Otras miradas

Feijóo y el ruinoso rescate bancario gallego

Pablo Arangüena

Diputado en el Parlamento de Galicia. Ex diputado en el Congreso

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, bebe agua en una rueda de prensa.- Álvaro Ballesteros / Europa Press

Acaban de cumplirse diez años de la puesta en marcha del proceso de rescate bancario que sirvió, sobre todo, para financiar la liquidación del sistema de cajas de ahorros españolas. Un proceso en el que Galicia tuvo un papel destacado, puesto que las dos cajas gallegas previamente fusionadas, Caixa Galicia y Caixanova,  absorbieron en su rescate la mayor proporción de recursos en relación a su tamaño de todo el Estado. Dicho de otra forma, de entre los procesos de rescate que hubo en España, el más costoso fue el gallego.

Así, si el total del rescate bancario español costó 66.500 millones de los que se recuperaron unos 6.000,  el de las cajas gallegas costó 10.350 millones de euros de los que se recuperaron los 1003 millones que el banco venezolano Banesco pagó por comprar la entidad resultante de la fusión de las cajas. Por tanto, el rescate gallego costó más de 9.300 millones y, representando Galicia el 5% del PIB del Estado, se llevó el 15% del rescate, en su gran mayoría procedente del erario público. Recuérdese que tanto Luis de Guindos, entonces ministro de Economía, como Soraya Saenz de Santamaría, vicepresidenta, afirmaron que el rescate (que por supuesto recibió un nombre más positivo, "reestructuración") no tendría coste para los contribuyentes.

Pero el rescate de las cajas gallegas tuvo otras peculiaridades, además de su gran coste. Para empezar, fue el único proceso en el que parte de los directivos de las cajas acabaron siendo condenados a devolver más de 10 millones de euros e ingresando en prisión (aunque poco tiempo) por inflar fraudulentamente las indemnizaciones y retribuciones derivadas de su cese en las entidades que se fusionaban, como resultado final de un proceso judicial que se inició por una denuncia que yo mismo interpuse y que fue el único de España que acabó con directivos de las cajas ingresando en prisión.

Además, a diferencia de otros casos, el rescate gallego no benefició a la sociedad sino, sobre todo, a un inversor privado que se hizo con un banco completamente saneado por un precio de 1003 millones, multiplicándolo por 3 solo en los beneficios de sus 6 primeros años de actividad, durante los cuales la actual Abanca ganó más de 3000 millones de euros, con un valor neto en su contabilidad de 4500 millones al cierre de 2021, después de reducir alrededor de la mitad de la plantilla, unos 3700 empleos, a lo largo de estos años. Un gran negocio que, dejando a un lado la destrucción de empleo, podría haber sido positivo si se hubiese mantenido vinculada a Galicia la titularidad del banco resultante, pero no fue el caso, a diferencia de otros, como por ejemplo Ibercaja en Aragón, Unicaja Banco en Andalucía, Liberbank en Madrid o Kutxabank en el País Vasco, todos ellos bancos resultantes de fusiones de cajas de ahorros pero que están controlados por fundaciones que mantienen un carácter social y vinculación con sus territorios. Hoy Abanca es un banco privado que podría cambiar de manos mañana mismo y el patrimonio empresarial que antes era de la ciudadanía de Galicia –dado que la propiedad de las cajas tenía un marcado carácter social- es ahora privado.

Este ruinoso proceso (para todos menos para el comprador) fue acompañado por el entusiasmo de Alberto Núñez Feijóo que, como Presidente de la Xunta de Galicia, apostó y se movió como nadie para hacer realidad aquella fusión, apadrinando con alegría lo que denominó "prometedora criatura financiera" y diciendo que iba a "mantener la galleguidad y la solvencia". Tanto fue el entusiasmo que Feijóo brindó con Albariño por la fusión con los directivos de las cajas (algunos condenados posteriormente) y encargó para la ocasión una pluma especial de la marca Montblanc (no le valía un bolígrafo Bic) que aseguró que mandaría guardar en el archivo oficial del Gobierno gallego "como legado de que si Galicia quiere, Galicia puede". Todo fue jaleado con mucho botafumeiro en aquel entonces pero acabaría como acabó, y Feijóo también tuvo que ver en cómo acabó porque es conocido que entre los distintos compradores que se interesaron por comprar la rescatada entidad gallega él apostó decididamente por el banco venezolano Banesco, que fue quien finalmente la adquirió.

Los argumentos utilizados para impulsar la fusión incluyeron una supuesta auditoría de KPMG que costó un millón de euros y que según el Gobierno gallego "avalaba la solvencia" del proceso, supuesta auditoría que hoy sabemos que ni era auditoría ni avalaba nada, y que el PP de Galicia se ha resistido como gato panza arriba a entregar en la comisión creada en el Parlamento de Galicia para investigar la fusión, que se constituyó hace 9 años y se mantiene congelada y sin movimiento por la mayoría popular, una señal muy indicativa de la gran incomodidad que le genera al partido conservador el tema de la fusión y posterior rescate de las cajas.

Además de la crisis del ladrillo y de la Gran Recesión, el enorme agujero que dejaron en su caída las cajas gallegas fue el resultado de un modo de hacer negocios y política económica caracterizado en Galicia durante décadas por la opacidad, el capitalismo de amiguetes, la venta de humo y la connivencia entre aquellas entidades financieras y la neocaciquil política gallega, esa de la que ha sido adalid quien aspira ahora a llegar a ser presidente del Gobierno de España. Ojo con los grandes éxitos del autodenominado "gestor".