Otras miradas

Pablo Motos, libertad de expresión y humor sexista

Ana Bernal Triviño

Pablo Motos en 'El Hormiguero'. -Atresmedia
Pablo Motos en 'El Hormiguero'. -Atresmedia

La declaración de Pablo Motos en El Hormiguero, ofendido por el anuncio del Ministerio de Igualdad, puede hacernos reflexionar mucho. Primero, el darse por aludido directo. Segundo, el cómo no reconocer errores se puede volver en contra.

Decía Juan de Val que el feminismo es necesario y que el machismo es estructural. Si el feminismo se silencia y no puede decir nada, seguiríamos en las antípodas. Precisamente, como es estructural, los medios tienen un papel fundamental en ello. Y más allá de ser medios públicos, las propias leyes reconocen que deben evitar caer en estereotipos sexistas o en situaciones que degraden la imagen de la mujer. Está en la Ley de Violencia de Género de 2004, la Ley de Igualdad de 2007 pero incluso es mencionado en el Convenio de Estambul, la Cedaw, y la propia Naciones Unidas. Y eso no está reñido con el entretenimiento. ¿Que Pablo Motos no es el único que ha cometido esos errores? Sí, pero es uno de los programas más vistos en los últimos años y por eso tiene más repercusión.

Dos cosas para quienes siguen sin ver lo que Motos no ve o no quiere aún asumir. Uno, el iceberg de las violencias machistas resume que la mayoría vemos solo lo que hay en la cúspide: el asesinato, la agresión, el delito... En cambio, frente a lo explícito hay "semillas" más sutiles que alimentan el cómo se ve y trata a las mujeres. Ese pensamiento que deshumaniza y cosifica poco a poco. Y en esa base está, como se ve en el iceberg que realizó Amnistía Internacional, el humor machista.

¿El humor tiene límites? Sobre ello podemos debatir mucho o que cuando el humor se hace de arriba a abajo, no es humor, es humillación. Quizás lo fácil es hacer el humor sexista porque se recurre a los tópicos y el pensamiento automático cala más. Quizás es que hay que currárselo más. Pero sigamos con los "límites" del humor sexista. Un estudio de la Universidad de Granada en 2009 ya apuntaba que "los chistes sexistas favorecen los mecanismos mentales que justifican la violencia hacia las mujeres". Investigaciones académicas más recientes advierten lo mismo: el reforzamiento de los estereotipos, de la imagen de degradación de las mujeres e incluso cómo refuerzan actitudes despectivas hacia las mujeres por parte de los hombres. Es decir, que no lo dice un par de feministas desquiciadas sino la propia teoría académica.

Dice Juan del Val, guionista del programa, que juicios como la "cacería a Pablo Motos" afecta a la libertad de expresión. Ya salió el comodín de la libertad de expresión que, por cierto, tiene sus límites en otros derechos recogidos en la Constitución. Tiene su fondo porque justo quienes más han vivido en sus propias carnes no poder expresarse somos nosotras. Más allá del programa, sabemos qué es que te hagan una pregunta incómoda y que, por educación, porque es trabajo o promoción que te imponen, o por muchas circunstancias, tengas que callar y hacer de tripas a tripones. Algunas no han tenido ni libertad para decir ni lo que sienten temiendo el linchamiento público. Porque si os decimos que ese comentario es machista ya viene el discurso de estos días: amargadas, aburridas, secas, victimistas, sosas, censoras... Aguantamos a que pase el mal trago antes de ser linchadas. Desde luego a muchas mujeres no se les puede, precisamente, señalar lo de la libertad de expresión cuando es muy relativa según con quién estés y en qué situación estés.

Decía Tamara Falcó que la campaña es una "mierda". Quizás lo que es una mierda es soportar preguntas incómodas, como han reconocido algunas invitadas. Porque a mí algunas me recuerdan a esos comentarios de instituto, donde uno decía algo con contenido sexual o sexista y el resto le jaleaba. Es esa escena típica de patio que no aporta nada. Porque, además, es incómodo que siempre te pregunten por lo mismo y con ese fondo de morbo sexual. La propia Nuria Roca se quejaba hace muy poco de que ya no daba entrevistas porque estaba cansada de que, a pesar de hacer teatro, le preguntaran siempre por el tema de la "relación abierta". Y Roca debería saber que no es solo a ella, les pasa a una buena parte de las mujeres con relevancia profesional. Pues sí, cansan esas preguntas comodín del morbo por el morbo y no centradas en el trabajo, porque además relega a lo que nos dedicamos, los méritos alcanzados. Eso es lo que se ha dicho en las redes sobre Pablo Motos, y no tiene que ver con la libertad de expresión. Las malas prácticas informativas existen y nadie va preso, solo hay que corregirlas si se quiere aprender. Que el machismo lleva media vida opinando burradas del feminismo y ni han dejado de opinar ni nadie está en la cárcel.

Escribo esto mientras leo que este lunes una mujer fue asesinada en Lugo y el mismo día apareció el cuerpo de una joven asesinada, que trabajaba como escort, por su putero. Hubiese sido genial que Pablo Motos ese día, en ese programa que genera tanta audiencia, hubiese recordado a estas mujeres y que esto no se puede normalizar. Que las mujeres no se compran ni son propiedad de nadie. O hubiese preguntado por ello a sus invitadas o invitados, para reflexionar sobre qué sociedad estamos creando. Pero no, el escándalo no es ese sino un anuncio. Usando la "valoración" de Tamara Falcó, "la mierda" es que nos maten o nos violen por ser mujeres y no se escandalicen.