Otras miradas

Memoria y Estado

Laura Berja

Diputada del PSOE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada al acto conmemorativo con motivo del Día de Recuerdo y Homenaje a todas las víctimas del golpe militar, la guerra y la dictadura en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, a 31 de octubre de 2022, en Madrid (España). -Eduardo Parra / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada al acto conmemorativo con motivo del Día de Recuerdo y Homenaje a todas las víctimas del golpe militar, la guerra y la dictadura en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, a 31 de octubre de 2022, en Madrid (España). -Eduardo Parra / Europa Press

Como cada 1 de noviembre los militantes de la memoria histórica han vuelto a celebrar actos en muchos cementerios de nuestro país. Las asociaciones memorialistas, las familiares de las víctimas, los sindicatos, algunas formaciones políticas y otros ciudadanos y ciudadanas se reúnen para recordar a las víctimas del golpe de Estado franquista, aquellas a las que les arrebataron la vida durante la Guerra Civil y en la dictadura. "En memoria de los luchadores por la libertad" o "por aquellos que dieron su vida por la democracia", son las frases que resuenan acto tras acto acompañadas de poemas de Federico García Lorca o Antonio Machado.

Cada año hemos tenido que buscarnos un espacio en los cementerios para recordar a las víctimas, para acompañar a los familiares de las personas desaparecidas, para reivindicar más dinero para encontrar los cadáveres de todos aquellos que vilmente fueron asesinados y enterrados en cunetas y fosas comunes. A veces, tras años de mucho esfuerzo, teníamos en un cementerio un Lugar de la Memoria Histórica, una categoría que por ejemplo en Andalucía creó y reguló el decreto 264/2011 de 2 de agosto, y que nos ha permitido institucionalizar los encuentros entre familiares y organizaciones.

Sin embargo, el recuerdo y el homenaje a todos y todas las que dieron su vida por la libertad y la democracia no ha contado con la relevancia institucional suficiente hasta ahora. Todos estos años atrás teníamos la sensación de cierta clandestinidad de nuestros actos, de alguna manera parecía que teníamos que recordar a las víctimas y acompañar a los familiares en voz bajita, sin hacer mucho ruido. Parecía así que siendo los actos organizados por asociaciones, sindicatos y partidos, y no por las administraciones, las conmemoraciones eran cosa de unos pocos y no una cuestión de Estado.

Pero las cosas cambian, con compromiso y valentía, las cosas cambian. "Vamos tarde, demasiado tarde, hemos recorrido más de 40 años de democracia pero aún nos queda el poder de la memoria y en tanto somos capaces de recordar desafiamos la injusticia del olvido. Recordar para honrar a quienes lucharon por la democracia y lo hacían desde la clandestinidad a sabiendas de que era muy probable, por desgracia ellos lo sufrieron, que no llegaran a disfrutar en vida del sueño de la libertad. Para saldar la deuda de gratitud que España aun tiene con quienes se comprometieron con una España democrática aprobamos también esta Ley de Memoria Democrática. Antes he dicho aquí, verdad, justicia, reparación y deber de memoria, no son conceptos abstractos, no son conceptos solamente del Gobierno de España, son cuatro principios enunciados por Naciones Unidas en la orientación de las políticas de memoria que están presentes en una ley que al fin equipara nuestro país con otras democracias de nuestro entorno que también sufrieron el fascismo."

Estas palabras podrían ser las citadas en el cementerio de San Eufrasio por el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén, mi querido Miguel Ángel Valdivia. Pero no, fueron las palabras de otro presidente, las del presidente del Gobierno de España en un acto oficial del Gobierno. Un acto de Estado, una solemne y emotiva conmemoración en la que se reconocía institucionalmente a los luchadores y las luchadoras por la libertad, se agradecía a las organizaciones que no han descansado ni un minuto en hacer posible el reencuentro de familiares que llevaban muchas décadas buscando los restos mortales de hermanos, padres o abuelos. Un acto de Estado, en el que institucionalmente se reconocía el papel imprescindible para la democracia de hoy de las mujeres que sufrieron la represión más brutal con los desprecios más inhumanos.

En la Ley de Memoria Democrática aprobada recientemente se establece el día 31 de octubre como jornada dedicada a las víctimas del golpe militar, la guerra y la dictadura, y no es baladí el simbolismo del día, el 31 de octubre de 1978 la Constitución fue aprobada por los representantes del pueblo español en Cortes Generales.

Seguiremos realizando los encuentros en los cementerios el día 1 de noviembre pero empezaremos un día antes, y lo haremos sabiendo que nuestro país es un país mejor porque recuerda a sus víctimas con la altura institucional que merecen. En palabras del presidente Pedro Sánchez, "nunca más vais a caminar solos, ninguna democracia puede construirse sobre pactos de silencio".