Otras miradas

Marta y el apocalipsis: vestales, ordalías y polígonos (II)

Guillermo Zapata

Escritor y guionista

Capítulo II

Este texto es la continuación de Marta y el apocalipsis (I), el relato por entregas del escritor y guionista Guillermo Zapata. Puede leer la primera parte aquí o puedes leer este resumen: Isabel Díaz Ayuso anuncia la llegada de Zooooooort y el inicio del Apocalipsis para el mes de septiembre. Marta es contratada por la Dirección General de Eventos Cósmicos No Deseados como "Elegida Para Salvar a las Humanidad". No sabe por qué. Marta tiene como únicas ayudas – vamos a llamarlas así – a Woke, su perro parlante con problemas de masculinidad, a Sero, su dispositivo móvil inteligente y a Julia, su compañera de piso, aunque Julia parece estar de resaca permanente. También hemos conocido a la madre de Marta. No parece razonable categorizarla de ayuda. Por el momento, eso es todo.

 Marta y Woke caminaban por la calle abandonada de un polígono industrial del sureste madrileño intentando esquivar un sol abrasador. Marta en chanclas, camiseta de tirantes y pantalones cortos portando helado de "Stracciatela y Moras de la Pasión" y con Sero metido en el bolsillo. Woke con una correa verde con dibujos de huesitos saltarines que había costado horrores ponerle porque, al parecer, era una "prenda diseñada por los lobbys para humillar a su género".

– El asfalto ardía como las caderas de aquella hembra que no supimos mantener a nuestro lado en el 44. La ciudad pedía a gritos absolución, pero, Dios, hacía tiempo que había mirado hacia abajo y nos había susurrado "no". Al fin y al cabo, todos éramos pecadores de nuestra propio destino y yo, sin duda, el que más. Pero ¿qué iba a hacer? ¿Ponerme a llorar? Un hombre no hace eso. Un hombre vuelve a abrir el armario, vuelve a ponerse la vieja gabardina, vuelve a sacar los cigarrillos que creía perdidos y vuelve a andar por...

–¿Se puede saber qué estás haciendo, Woke?

– La voz en off.

–¿Mi voz en off? Te aseguro que no es así.

– Las chicas no tenéis voz en off.

Había días en los que ella misma valoraba seriamente dejarle en la calle tirado y si te he visto no me acuerdo.

– Te dije que podías ser femme fatale, pero que no podrías andar comiendo helado y con esa camiseta con manchas.

– Y yo te dije que entonces no –dijo Marta. Aunque inmediatamente después se sintió mal por haber salido a la calle con una camiseta con manchas. Con ese calor le había parecido 'adecuado'. ¿Por qué guardar las formas si todo se estaba derritiendo?. Pero ahora sentía que era un error, que ninguna persona elegida para salvar a la humanidad iba a tener semejante pinta.

Las cosas no estaban yendo de maravilla desde que le habían encomendado el trabajo. En primer lugar, estaba el asunto de por qué la habían elegido a ella y la sospecha de que era algo que tenía que ver con Sero, pero cuando le preguntaba, el dispositivo le sonreía con beatifica bondad digital y le decía que no tenía permisos para acceder a esa información, pero que qué buena suerte haberse convertido en alguien tan importante, y que si quería le podía pasar unos tutoriales sobre cómo salvar el mundo a un precio realmente competitivo.

En el Portal de Transparencia de la Dirección General De Eventos Cósmicos No Deseados, donde estaba el expediente de su contrato, no había ninguna información más sobre el asunto, así que había optado por gastarse el poco dinero que tenía a esas alturas del mes (porque resulta que sólo iba a cobrar por el trabajo en caso de terminarlo con éxito al entenderse que era obra y servicio y que, de no conseguirlo, la humanidad estaría extinta y con ella la necesidad de pagar salarios) y comprar los tutoriales en cuestión, que habían resultado ser un timo con una utilidad tirando a baja. Mucha ordalía, mucho camino del héroe –Woke estaba encantado con eso– y mucho acto sacrificial, pero ninguna pista sobre como acabar con Zooooooooort de forma concreta y, a poder ser, rápida. Y además tenían publicidad que sólo se quitaba con un nuevo modo premium, por supuesto también de pago.

Sobre el tal Zoooooooooort había recabado algo más de información. La tenía apuntada en un cuaderno en el que había hecho un dibujo de ella misma destruyendo a una criatura alada con un rayo para animarse, cosa que no había conseguido.

Un resumen de dicha información decía más o menos lo siguiente.

1.- Zoooooooort es un dios de la quietud, se manifiesta en momentos de mucho estrés y ansiedad para "calmar el corazón de los airados".

2.- Zooooooooort no tiene una forma definida muy clara. En algunos textos parece ser un señor mayor con chepa, en otros parece una forma tentacular con una cantidad de ojos superior a la habitual y para una serie de seguidores acérrimos agrupados en diversos foros que, por algún motivo, no se creyeron lo de la covid, pero están a tope con el primigenio dador de paz-, éste adoptará la forma de alguien muy conocido, probablemente Benedict Cumberbach.

