Otras miradas

El turismo bien

Gloria Santiago

Vicepresidenta del Parlament Balear por Unidas Podemos

El buque 'Mein Schiff 2' (i), el primer crucero que visita Baleares en 2021, amarrado en la Estación Marítima del Puerto de Palma, el día de su llegada, a 17 de junio de 2021, en Palma de Mallorca, Islas Baleares (España).- EUROPA PRESS

En 2012, una foto del conseller de turismo de Baleares, Carlos Delgado (PP), abría portadas en medios nacionales e internacionales. En ella aparecía muy sonriente, con la cara chorreando de la sangre que caía de dos testículos de ciervo que se había puesto en la cabeza. Delgado, ahora imputado por prevaricación y tráfico de influencias, siguió la senda grotesca y perversa de la política turística que había reinado hasta entonces en las Illes Balears y, en general, en toda España.

Un poco de historia: a primerísimos de los años 60 España seguía siendo un país empobrecido por la guerra. La falta de industria e inversión había lastrado pesadamente la economía del país. Para solucionar esto, un joven Fraga ideó un plan de Estabilización con tal de aprovechar los puntos fuertes nacionales: clima, gastronomía, patrimonio histórico.

Como era previsible, la parte derecha de la historia no solo pensó en impulsar la economía, también quiso sacar beneficio personal con la explotación masiva de trabajadores y del medio ambiente. De ahí hasta ahora, conchavados con los dueños de grandes cadenas hoteleras, discotecas, navieras y aerolíneas, permitieron una brutal inversión extranjera que nos convirtió en dependientes de otros países. Bajo el lema "todo vale" eliminaron trabas urbanísticas y se decretó barra libre para privatizar suelo público común. La desastrosa planificación turística del pasado duele al ver las costas del país absolutamente construidas y, en efecto, políticos de todo signo se forraron ilegalmente con ello.

Hoy día, el turismo es parte fundamental de la economía española porque aporta un 15% del PIB. En las Illes Balears más de un 42% y además genera empleos directos e indirectos con sueldos que, eso sí, han ido mermando con descaro.

Esta semana se ha aprobado la ley de turismo en Baleares, la primera que habla del turismo en los términos diversificación, sostenibilidad y empleo digno. Desde Unidas Podemos se han propuesto enmiendas clave: protección a los trabajadores y trabajadoras del sector como las Kellys con la obligación de que las camas sean elevables, un estudio de cargas de trabajo que evaluará la sobrecarga en todos los departamentos del sector y el deber de incluir producto local en los menús de los hoteles. Ya era hora de que el sector primario de Baleares pudiera participar de los beneficios del turismo. Si el turismo tanto aporta, que ese tanto se reparta.

El Partido Popular Balear se ha retorcido en el escaño porque esta ley no va con su modelo, evidentemente. Esta ley planifica, reparte beneficios, cuida a las personas y al entorno paradisíaco balear teniendo en cuenta lo necesario del turismo pero también los inconvenientes de la masificación. En Baleares se empieza a poner límite al exceso de turismo porque ese completo desfase no aporta más prosperidad sino beneficios grotescos a unos pocos de siempre.

Como amigos de los grandes beneficiarios, la derecha ha dicho -sin pudor alguno- que quiere seguir aumentando el número de visitantes y monopolizando el turismo como forma de desarrollo económico. Todo a pesar de la grave dependencia que nos mostró la covid-19 la pasada temporada. Quieren más turistas pese a que los residentes no encuentren donde vivir porque las reservas turísticas ocupan todas las viviendas disponibles. Siguen a favor del turismo sin límite aunque saben que pasar el verano en Ibiza se hace inasumible e incómodo para turistas y residentes que ven carreteras, playas, servicios públicos y privados completamente colapsados.

Ya se anuncian 10 millones de plazas de avión con destino Ibiza, una isla de solo 147.000 habitantes. Ya se prevén los más de 14 millones de turistas que llegarán esta temporada a Baleares a dejar dinero, está claro, pero también ruido, saturación y una huella ecológica prácticamente irrecuperable. Esta semana se le ha puesto freno al descontrol turístico que ha machacado el paraíso Mediterráneo. Algunas nos partimos la cara para mejorar la calidad de vida de la gente de estas islas, mientras el Partido Popular sigue en el 2012, cuando aquél se ponía los testículos de un ciervo en la cabeza.