Otras miradas

OTAN Madrid, el 'First Class' de la seguridad mundial

Marta Nebot

La reina Letizia y Begoña Gómez junto a los acompañantes de los mandatarios que asisten a la cumbre de la OTAN. EFE/ Ballesteros

La cumbre de la OTAN en Madrid ha sido como un First Class de la seguridad mundial pero emitida a la vez en todas las plataformas. Llegué a esta inquietante conclusión, cotilleando el estreno en Netflix de este nuevo reality de ricachones sin complejos, esta vez de Barcelona. En el reality se pavonean frívolos declarados;  en la cumbre lo hicieron los que van de serios salvadores del mundo.

La ridícula 'Bestia' de Biden y su séquito de 50 coches para pasearse por una de las ciudades más seguras de Europa y, por lo tanto, del mundo entero;  los jefes de Estados ricos felicitándose por cuánto más van a gastar en armas porque estamos volviendo a los dos bloques enfrentados al borde del abismo, porque la política del último siglo no ha sabido provocar otra cosa;  sus señoras paseadas por Baby-sitter Real, tan elegante como encantadora, tan tolerante con el chándal de la nieta de Biden como con que su abuelito la coja por la cintura... ¿Qué habríamos dicho si se hubiera tomado esa confianza Erdogan?

La geopolítica en modo realeza: lámparas de lágrimas, dorados y pedrerías varias, con las mujeres haciendo el papel de siempre en pleno siglo XXI. "La cumbre paralela", la han llamado. La cumbre papel couché, despilfarro chick o "qué bien nos paseamos aunque solo vengamos a hacernos fotos", podría tener mil nombres que ridiculicen el papel de unas señoras y dos señores (parejas de una mujer y un gay primeros ministros) a los que no ha elegido nadie y que, por lo tanto, deberían pagar de su bolsillo su turismo, sus carantoñas y sus monadas. ¿No nos espanta que a esta cumbre histórica que vuelve a rearmar al mundo, porque la guerra ha vuelto a estallar en Europa, vengan los mandamases de los países más ricos a algo más que a negociar cosas tan serias? ¿No nos chirría la mezcla de algo tan trascendental con viajar con toda la familia y pasear, como si estuvieran de vacaciones, como si a España solo se viniera a eso? ¿Por qué creen que esas imágenes nos van a parecer bien? ¿Por qué nos lo parecen y decimos que España ha hecho "un gran papel"? ¿Por qué seguimos hechizados por las cosas de ricos? ¿Por qué hasta los políticos progres siguen creyendo que esas imágenes no les perjudican, cuando solo subrayan sus contradicciones?

Y todo esto lo digo sin estar en contra de que Europa se prepare por si Putin va a más, entendiendo que la cosa se ha puesto tan fea que no podemos posponer tener un escudo de seguridad y que, ahora mismo, eso significa más gasto en armas y más OTAN. Si ahora Europa pretendiese defenderse sola, tal y como tiene sus defensas, nos saldría infinitamente más caro y no llegaríamos a tiempo, teniendo ya invadida parte de Ucrania.

Sin embargo, que tengamos que aliarnos más con los menos malos –para nosotros– por nuestra debilidad en un momento crítico, no da para felicitarnos tanto. La cumbre de Madrid ha resultado obscena al lado de la cumbre del aeropuerto de Kabul del año pasado por estas fechas. Las sonrisas y las cenas de siete tenedores se me han mezclado con las lágrimas y el horror de los yanquis y todos sus aliados, incluidos nosotros, abandonando a los afganos en manos de los talibanes, después de veinte años de ocupación inútil, sobre todo para los afganos y para los soldados muertos.

Las guerras recientes tras el 11S de 2001 han confirmado que la OTAN también mata civiles, también hace guerra sucia, también se pasa por el arco del triunfo los Derechos Humanos. La Universidad de Brown, en Estados Unidos, calcula que las víctimas inocentes del Tratado del Atlántico Norte en Afganistán, Pakistán, Irak y Siria son más de 350.000.

Así que, si no queda más remedio que más OTAN, sea;  pero, por favor, menos fiesta, menos glamour a las puertas de otra gran crisis económica, menos ostentación de poder omnímodo y más reivindicación de no engordar con nuestros negocios a países tan poco democráticos como peligrosos como la Rusia de Putin, que tan bien hemos alimentado durante muchos años; menos business con los demonios mientras solo quemen a otros;  más investigación y menos impunidad para los crímenes de guerra de los presuntos buenos aunque no nos maten a nosotros.

Estos días me he vuelto a acordar de José Couso, el cámara español asesinado en Irak en 2003, estando en el hotel de los periodistas, víctima de un tanque norteamericano. Su asesinato junto al de otro periodista ucraniano en el mismo hotel, del mismo bombazo, aceleró la salida de la prensa de Irak y la impunidad, por tanto, para lo que allí ocurrió. Se ha debido revolver una vez más en su tumba, mientras aquí el lado socialista del  Gobierno más progre de la historia se mostraba encantado de no ponerle ni un pero a los presuntos menos malos.

Como con First Class, la reflexión que me ataca es la misma: sabemos quiénes sois y a qué os dedicáis y os toleramos, pero la cuestión es ¿por qué creéis que es buena idea hacer alardes, pretender ser admirados sin reconocer vuestros indiscutibles yerros, mostraros tan frívolos y felices mientras la estáis cagando tanto?

¿Por qué nos tratáis cómo si fuéramos bobos? ¿Por qué nos embobamos? ¿Hasta cuándo seguiremos tan atontados?