Otras miradas

¿Qué hacer ante el aumento de contagios covid? Recetas sin alarmismo ni exceso de confianza

Pedro Gullón

Una prueba de coronavirus SARS-CoV-2 que muestra un resultado positivo se encuentra sobre una mesa en la casa del fotógrafo en Londres, Gran Bretaña, el 11 de julio de 2022.- EFE

La transmisión de la covid-19 se vuelve a encontrar disparada, llegando la incidencia acumulada a 1.135,30 casos en mayores de 60 años por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días. Pero no necesitamos tener el número concreto para saber que tenemos una transmisión disparada; a nuestro alrededor conocemos más de una, más de dos (si no nosotros o nosotras) que está dando positivo estos días.

El amigo borracho que no se va

La covid-19 es el amigo pesado y borracho de una fiesta. Tras jorobarte toda la noche, parece que se va a dormir la mona y vuelve con una botella gritando "hacedme caso". A la quinta vez que vuelve ya estamos mejor preparados y sabemos cómo evitar que nos moleste; pero, aunque sepamos qué hacer con él y le ignoremos, todavía puede lanzarnos algo a la cabeza para recordarnos que está aquí.

De la misma forma, tras siete ondas epidémicas de covid-19 tenemos mucho conocimiento sobre cómo enfrentarnos a él. Un conocimiento que va desde el aprendizaje inmunitario de nuestros cuerpos por ondas pasadas y las vacunas al aprendizaje social sobre la transmisión y las maneras de prevenirlo. Sin embargo, igual que el amigo borracho, a veces se nos olvida que sigue por ahí, y nos puede dar todavía un golpe.

No caer en el cuento de Pedro y el lobo

Una incidencia acumulada como la que refleja el último informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias nos haría estar pensando en medidas muy serias en otros momentos de los últimos dos años. Por suerte, debido a las campañas de vacunación, que tienen una capacidad extraordinaria de evitar casos graves y fallecimientos, desde hace un tiempo nos encontramos en un escenario muy diferente. Transmisiones muy altas no tienen las consecuencias devastadoras de antes.

Este aprendizaje inmunitario por las vacunas, con el conocimiento que tenemos hasta ahora, sigue siendo espectacular a pesar de la llegada de nuevas variantes. Ciertas personalidades con influencia están empeñadas en anunciar un cataclismo cada vez que conocemos datos de una nueva variante. Sin embargo, lejos de un enfoque científico, un sector afincado en el casito pandémico utiliza datos parciales o descontextualizados para meter miedo con cada dato parcial y descontextualizado que encuentran. Este alarmismo genera un doble efecto: por un lado, desconfianza en los datos científicos al poner al mismo nivel análisis rigurosos y chapuzas acientíficas y, por otro, un efecto "Pedro y el lobo", el caos que nunca llega y que nos deja indefensos en caso de que necesitemos estar alerta ante emergencias. Además, esta visión exclusivamente biológica, donde las ondas epidémicas solo son provocadas por variantes, nos aleja de las verdaderas causas de la transmisión y de los lugares donde podemos actuar. Sea la variante que sea, se transmite más en las mismas condiciones, que son donde podemos actuar.

A pesar del optimismo que nos deja las vacunas, y que ya nos lleva meses planteando escenarios sin apenas restricciones, la covid-19 sigue circulando y nos puede dejar sorpresas. Aunque la probabilidad de acabar hospitalizado, en la UCI o de fallecer sea mucho menor, transmisiones muy altas pueden poner en tensión el sistema sanitario. Ahora mismo, los casos de hospitalización están creciendo, y a pesar de la dificultad para diferenciar el "por covid-19" o "con covid-19" , es una realidad que un aumento muy grande de la transmisión puede poner dificultades al sistema sanitario. Y, aunque, los números no sean los más impactantes de la pandemia, hay que tener en cuenta que las personas que trabajan en el sistema sanitario llevan 2 años a máxima capacidad y que cada esfuerzo les lleva mucho más al límite.

Entonces, ¿nos ponemos la mascarilla otra vez?

Cada onda de la pandemia hace que nos enfrentemos a nuevos retos; sin embargo, antes de intentar pensar en lo concreto, es importante destacar bajo qué principios deberíamos planificar todas las medidas que hagamos ante el COVID-19. Estos principios no cambian especialmente, lo que cambia es la manera en la que los podemos aplicar. Hace casi un año escribía sobre que todas las medidas necesitan: (1) Proporcionalidad entre los beneficios y los efectos secundarios que generan, (2) una mirada vigilante y que evalúe cómo actúan, (3) actuar con enfoque de equidad, (4) disminución de la presión asistencial.

Esto evidentemente es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero al menos nos puede ayudar a no caer en la "simpleza pandémica", término acuñado por el médico salubrista Javier Segura. Seguramente, la tendencia ahora mismo es a centrar los debates sobre si volver a usar o no la mascarilla en espacios cerrados, pero estos debates son una trampa que nos aleja de las verdaderas causas de la transmisión. Cuando dos personas se juntan y se contagian el uno al otro no lo hacen de forma descontextualizada; la transmisión es mucho más alta en lugares como locales de restauración u oficinas. La mascarilla puede reducir la transmisión en estos lugares, pero la causa real está en que personas enfermas vayan a trabajar o en un modelo de ocio donde los locales de restauración tienen un eje central. Y en esos lugares se puede actuar. Por ejemplo, ahora en verano las administraciones pueden ofrecer alternativas de ocio no masificado en espacios abiertos, o podemos volver a activar las bajas automáticas para personas COVID-19.

En definitiva, tras casi dos años y medio de pandemia, podemos mantener los mismos principios de actuación, pero no las mismas medidas. No tenemos justificación para pedir confinamientos o medidas similares, pero no podemos ignorar que la pandemia puede seguir dándonos sustos, para lo que deberíamos actuar sobre las causas de las causas y alejarnos de las soluciones sencillas.