Otras miradas

La Semana Fantástica de Feijoó y el cine de terror

Guillermo Zapata

Guionista

Arnold Toht en 'Indiana Jones En Busca del Arca Perdida'

Stephen King define el terror como una mezcla entre repugnancia y puntos fóbicos. Lo repugnante tiene que ver con lo viscoso y lo visceral, que no es más que poner fuera del cuerpo lo que está dentro del mismo. Los puntos fóbicos son puntos de presión social que resuenan como inquietudes, tabús, angustias colectivas, etc. Por tanto, el terror tiene que ver con la producción de elementos (imágenes, textos, sonidos, etc.) que despojan de su aura a las cosas y que resuenan con las fobias del presente.

Este texto se abre con una imagen terrorífica de una película que no es de terror, Indiana Jones En Busca del Arca Perdida, la primera de las aventuras del Doctor Jones, dirigida por Steven Spielberg en 1981, en ella vemos los últimos segundos de vida del villano de turno: Arnold Toht. Toht es un oficial de la Gestapo que se enfrenta a Jones en la búsqueda de la preciada Arca de la Alianza, que considera un arma fundamental para el Tercer Reich. Siguiendo el esquema de todas las películas de Indiana Jones, lo misterioso sólo se desvela benigno a los corazones puros y humildes, mientras que destruye a aquellos que pretenden darle un uso maligno. El mal es destruido cuando se enfrenta a lo misterioso porque, en su ambición, se empeña en controlarlo.

En el caso de Arnold Toht tiene la feliz idea de mirar al interior del "Arca de la Alianza" y es fulminado por una luz beatífica que lo calcina. Ese proceso es un ejemplo perfecto de esa repugnancia a la que se refiere King, ya que el rostro de Toth se va licuando y disolviéndose como una pulpa blanquecina. A veces, te cuentan la verdad y acto seguido te hacen potitos.

Esta semana Alberto Nuñez Feijóo se encontró con un titular de portada en el diario El Mundo que decía lo siguiente: "El PP anima a Feijóo a ser hoy implacable con Sánchez: Es el momento". Se refería a la sesión de control en el Senado donde Sánchez y el líder de la oposición se iban a cruzar esa misma tarde. La portada es relevante porque apenas unas semanas antes el mismo periódico había lanzado otra que decía lo siguiente: "El PP teme la reacción de la derecha política, judicial y mediática" ante el acuerdo con el gobierno para la renovación del CGPJ. Horas después, Feijóo rompía dicho acuerdo y, se entiende, "la derecha judicial, política y mediática" se quedaba tranquila.

El terror son puntos fóbicos, pero se articula haciendo que lo que está dentro salga fuera.

En dicha sesión, Pedro Sánchez hizo algo que yo diría que es inédito. Le enseñó a Feijóo dicha portada del periódico El Mundo, en un acto similar al de Dorothy llegando a Oz y corriendo la cortina que ocultaba que el mago no es más que un señor vulgar y corriente. Sánchez desveló que las portadas de El Mundo hacían previsible a Feijóo desde que las leyó y decidió que mandaban sobre él y con eso desveló otro antiguo secreto que ya no lo es para casi nadie: los medios de comunicación intentan controlar a los líderes políticos.

No siempre ha sido así, en eso que el 15M dio en llamar "Régimen del 78" los liderazgos del bipartidismo tenían otra relación con lo mediático. Prueba de ello es que Aznar pudo modificar numerosas portadas de periódicos la mañana del 11M llamando por teléfono y suspendiendo la función más básica del periodismo, que es controlar al poder. Esa mañana "había sido ETA" porque lo había dicho el presidente. Pero eso era antes. Hoy, los líderes políticos existen en un contexto dónde todo lo que solía estar dentro está fuera, un contexto transparente, sin misterio, un contexto de hipervisilidad digital. Un momento donde todos operamos mitad como medio de comunicación mitad como famosos. Un momento, por tanto, lleno de puntos fóbicos y repugnancia.

Sánchez conoce perfectamente el momento. Al fin y al cabo, El Mundo está haciendo con Feijóo lo que El País intentó hacer con Sánchez hace apenas unos años. Antonio Caño, director de El País en ese momento volvió a pulsar los puntos fóbicos y escribió en Twitter lo siguiente el pasado mes de junio: "Hace cuatro años intentamos evitar desde El País el pacto de Sánchez con populistas y separatistas porque creíamos que eso era malo para la izquierda y para España. No nos creyeron". Esta semana, preguntado en una facultad de periodismo por este tuit dijo que se refería a la línea editorial del periódico. Quizás el liderazgo político hoy tiene que ver con entender que no hay una equivalencia entre medios de comunicación y comunidades políticas o, al menos, que esa equivalencia es cada vez más compleja y mestiza. Quizás el liderazgo político es escapar de los distintos cepos mediáticos. Especialmente de los que nos ponen los medios supuestamente aliados.

El asunto es que, como demuestra la secuencia de Indiana Jones que mencionaba antes, lo terrorífico, lo verdaderamente horrible, requiere de profundidad y persistencia. Es lo que diferencia un susto de una imagen horrible. El susto no es más que una interrupción fortuita, opera sobre la atención y lo puede activar cualquier cosa. La imagen horrible es la perfecta mezcla de horripilancia y puntos fóbicos. El cine de Cronenberg tiene esa poética de lo monstruoso.

Alguien más estaba leyendo esa mañana la portada de El Mundo y sabía lo que haría Feijóo en el Senado y se preparó para ello: Vox. ¿Para qué alguien querría a un líder del PP que sube el volumen y muerde teniendo a auténticos profesionales del volumen a su disposición? El titular indicaba que "Es el momento", y lo ha sido, pero no el lunes, sino el pasado jueves en el Congreso.

Ese Vox que sabe que sólo tiene lenguaje (no es poco, es más de lo que hoy por hoy parece tener Feijóo) para enfrentar el próximo ciclo electoral entendió perfectamente que el objetivo del jueves era silenciar a Feijóo y que la manera de hacerlo era golpear con la mayor de las repugnancias. Lo hicieron contra Irene Montero. Porque el machismo reproduce esa ecuación en la que toda violencia llegará siempre con mayor violencia e intensidad contra una mujer que contra cualquier hombre.

El PP no ha existido durante el trámite de aprobación de presupuestos. Por el camino, el bloque de la investidura se ha solidificado. Hoy es más fácil repetir una mayoría progresista que cuando Feijóo no hacía caso a las portadas de los periódicos, pero el terror es también más fuerte.