Otras miradas

La izquierda italiana ante una encrucijada: frente amplio o callejón sin salida

Massimiliano Smeriglio

Cartel electoral de Giuseppe Conte, líder del partido Movimiento 5 Estrellas, en un autobús. -REUTERS
Cartel electoral de Giuseppe Conte, líder del partido Movimiento 5 Estrellas, en un autobús. -REUTERS

En Italia no perdimos porque cayera el gobierno de Draghi, sino precisamente por lo contrario, es decir, por la naturaleza propia de ese gobierno, y más aún por la percepción de lejanía percibida por millones de personas puestas a prueba por la pandemia, la guerra y la crisis económica. Un gobierno de emergencia y unidad nacional se transformó gradualmente en una opción política, la "Agenda de Draghi", confundiendo el indudable prestigio individual de Mario Draghi, incluso a nivel internacional, con el consenso en el país. Un gobierno que no ha elegido como prioridad una acción reformadora redistributiva, capaz de entrar en los hogares de los italianos.

La ruptura del frente amplio (PD y Movimiento 5 Estrellas) hizo el resto, convirtiendo la contienda electoral en un mero trámite ante el avance de la derecha. Incluso aquí la responsabilidad me parece muy clara ¿Cómo se puede pensar en construir una relación estratégica con Giuseppe Conte y su Movimiento y al mismo tiempo deslegitimar, burlarse, forzar escisiones parlamentarias que valen cero para la sociedad, no favorecer la relación con el S&D en Europa, ponerlos fuera del tablero de la presidencia del Parlamento Europeo favoreciendo al partido de Giorgia Meloni (sí, esto también sucedió)?

Perdimos porque no centramos la lucha en las entrañas de una sociedad empobrecida y temerosa. Perdimos porque desde 2011 el país vive suspendido en una burbuja tecnocrática que ha degradado la política, sus formas de organización, su impulso ideal. Con la única excepción de Piazza Grande, un momento prometedor capaz de activar a cientos de miles de personas que ha sido estrangulado en su nacimiento por los mecanismos asfixiantes que han dictado los equilibrios internos del PD desde sus inicios.

Pero la derecha ganó no sólo porque el campo democrático estaba dividido. Ganó porque su líder parecía, a los ojos de los votantes, creíble y coherente. Una victoria nacida de un camino lineal, identitario y popular, fundado en el "no a la deriva tecnocrática" y más concretamente al gobierno de Draghi. Se llaman a sí mismos patriotas, atlantistas, respetuosos de sus raíces, con la vista puesta en apaciguar al país. Tienen una idea precisa del mundo y luchan por realizarla. Una cosa simple. Si gana el relato de la simplificación social entre élite y pueblo, Meloni encarna al pueblo y nosotros a la élite. Y quizás sea por algo. En última instancia, aunque en términos vagos, plantean la cuestión de la soberanía y la independencia. Lo hacen mal, porque ponen el foco en el ámbito nacional y no en el europeo, pero al menos mencionan el nudo central de la crisis de las democracias.

Volvemos a empezar desde la oposición. Yo espero que el proyecto rojo-verde (Europa Verde y Sinistra Italiana, que se presentaron en coalición con el PD) siga su camino de recomposición de la diáspora de la izquierda y del ecologismo. Creo que el PD tendrá que organizar un congreso de verdad, con una tesis, con el tiempo necesario, que ponga en el centro su naturaleza y su relación con la sociedad italiana, y no otro liderazgo más para ser idolatrado y quemado en el transcurso de tan poco tiempo. Por último, sería muy importante la estabilización del Movimiento 5 Estrellas en el campo progresista, empezando por la defensa a ultranza de la renta de ciudadanía.

Estas culturas políticas deberían encontrar el coraje para empezar de nuevo a tejer una red común, la del frente amplio, sin la cual no puede haber hibridación, ni cambio, ni victorias electorales. Este reinicio debe hacerse ahora, si no queremos entregar a la derecha, sin luchar, el Lazio y la Lombardía, que tendrán elecciones regionales en 2023. Y debe hacerse volviendo a mover juntos, dentro de la sociedad, una clara oposición a la dimensión ideológica que agitará Meloni: de los migrantes a los derechos civiles, de la autodeterminación de las mujeres a la escuela, de los sindicatos a la propaganda nacionalista.

Preparémonos para este escenario y hagámoslo rápidamente. Debemos defendernos de una ofensiva ética que será fuerte, la única posible, ya que no podrán hacer otra. Las compatibilidades económicas y las alianzas internacionales no se cuestionarán nunca. Por lo tanto, será el comportamiento individual, así como la fiscalidad socialmente injusta, el objeto de la batalla que se avecina. El consumo de cannabis, la libertad afectiva y sexual, la libertad de las mujeres, la emigración y una cierta idea de orden que va a socavar la expresión creativa de los chicos y chicas en las escuelas y universidades. La lucha contra los pobres y no contra la pobreza. Nos estarán esperando allí. Estemos preparados y, a poder ser, unidos.