Otras miradas

La desfachatez salva a Montero

Sergi Sol

La ministra de Igualdad, Irene Moreno, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 24 de noviembre de 2022, en Madrid (España). -Carlos Luján / Europa Press
La ministra de Igualdad, Irene Moreno, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 24 de noviembre de 2022, en Madrid (España). -Carlos Luján / Europa Press

A Irene Montero la estaban crujiendo. A derecha y a izquierda. Sacó a toda leche una ley tan necesaria y cargada de buenas intenciones como precipitada. Había que lucirla para el 8M. Era una ley hecha en caliente, como reacción a la controvertida sentencia por la salvajada de la Manada, después de que los jueces consideraran abusos sexuales que un grupo de desaprensivos sin escrúpulos se aprovecharan vilmente de una chica en Sanfermines.

La ley del 'sólo sí es sí' era oportuna, debió hacerse. Sin lugar a dudas. Eso sí, le sobraron prisas. No es que lo advirtiera el conservador Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), es que ERC presentó dos enmiendas advirtiendo que podría ocurrir esto mismo que luego ha ocurrido. O sea, que hubiera resquicios legales para aligerar penas a los violadores. Pero PSOE y Unidas Podemos rechazaron tomar en consideración unas enmiendas no sólo bienintencionadas, también imprescindibles para asegurar el espíritu de la ley.

A Montero la estaban crujiendo y dejando de lado los de casa. Parecía abandonada a su suerte, a merced también de los que le tenían ganas. Hasta que llegó el barriobajerismo de Vox y sus pudientes notas aristocráticas. Mezclando lo peor de cada mundo.

Y con su alocada embestida, los nostálgicos nacionalistas españoles salvaron a Irene Montero que, sin duda, es la responsable de una ley con gazapo que debió ser enmendada. El PP de Feijóo, de nuevo, desaprovechó la ocasión para parar los pies a la extrema derecha. Y con ello hizo posible que la izquierda -con Gabriel Rufián a la cabeza- se volcara en favor de Montero ante la desfachatez de unas gentes que no tienen sentido alguno de la ponderación. Luego está la hiperbólica reacción ante un comentario sexual claramente fuera de lugar, tapando que lo que era aún más bestia de la diatriba de Vox –y también lo ha hecho de forma sibilina el PP y la derecha mediática- es que atribuyera a Montero la voluntad de librar a los violadores de responsabilidad alguna. Una calumnia miserable en toda regla. Porque una cosa es un error forzado por la precipitación y otra bien distinta atribuir a la ministra de Igualdad una fechoría tan deleznable como la que le atribuyó Vox.

¿Es cierto que la judicatura padece un sesgo derechista? Pues claro, lo raro es que no procedan ya a renovar expeditivamente el CGPJ. Por eso mismo debió tener en cuenta la ministra las advertencias republicanas. Para no dejar margen alguno a la imaginación de determinadas togas. Como es igualmente cierto que la ley Montero -aunque cargada de razones- era manifiestamente mejorable. Y no será porque no se lo advirtieran.