Otras miradas

Las cuentas claras: juntas sumamos

Jorge Caldera Serrano

Profesor de la Universidad de Extremadura y Secretario de Coordinación Ejecutiva de Podemos Extremadura

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante la presentación de los coordinadores de trabajo de Sumar. -A. Pérez Meca / Europa Press
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante la presentación de los coordinadores de trabajo de Sumar. -A. Pérez Meca / Europa Press

Sin aviso previo de la Agencia Estatal de Meteorología, hace unos días ha pasado por Extremadura un fuerte viento de ilusión, una marejada de progresismo en vena y una lluvia que fusionaba personas, ideas y proyectos. Una energía concentrada en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida donde muchos paisanos no pudieron entrar al acto de escucha ante la avalancha de extremeñas y extremeños que querían ver de cerca a la "madre de dragones" que unifique los "reinos rojos" ante las amenazas de las hordas fascistas que nos acechan.

Vicepresidenta del Gobierno, Ministra de Trabajo y lideresa de Sumar. Yolanda Díaz hizo escala en nuestra tierra durante una jornada de escucha en Cáceres y Mérida, visita que va más allá de la propia escucha a la ciudadanía y que no deja de ser la concreción territorial y visual de un proyecto político que quiere ser reflejo de las inquietudes de todo un país y, sobre todo, de un sentimiento colectivo de unión.

También hace unos días, desde la principal fuerza que representa a la izquierda en nuestro país, hemos escenificado nuestra unión y empuje en nuestro aquelarre anual, donde nos hemos escuchado y hemos compartido inquietudes, pero sobre todo muchos sueños y esperanzas. Una visualización clara de la fuerza de Podemos representada tanto por su presencia en gobiernos como por el empuje de su militancia y simpatizantes, un Podemos que acaba de terminar su proceso de primarias apostando por fuertes liderazgos para candidaturas autonómicas y locales sin perder de vista el proceso electoral que, aunque de fechas imprevisibles siempre en manos de Pedro Sánchez, puede ser más pronto que tarde.

Izquierda Unida, aunque con menos trascendencia mediática, también ha contado con su propio conciliábulo público, coincidiendo en fechas y especialmente en intereses y visión de la misma España progresista.

Leyendo, viendo y escuchando los medios en estos días, parece que se hubiera abierto la caja de los truenos dirigidos desde Podemos, truenos que impactan irremediablemente en Yolanda cual pararrayos, donde la escenificación mediática de la división es premonitoria de la extinción de "los dragones podemitas", así como de la soledad y aniquilación de la "Daenerys hispana" y de toda la dinastía Targaryen progresista. Lecturas interesadas unas, retorcidas otras, con muy mala leche en la mayoría, pero que sí reflejan una falta de planificación estratégica por parte de la izquierda española (nota de autor para despistados: hablar de izquierda española deja fuera al PSOE de Carmen Calvo, de Nadia Calviño y de Pedro Sánchez, socialistas a tiempo parcial y obrero cada cuatro años).

Partiendo de una premisa, para mí incuestionable, en la que Sumar sin Podemos no suma y Podemos sin Sumar resta, me cuesta entender cómo no contamos con una mesa de diálogo y debate entre todas estas fuerzas de izquierda, en la que tengan cabida fuerzas hermanas y cercanas ideológicamente como los Comunes, como Más Madrid, como Compromís, incluso otras fuerzas regionalistas progresistas, y por supuesto, como Podemos, referente actual de la izquierda institucional y que mayor número de votantes arrastra. No se comprende la ausencia de una estrategia común, ni electoral ni comunicativa, ni se entiende que visualicemos diferencias cuando deberíamos mostrar como abrazamos lo que nos une.

Mi tierra, Extremadura, es un ejemplo palpable de que es posible contar con diferentes partidos luchando por un proyecto común, donde Podemos e Izquierda Unida van sincronizados, donde entendemos la necesidad de incorporar a personas de la sociedad civil así como de otras organizaciones, nuevas, regionalista, diferentes, pero siempre desde la lucha por los intereses de las extremeñas y los extremeños, y nada de poniéndonos en el centro del tablero sino ubicándonos en la izquierda progresista, en el progresismo que impugna las políticas que dañan al territorio y no generan empleo, que solo benefician a empresarios expoliadores de recursos, ya bastante ricos en dinero y avaricia. Con toda esa gente que quiere mejorar las condiciones de vida de las personas de nuestra tierra y que se implica en el día a día, con esa gente hemos de estar siempre y contar con ellas. Extremadura, la excepción dentro de la excepción ibérica y un ejemplo a seguir por otros territorios.

Me cuesta creer que, en aquellos lugares donde la posible división de la izquierda se traduzca en candidaturas distintas, vayamos a tener buenos resultados, o al menos, mejores a los actuales. Me cuesta porque veo a nuestra gente cansada y también perdida, polarizando sentimientos y dejando de un lado la razón, mientras otros buscan unidad y no caminos alternativos y discrepancias. Éstas, las discrepancias, no son tantas ni tan importantes como para no solucionarlas, pero que se venderán como diferencias insalvables e infinitas por un poder mediático y económico que lleva años en campaña para echarnos de las instituciones.

Y también entiendo como evidente que unos malos resultados en elecciones autonómicas y locales nos arrastrará a malos resultados a nivel estatal, como para no ser necesario intentar llegar a acuerdos lo antes posible y en todos los territorios. ¿Veis posible que si tenemos estrategias distintas que se traduzcan en marcas electorales diferentes en las elecciones de mayo, se puedan restañar las diferencias y confluir de manera conjunta unos meses más tarde?

Seguimos discutiendo para decidir "si son galgos o podencos", cuando realmente lo que vienen son fascistas, de los tuneados, de los de nuevo cuño y de los de toda la vida. Es el momento de ser tolerantes, generosos, abiertos, de quemarnos el culo en las mesas de diálogo y de negociación, de unirnos en torno a los objetivos comunes.

Hemos de ilusionar en cada una de nuestras organizaciones, potenciando y activando nuestra militancia, pero hemos de hacer ver que no somos "unos pollos sin cabeza" sino que tenemos un proyecto conjunto, común, progresista, donde todas tenemos cabida, donde como ejes fundamentales tengamos la defensa de los servicios públicos, el feminismo, el ecologismo, y dejar claro que no vamos a dejar a nadie en la cuneta, como sí ocurrió en otras épocas en blanco y negro de nuestro país.

Este proyecto es de todas y de todos, y así hemos de construirlo y así hemos de sentirlo. Y si no hay unión de la izquierda nos merecemos que nos hagan un "drakarys" en toda regla.

¡Por la unión de las fuerzas progresistas para tener un futuro como país!