Otras miradas

Bollomamis con voz propia

Mar García Puig

Portavoz de Cultura y Vicepresidenta de la Comisión de Igualdad

La directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del Ministerio de Igualdad, Boti García Rodrigo, interviene en el acto 'Feminismo para cambiarlo todo', en el centro MEEU (Madrid Exposiciones y Eventos Urbanos), en la Estación de Chamartín, a 6 de marzo de 2022, en Madrid (España)..- Carlos Luján / Europa Press (Foto de ARCHIVO) 06/3/2022

Después de haber sido madre y ante aquella mezcla de felicidad y duda con que llegan los hijos, una busca referentes culturales. Pronto constaté que en la historia del arte la pasión de un padre por su hijos es casi siempre positiva; en cambio, la de una madre se considera castradora. Si además la madre no cumple con los cánones establecidos, por ejemplo en lo que a orientación sexual o identidad de género se refiere, el imaginario amenazador cobra una fuerza inaudita.

Uno de los libros con los que me encontré fue Crimes against Nature, de la poeta estadounidense Minnie Bruce Pratt. En este poemario escrito en 1990 explica cómo se le arrebató la custodia de sus dos hijos por el hecho de ser lesbiana, y como se le otorgó a su marido, también poeta. En Poema para mis hijos les confiesa:

«Cuando nacisteis, todos los poetas que conocía

eran hombres, padres elocuentes acerca de sus niños

en su sueño y su futuro: Coleridge a medianoche,

la plegaria de Yeats para  que su hija nunca tuviera opiniones propias

y para que su hijo fuera fuerte y poderoso, pensara y actuara.

Habéis leído la nueva elocuencia sonora de vuestro padre,

feroces chispas escritas en una casa silenciosa,

donde el único sonido que se escucha es el de la respiración

de una madre exhausta que duerme.»

No es sorprendente que este libro esté descatalogado. Han pasado treinta años, pero la disidencia sexual sigue pesando en las madres y las poetas. De los grandes padres que cita el poema, Wordsworth, Coleridge y Yeats, podéis encontrar varias ediciones en cualquier librería. Hoy todavía la invisibilidad lésbica sigue proyectando oscuras sombras sobre nuestras bibliotecas.

Cada año la celebración del Orgullo elige visibilizar un aspecto de la realidad LGTBI, y este se ha elegido a las mujeres lesbianas, en toda su diversidad. Y el Pride de Barcelona, pese a sus muy criticables lazos con empresas patrocinadoras vinculadas a la industria armamentística o a la deportación de refugiados, ha tenido el acierto de visibilizar a lesbianas reales con una campaña titulada «Bollomamis». Y al ver a esas mujeres cuya mirada encuentro en los diferentes carteles que pueblan mi ciudad, siento que necesito saber más de sus vidas, de las vulneraciones de derechos asociadas todavía hoy al hecho de ser lesbiana.

Hace 32 años que la OMS dejó de considerar la homosexualidad una «enfermedad mental», pero las personas LGTBI siguen padeciendo sufrimiento psíquico vinculado a su orientación sexual o identidad de género. La Línea Arcoíris, que desde 2016 atiende a personas LGTBI víctimas de discriminación, destaca cómo el confinamiento agravó problemáticas como la soledad y el aislamiento de las personas mayores LGTBI. Si las mujeres mayores sufren altos índices de depresión y ansiedad generados por un entorno hostil, es pertinente suponer que en las lesbianas de mayor edad ese sufrimiento se vea acrecentado por una trayectoria vital iniciada en tiempos difíciles para amar con libertad.

Estas son fechas para desenterrar sus voces y ponerles el altavoz que el mundo les ha negado. Yo recuerdo muy especialmente una de ellas, que me acompañó cuando empecé en política y ella era una activista que llamaba sin descanso a las puertas de diputados y diputadas para hacer realidad una ley LGTBI. Hoy tiene setenta y siete años y es directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del Ministerio de Igualdad. Y en breve conseguirá que esta ansiada y justa ley sea una realidad. Pero es también la autora de unas memorias emocionantes, Mayo del cuarenta y cinco, publicadas por la muy reivindicable editorial de temática LGTBI Dos Bigotes. En sus páginas, mi querida Boti narra el crecimiento de su identidad bajo el yugo del franquismo e incluye una impagable escena en la que descubre el mar. Ese mar que como ella misma dice «hay que mirar con los pies empapados y los ojos quietos, hay que mirar su olor y mirar su ruido y dejar que la marea alta nos moje el alma». Ojalá escuchar cómo cada una de estas bollomamis que estos días se reivindican a sí mismas en nuestros pueblos y ciudades descubrió su propio mar.