Otras miradas

Un abrazo a toda la gente que va a tener que aguantar a los chavales del Ahuja

Marta G. Franco

Periodista

En comunicación política —o en marketing de ONG, o en cualquier rama del arte de intentar decirle a la gente lo que tiene que hacer— lo llaman "audiencia persuadible". Son esas personas que no tienen muy claro qué pensar sobre un tema, que no se han formado una opinión fuerte, y a las que puedes llegar a convencer de tu libro si se lo cuentas o se lo vendes bien. No, los chavales del Colegio Mayor Elías Ahuja no son audiencia persuadible.

Tristemente, yo creo que personas de más de 18 años a las que se les pasa por la cabeza gritar «Putas, salid de vuestras madrigueras como conejas, sois unas putas ninfómanas. Os prometo que vais a follar todas en la capea» ya tienen bien formada su opinión sobre las mujeres y la sexualidad. Ya están militando fervientemente en las filas del heteropatriarcado más rancio (y del maltrato animal, dicho sea de paso). Es poco probable que las expulsiones, las conferencias y los voluntariados que les han impuesto como castigo consigan quitarles de la cabeza la idea de que las mujeres somos objetos conquistables como las islas-peñuscos de la frontera entre el Reino de España y el de Marruecos. Lo único que conseguirán es que aprendan que esas cosas no se dicen a gritos ni en situaciones en las que puedas acabar subido a TikTok. Que no es poco, conste, mucho bochorno nos vamos a ahorrar.

Ahora bien, lo que me preocupa es toda la gente que estos garrulos tiene alrededor. Por ejemplo, un chaval que sale ahí en el vídeo, que subió su persiana por pura presión de grupo, pero que en realidad estaba pensando «¿pero qué zorras, si yo lo que quiero es comerle la polla a mi compañero de habitación?». O cada una de las chicas del colegio mayor de enfrente que follarán con alguno del Ahuja en la capea, en polvos horribles que acabarán cuando ellos se corran, sin importar lo que ellas deseen (un 57,7% de estas chicas tendrán sexo alguna vez sin ganas o por compromiso, por cierto, según un estudio publicado ayer. O todas las mujeres que tendremos que aguantar sus propuestas políticas retrógradas cuando sean líderes del PP. Y este último ejemplo no es tanta licencia literaria: Pablo Casado fue al Colegio Mayor Elías de Ahuja, e incluso escribió un texto sobre "zorras" en la revista colegial. Parece que en el Ahuja tienen valores sólidos e inquebrantables.

Me preocupa, a grandes rasgos, la cantidad de redes feministas y LGTBIQ+ que se tendrán que movilizar para paliar los daños que estas criaturas, me temo, van a causar. La ayuda psicológica que requerirá tanta gente con la que compartan sus vidas. Además, me da que chavales que residen en un colegio de a 1200 euros el mes vienen de familias con recursos, y me da también, no porque sea yo especialmente intuitiva sino por miles de estudios sobre (in)movilidad de clases y reproducción de élites, que van a acabar dirigiendo empresas. Así que también me preocupa la gente que trabaje para ellos, y los sindicatos que serán necesarios para mantener su dignidad laboral. Me perdonarán que sea prejuiciosa, pero es que el sentimiento de que la gente está ahí para satisfacer tus deseos suele venir en pack: complejo de servidumbre sexual y económica.

Más que miedo o asco, lo que me produce el grito de estos chavales es cansancio. Me hace pensar en el trabajo infinito que llevamos siglos haciendo, y el que nos queda por hacer. La de recursos de los movimientos sociales, del tercer sector y también de los servicios públicos que van a necesitar estos chavales a lo largo de sus vidas. La de tiempo, desgaste y coste social que requieren. Y encima, de nuevo voy a ser prejuiciosa pero con sobrada evidencia histórica, serán de los que se nieguen a pagar impuestos para sufragar todo esto.