3.- Matar a Zooooort no parece algo que sea realmente posible. En principio cuando aparece todo el mundo abandona sus pasiones y se dedica a otras cosas hasta que muere feliz. No está muy claro que son esas cosas. Hay textos que dicen que "a hacer la paz", pero en la experiencia de Marta la gente que "hace la paz" suele hacerla con cosas con pinchos o que disparan pequeños proyectiles a gran velocidad. A veces no tan pequeños. En otros textos se habla de una sensación de paz que llena todo el cuerpo. Probablemente haya algún problema de traducción entre sentir la paz y hacer la paz. En cualquier caso, la paz en cuestión dura lo que tarda un cuerpo humano en morir cuando se le priva de alimento.

4.- Así que lo mejor es evitar que Zoooooooort llegue siguiera a manifestarse. Eso se consigue cuando poca gente cree en Zooooort. Lo cual es problemático porque según los últimos datos de "Sero" el 24% de la población ya está deseando que llegue y hay un 30% que insiste en que no existe, pero que dedica casi todo su tiempo a hablar de ello intentando convencer a los indecisos de que Zooooort no existe y que todo es un truco con el efecto inmediato de que todo el mundo está hablando de Zoooort y eso no facilita que pensemos en ninguna otra cosa. Un periódico especialmente bienintencionado había publicado hacia dos días en portada (nada menos) Dejemos de hablar de Zooooooort.

La única cosa buena es que, con eso de Zooooooooort iba a aparecerse en Madrid, alguien en el Ayuntamiento le había buscado casa. Un ejemplo de eficiencia que situaba en el padrón municipal la futura residencia de Zooooooooort en un polígono industrial cerca de Getafe.

Allí era hacia donde se dirigían cuando Sero empezó a sonar. Era Julia.

– ¿Juls? ¿Dónde estás?

Sonaba un ruido atronador.

– ¡Marta! ¡Marta! Recuerda que seis serás seis y la tercera será enemiga a la par que aliada. ¡Es muy importante!

– Vale, ¿pero dónde estás?

– ¡En la carpa Future del Protein Summer Fest!

– ¿Eso no es en Gandía?

– ¡Puede ser! ¡Oye, pero no te olvides de lo que te he dicho!

– Ya, Juls, pero que no lo entiendo.

– ¡Yo tampoco! ¡Pero no te olvides!

Colgó. Julia era vidente, descendía, al parecer, de una de las seis vestales romanas. Se dedicaba a bailar, drogarse, follar y hacer las cosas que se supone deben hacer las videntes. También meditaba, pero sobre todo se dedicaba a lo otro. Y de vez en cuando le venían pequeños fragmentos encriptados del futuro. Eran, la verdad, una mierda, porque antes de tiempo no se entendían y después solía ser demasiado tarde.

– Hemos llegado – dijo Woke poniéndose en guardia.

La nave industrial que tenían delante no parecía diferente a ninguna de las otras que había a su alrededor. Quizás más sucia, más abandonada.

– Bueno – dijo Marta – Vamos para dentro.

En el interior reinaba el silencio. La nave era un conjunto de montañas de basura y restos de coches desguazados. Allí no podría vivir nadie, menos un dios.

– Vaya, vaya, vaya – La voz resonó con el eco propio de los lugares vacíos con grandes techos. La acompañaba el cuerpo de un chaval de unos veintipocos años, desgarbado, con una camiseta de color negro y pantalones vaqueros. Tenía el pelo moreno, mal peinado – Ya era hora de que llegaras.

Woke gruñó. Marta no sabía qué posición adoptar. Se quedó de pie, lamiendo su helado e intentando parecer poco impresionada.

– Es mejor que te rindas, Zooooooort – dijo el muchacho.

– ¿Zooooooort? Yo no soy Zoooooort, respondió Marta.

– Claro que lo eres. Si no, ¿qué haces aquí?

– Soy la... – sintió mucha vergüenza al decirlo, pero pensó que lo mejor era tomárselo en serio e imprimir a su voz el tono necesario – Soy la Elegida Para Salvar a la Humanidad.

El chico puso una cara mezcla de asco y confusión.

– Me temo que todas lo somos – dijo otra voz.

De entre las sombras aparecieron otras cuatro personas. Dos chicas y dos chicos. La que había hablado tenía el pelo rapado por un lado con un simpático flequillo. Sus brazos eran fuertes y musculados. Llevaba unos pantalones militares negros y unas "Martins" de color granate.

– Soy Tres – dijo – Yo también soy la Elegida Para Salvar a la Humanidad. Supongo que vosotros sois cinco y seis.

"La tercera será enemiga a la par que aliada". Fabuloso.

– Entonces... ¿Hay más de un Salvador de la humanidad?

– Por lo que yo he leído –dijo uno de los chicos que estaba detrás de Tres, con una pinta bastante relajada– tal cosa es imposible.

– Sólo puede haber uno– dijo Tres.

Lo dijo en ese tono que anunciaba que muy pronto alguien se iba a llevar una paliza.

[Continuará]