el populista de extrema derecha italiano, Matteo Salvini, ha condenado abiertamente la guerra emprendida por Rusia, aunque también se ha opuesto al envío de armas de la UE a Ucrania. Atrás quedaron los días en que Salvini se hacía selfies en la plaza roja de Moscú, vestido con camisetas con eslóganes contrarios a las sanciones contra Rusia.

Pero el ámbito político no es exclusivo. La percepción de Rusia también se ha deteriorado en la sociedad civil de la mayoría de  países occidentales. Antes de la invasión de febrero pasado, la imagen de la Rusia de Putin se había recuperado ligeramente tras el golpe que supuso la anexión de Crimea en 2014. Según una encuesta de Gallup, realizada en 116 países entre abril de 2021 y enero de 2022, el liderazgo de Rusia disfrutó de un índice de aprobación global del 33 % en 2021 – un dato malo, pero más de diez puntos por encima del índice de aprobación  del 22 % en 2014. Es más que evidente que esta recuperación ha sido un espejismo que se ha desvanecido con la invasión de Ucrania. Una encuesta de Ipsos realizada el pasado mes de abril aseguraba que en 27 países el 70 % de los adultos está preocupado por la invasión rusa de Ucrania y que el 61 % piensa que Rusia representa un peligro real para la seguridad de su propio país. La misma encuesta reflejaba por el contrario que la solidaridad con Ucrania ha sido masiva: dos tercios de la población de los países en los que se realizó la encuesta apoya las sanciones económicas contra Rusia y está a favor de la llegada de refugiados ucranianos.

Es muy probable que esta percepción negativa de Rusia allanara el camino para que los líderes occidentales impusieran duras sanciones al país después de la invasión. Esto también se aplica a los países europeos con fuertes lazos comerciales y energéticos con Moscú, que además están cuestionando firmemente el papel de Rusia como proveedor de energía, en la línea de lo ya manifestado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que ha calificado de "instrumento de chantaje" la política energética de Putin con respecto a la dependencia de Europa del gas ruso.

Está claro que la imagen de Rusia es otra  víctima de la guerra. Al menos, en Occidente, ya que no pasa lo mismo en otros países del mundo, especialmente en Asia y África, donde la percepción de la guerra y la necesidad de aislar a Putin no calan de la misma forma. En general, en Asia y muy especialmente, en África,  los niveles de aprobación popular sobre el liderazgo internacional de Rusia prácticamente no han variado con respecto a los datos anteriores a la guerra. Este peculiar ranking lo encabeza Mali, donde el índice de aprobación está en el 84 %  de 2021, seguidos por los valores de alrededor del 65% de Kirguistán y Serbia.

Hay que tener en cuenta que la guerra es percibida en muchos países como una  reacción de Rusia al imperialismo occidental y a la estrategia de expansión de la OTAN. Esto se debe en parte a la propia estrategia de comunicación y propaganda de Rusia, que es particularmente intensa en el Sur Global y capitaliza los sentimientos antioccidentales generalizados que refuerzan el poder blando de Rusia en estos países.

Las élites y sociedades de muchos de estos países no perciben  la guerra en Ucrania como resultado del imperialismo ruso  en una región postsoviética, sino que la entienden como el ejemplo perfecto que ilustra la hipocresía de Occidente, que condena y sanciona a Rusia mientras perpetra y apoya guerras en otros lugares del mundo. Por ejemplo, los usuarios de las redes sociales de países árabes expresan menos solidaridad con los ucranianos debido a la percepción que tienen de falta de apoyo interés  internacional hacia las poblaciones árabes cuando se trata de países como Siria, Yemen, Libia e Irak.

Al mismo tiempo, el impacto de la guerra y las sanciones en los mercados de productos básicos puede significar que aislar a Moscú sea una política difícil de "vender" a la ciudadanía de estos países. Especialmente en aquellos inmersos en la lucha contra la pandemia y los fenómenos relacionados con el cambio climático, como las sequías y hambrunas. Países como India no solo se negaron a condenar abiertamente a Rusia, sino que incluso han intensificado sus lazos económicos con ella a pesar de los llamamientos occidentales para aislar a Moscú después de la invasión de Ucrania: por ejemplo, las compras de petróleo ruso de Delhi se han más que duplicado desde el año pasado.

Como resultado de todo esto, son varias las naciones del Sur Global que apoyan a Rusia o se quedan al margen. Esto también es visible en las Naciones Unidas. Si bien es cierto que Kenia, por ejemplo, ha dicho estar en contra de las acciones de Rusia, y se ha posicionado a favor de la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas que califica de "deplorables" las acciones militares de Rusia contra Ucrania, otros países, como India o Sudáfrica, se abstuvieron en la misma votación.

Resulta difícil predecir el resultado de la guerra y la manera en que una derrota rotunda afectaría la imagen de Rusia como potencia global fuerte, que es la imagen que Putin ha tratado de transmitir desde que llegó al poder. Se habla de excluir a Rusia del G20 que aglutina a las principales economías del mundo tras la invasión de Ucrania, aunque las probabilidades no parecen muy altas. Mientras tanto, Rusia seguirá siendo miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, conservando así su poder de veto.

El deterioro de las relaciones ruso-occidentales seguramente va a perdurar en los próximos años y podemos asumir que la confianza hacia Rusia no se reconstruirá en el corto plazo. No obstante, cuando se trata de la imagen de Rusia en el Sur Global, debemos adoptar un enfoque mucho más cauteloso.