Opinión · Otras miradas

Brexit y el paquete Delors

Luis Moreno

Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC) y autor de ‘Trienio de mudanzas’

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC) y autor de ‘Trienio de mudanzas’

¿Servirá el resultado del Brexit como estímulo añadido para renovar el proceso de Europeización? Largo se lo fiáis, es la respuesta de no pocos analistas a tal pregunta. Y es que la literaria advertencia expresa una gran duda respecto al futuro de la Unión Europea sin el Reino Unido. Al menos hasta que pase 2017, año electoral en Alemania y Francia, cuando se dispondrá de una visión más ajustada del provenir continental. Entre tanto, ¿qué podría hacerse para superar la abulia europeizadora?

Los argumentos a favor y en contra durante la campaña del referéndum británico han incidido sólo tangencialmente en las consecuencias ocasionadas por el mantenimiento de las políticas macroeconómicas por la austeridad. A pesar de ser la causa principal de la ‘gran recesión’ o ‘crisis interminable’ iniciada en 2007/08, el neoliberalismo sigue mostrándose inasequible al desaliento. Cierto es que el Reino Unido no forma parte de la Eurozona compuesta por los 19 países que han adoptado al euro como moneda oficial, y que tienen al Banco Central Europeo como autoridad competente común. Tampoco es casual que el Reino Unido haya sido el país donde las ideas neoliberales se han mostrado más resistentes. El propio jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, descartaba hace unos días grandes medidas ‘espectaculares’ para reanimar a la convaleciente economía europea. Sin embargo una visita a la hemeroteca política continental podría rescatar algunas ideas provechosas. ¿Serían las propuestas recogidas en el Libro Blanco de Delors de 1993 útiles en los tiempos que corren?

Jacques Delors, octavo Presidente de la Comisión Europea (1985-94), fue arquitecto fino en el diseño y puesta en marcha de la unión continental que aspiraba a ser cada vez más estrecha. En 2012, Delors ya avisó que el referéndum en el Reino Unido sería la única alternativa si se imponía un discurso exclusivamente economicista. Así ha sido en las islas británicas. Para una mayor europeización valían y siguen valiendo otros materiales de construcción, fundamentalmente axiológicos (de valores comunes) y políticos (de convergencia institucional). Naturalmente, Delors tampoco rehuyó la perspectiva económica como forma efectiva de legitimar el proyecto europeo. Su receta, ahora rescatada del baúl de la economía política del siglo XX, no era otra que invertir mediante un paquete extra de medidas económicas neokeynesianas para preservar el empleo y la cohesión social de nuestras sociedades europeas.

En 1993, y tras ser requerido por el Consejo Europeo, Delors preparó un Libro sobre el Crecimiento, la Competitividad y el Empleo. Entre otras, sus propuestas conocidas como el Paquete Delors abogaban por la reducción a la mitad el desempleo europeo antes del tránsito al tercer milenio mediante una macro inversión de 250 millardos de euros (Ecus). Por encima de cualquier otra consideración se pretendía preservar el Modelo Social Europeo auspiciando reformas en nuestros estados del bienestar, priorizando políticas activas de empleo y una mayor competitividad productiva mediante el aumento del valor añadido de los productos europeos.

Las ideas de Delors fueron ‘fagocitadas’ principalmente por la zafiedad de los intereses nacionales de los estados miembros, celosos de conservar sus poderes políticos estatalistas. Además, el fulgor coyuntural de las ‘novísimas’ ideas de la Tercera Vía de Tony Blair y sus adláteres revitalizó la centralidad del mercado y del mercadeo demonizando la ineficiencia de lo público. Tras varios lustros de espejismos y oximorones políticos hemos visto falsar las prevenciones terceristas y aumentar la desgana social por una Europa unida.

De lo anterior se han beneficiado los partidos racistas, xenófobos y neonazis. Paradójicamente, ahora la Europa unida es acusada de ser responsable de las frustraciones nacionales en alza en los estados miembros. Existen otras iniciativas que podrían facilitar la europeización y aumentar la integración continental, especialmente en temas relativos a la lucha contra el terrorismo, la seguridad o la defensa. La acción conjunta europea frente a la inmigración y al asunto de los prófugos es imprescindible ante cálculos recientes que estiman en 30 millones los migrantes preparados para emigrar a Europa desde países en guerra o en muy malas situaciones económicas

Volviendo a lo económico se observa una mayor sintonía en la diagnosis pero persisten las disparidades en la prognosis. El Libro Blanco de Delors ya señalaba el desequilibro entre inversiones y ahorros como auténtico factor de división en las mancomunadas actuaciones económicas europeas. Algunos visiones persisten en anteponen la supuesta ortodoxia financiera al estimulo inversor. Pero, además del resultado del Brexit, las cosas han cambiado y no poco en el panorama institucional europeo. La sentencia del tribunal constitucional alemán emitida en Karlsruhe el pasado martes 21 valida el programa de compra de deuda del BCE, lo que puede ser un instrumento a utilizar por el Banco Central Europeo para auspiciar eventualmente una mayor demanda interna continental.

Para Mario Draghi un paso necesario y suficiente para avanzar en el presupuesto europeo es la mayor integración política europea y el reforzamiento de las decisiones supranacionales. Se posibilitaría así, por ejemplo, la emisión de eurobonos en prevención de crisis que se anuncian venideras. Las inversiones pública y privada son necesarias para superar las constricciones de una austeridad insolidaria y generadora de desazón hacia el proyecto europeo. Difícil será pretender la armonización fiscal y la europeización de lo económico, no sólo por culpa de la espantada del Reino Unido. Algunos países periféricos del norte y este europeo ya conforman ‘de facto’ una Europa con una velocidad más cansina. Ello no debería ser causa de que el motor de los países europeos más activos se gripase. Quizá un paquete de medidas en la línea de lo avanzado premonitoriamente por el Libro Blanco de Delors serviría para una nueva puesta a punto. Algo muy conveniente de cara a itinerarios más exigentes.