Otras miradas

Otra mirada sobre la sumisión química

Loreto Arenillas

Diputada de Más Madrid y portavoz de Igualdad en la Asamblea de Madrid

Un kit para la recogida de indicios biológicos. E.P./Isabel Infantes
Un kit para la recogida de indicios biológicos. E.P./Isabel Infantes

Me alertaba el otro día Rosario Villajos, colega y maravillosa escritora, en redes sociales sobre la necesidad de cambiar la mirada sobre la sumisión química, me hablaba de la necesidad de hablarles a ellos y no generar terror sobre ellas. Poner el foco sobre aquellos hombres que pinchan una sustancia a una mujer para dejarla inconsciente y poder así agredirla sexualmente después.

A través de esa mirada recordé la necesidad de no caer una vez más en echarnos todo sobre las espaldas a las mujeres. En no caer en ser, una vez más, nosotras o únicamente nosotras las que tenemos que saber qué hacer en caso de sumisión química.

Recuerdo todo el trabajo que nos ha costado a las feministas en la lucha por la erradicación de las violencias machistas cambiar el foco de la denuncia hacia políticas dirigidas a concienciar socialmente sobre que la violencia machista no es un problema de la mujer que lo sufre y por lo tanto no debe tener ella el peso de la resolución, sino que es un problema social que nos afecta a todos y todas, y que por lo tanto es necesario que existan otras políticas no punitivistas al respecto que se enfoquen en generar conciencia y políticas enfocadas en que los agresores dejen de agredir.

En el caso de la sumisión química nos pasa lo mismo, hemos puesto el gran peso de la solución del problema en la mujer que lo sufre y por norma general ha pasado más desapercibido el agresor.

Es necesario poner el foco en los agresores para que no seamos sólo nosotras las que de nuevo tenemos el peso sobre nuestras espaldas.

Señalemos que aquella persona, hombre generalmente, que está ejerciendo sumisión química está Violando el cuerpo de otra persona, generalmente mujer.

Demos el nombre que le corresponde a este acto, violencia machista.

Quien la ejerce pretende ejercer una dominación sobre la mujer sin su consentimiento y sin tener en cuenta su deseo. Lo único que se juega en este acto es un yo masculino dominador que considera que sus deseos deben llevarse a cabo a cualquier precio sin importar qué quiere ella. Quien da un pinchazo está cometiendo un delito. Eduquemos a nuestro entorno para que ningún hombre considere que dar un pinchazo es algo que pueda hacerse, concienciemos a esos hombres de que su deseo no vale más que el nuestro, el de las mujeres, y que las relaciones sexuales deben ser siempre consentidas. Nosotras también tenemos deseo, nosotras también decidimos, extirparnos la voluntad es extirparnos la posibilidad de existir.

Señalemos también la necesidad de hablar y concienciar a los y las compañeras de noche y a cada persona que habita en el espacio público sobre qué hacer en caso de sumisión química. Si ves a un hombre ejercer sumisión química denúnciale, párale, explícale que está cometiendo un delito y una agresión sexual. Frena sus pies para que ninguna mujer más tenga que correr a un hospital sin saber qué le ha pasado. Señálalo como machismo.

Amigos, en la lucha por la erradicación de las violencias machistas os necesitamos hablando con vuestro entorno masculino, con vuestros hijos, primos, hermanos, amigos o sobrinos para que se hagan cargo de sus actos, para que no confundan derechos con deseos, para que asuman que las mujeres deseamos y que nuestra voluntad debe ser inquebrantable. Os necesitamos generando conciencia del machismo que está detrás de la sumisión química.

Además, es necesario que las campañas de concienciación señalen a los agresores y no solo que la víctima sepa qué debe hacer en caso de sumisión química.

Y es necesario que el entorno sepa qué hacer en caso de sumisión química y no se dude jamás del testimonio de la víctima.

Es imprescindible que la policía tenga formación específica sobre el tema por si una mujer o una amiga o amigo decide acudir a una comisaría, la policía sepa tratar el asunto como corresponde.

Y por último, necesitamos protocolos de atención a las agresiones sexuales en los hospitales. En Madrid, por ejemplo, no existe un solo hospital que cuente con este protocolo.

Recordemos siempre todos y todas que el único culpable de cualquier agresión sexual es el agresor.