Otras miradas

Por qué debemos dejar de ser racistas con las personas refugiadas

Cristina Muñoz

Directora de Alianza por la Solidaridad-ActionAid

Farah Kabir

Director de ActionAid Bangladesh

Sara Almer

Directora humanitaria de ActionAid Internacional

Varios refugiados, hablan con una traductora, en la entrada del palacio de Victoria Eugenia, el palacio 7 de Fira de Barcelona, convertido en un centro de recepción y atención de refugiados de Ucrania, a 18 de marzo de 2022, en Barcelona, Cataluña (España)- EUROPA PRESS

Tras la guerra en Ucrania, hemos alcanzado la asombrosa cifra de 100 millones de personas desplazadas forzosamente en todo el mundo. Eso significa que 100 millones de personas han tenido que huir, dejar atrás familia, vida y trabajo, y sufrir violencia y discriminación. Esas personas luchan por encontrar un nuevo hogar, conseguir lo básico para sobrevivir, ser reconocidas legalmente como refugiadas, hacer nuevas amistades, y encontrar nuevas formas de educar a sus hijos e hijas. Además, en algunos casos, tienen que hacer todo esto en un nuevo idioma y cultura. Este año, por el Día Mundial de las Personas Refugiadas (20 de junio), nos solidarizamos con las personas que se han visto obligadas a huir de la violencia, la guerra y la persecución en todo el mundo y pedimos un trato igualitario para todas las personas refugiadas y desplazadas.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), antes de la guerra de Ucrania, el 83 % de estas personas refugiadas se encontraban en los países con menos recursos, los del Sur global. Cuatro países tienen el mayor número de personas refugiadas, alrededor de un tercio del total mundial: Turquía, Colombia, Uganda y Pakistán.

En su caso, Uganda no solo acoge la mayor cantidad de personas refugiadas en África, sino que también destaca por tratarlas con el mayor respeto. El gobierno ugandés proporciona parcelas de tierra para que puedan cultivar y construir sus viviendas, además de garantizarles el derecho al empleo (incluido el inicio de un negocio), la educación y la salud, otorgándoles los mismos derechos que a su población.

Esto debería ser la norma, no la excepción. Sin embargo, muchos países parecen olvidar que las personas refugiadas y solicitantes de asilo son seres humanos. En Reino Unido, hubo hace poco una oleada de indignación, con razón, cuando el gobierno anunció que enviaría solicitantes de asilo a Ruanda hasta que se procesaran sus solicitudes. Sin embargo, este no es el primer ni el único gobierno en actuar así: la Unión Europea ya firmó un acuerdo de deportación con Turquía en 2016 y el gobierno estadounidense hizo lo propio con México en 2019. Además, según noticias recientes, Estados Unidos podría estar negociando el envío de refugiados centroamericanos a España y Dinamarca estaría en conversaciones con Ruanda para mandar solicitantes de asilo allí.

Tras la guerra en Siria y la afluencia de refugiados a Europa en 2015, el presidente del Consejo Europeo sugirió que los refugiados y solicitantes de asilo fueran detenidos hasta 18 meses para detectar riesgos de seguridad y terrorismo. A nivel mundial, Siria sigue siendo una de las peores crisis humanitarias en décadas, con más de 12,6 millones de refugiados y desplazados, que todavía hoy necesitan desesperadamente apoyo.

Por el contrario, las personas que han huido de Ucrania este año han sido recibidas en los países europeos vecinos con los brazos abiertos. Según la Directiva de Protección Temporal de la UE, los refugiados ucranianos tienen derecho a movimiento libre dentro de la Unión, así como derechos de residencia, acceso a vivienda, asistencia social, atención médica, acceso a educación y a empleo.

Así es cómo se debería tratar siempre a las personas refugiadas, solicitantes de asilo y desplazadas internas.

Sin embargo, en la respuesta que se ha dado al conflicto de Ucrania, hemos constatado evidencias de crueles dobles raseros. Si bien los ciudadanos ucranianos blancos han sido ampliamente bienvenidos, los no blancos y los no ucranianos han sido objeto de racismo y, en no pocas ocasiones, se les ha negado el acceso a la ayuda y el derecho a cruzar la frontera de manera segura. Incluso supimos de una refugiada que tuvo un aborto espontáneo y, aun así, fue rechazada en un autobús que estaba a punto de cruzar la frontera, negándole el acceso a la asistencia médica que tan urgentemente necesitaba. El trato a las personas refugiadas romaníes, muchas de las cuales son ciudadanas ucranianas, también ha sido impactante. A menudo, han sido enviadas a refugios segregados, como hemos podido observar en Moldavia, donde sus albergues solo tienen un baño que funciona y carecen de duchas para más de 100 personas.

A pesar de estar en crisis -sufrir una de las peores sequías registradas, las secuelas de la Covid-19, los recortes en el sector público consecuencia de la deuda, que los precios de los alimentos estén por las nubes, una plaga de langostas y la hambruna aguda - solo tres países en África Oriental (Etiopía, Somalia y Kenia) acogen a casi 1,5 millones de refugiados, así como a unos 7,5 millones de desplazados internos. Junto con otros países del este de África, a finales de 2021, la región albergaba al 67 % de todas las personas refugiadas de África y al 20 % de la población mundial de refugiados. Esto debería ser motivo de vergüenza para los países ricos que tienen más y mejores recursos. A pesar de sus limitaciones, no solo albergan a comunidades que escapan de conflictos prolongados, sino también a quienes escapan del creciente impacto del cambio climático, en el que los países más vulnerables tienen poca responsabilidad.

Nuestro mayor programa para personas refugiadas está en Bangladesh donde, en 32 campamentos, apoyamos a más de 380.000 de los 925.000 refugiados rohingya llegados desde Myanmar en 2017. ActionAid Bangladesh fue uno de los primeros en responder y, desde entonces, ha estado apoyando a la población afectada con una variedad de iniciativas. Esta crisis ha sido considerada como el mayor movimiento de personas de la historia reciente. Si bien Bangladesh acudió de inmediato al rescate de los rohingyas desplazados y les ha brindado refugios temporales durante los últimos cinco años, el país se enfrenta ahora a una crisis prolongada.

Todas las personas que huyen de guerra, conflicto o represión tienen derecho a cruzar las fronteras para buscar asilo, pero a las refugiadas de África, Asia y Oriente Medio habitualmente se les niega el acceso a la ayuda, y a veces se les ubica en centros de detención, pese a enfrentarse a persecución en sus países. Quienes huyen de la violencia y buscan protección deben recibir el mismo trato, sin importar de dónde sean.

Por ello, hacemos un llamamiento a los gobiernos del Norte global para que proporcionen recursos urgentemente y adopten medidas políticas para abordar el desplazamiento forzado y las crisis de refugiados en todo el mundo, especialmente cuando es el Sur global el que en realidad se hace cargo de acoger y proteger a las personas refugiadas.

Debemos detener el racismo contra las personas refugiadas, como ha sucedido ante nuestros ojos con los refugiados no blancos de Ucrania y otros. Es inaceptable que, en 2022, las personas forzadas a abandonar sus hogares sigan siendo tratadas como ciudadanos de segunda clase solo por ser de un país diferente o tener otro color de piel. Las políticas globales sobre personas refugiadas deben ser descolonizadas con urgencia, asegurando que todos los refugiados y solicitantes de asilo sean escuchados y priorizados por igual.