Otras miradas

El tiempo de Andalucía

Sergio Pascual

Diputado por Sevilla de Unidos Podemos

Sergio Pascual
Diputado por Sevilla de Unidos Podemos

Hoy prácticamente nadie duda en nuestro país que vivimos los comienzos de una nueva etapa del corto período democrático español. Algunos lo han llamado Segunda Transición; otros, fin del bipartidismo, crisis de legitimidad o crisis de régimen.

Todas las lecturas comparten elementos de análisis: una severa crisis económica, que de forma desproporcionada e inequitativa se ha hecho caer sobre los hombros de las mayorías (hasta el Ministro Margallo decía que "nos hemos pasado cuatro pueblos con la austeridad") y que ha funcionado como catalizador de una crisis de modelo territorial y de representación con fuerte sesgo generacional.

El rumbo de esta nueva etapa estará definido, por tanto, -como lo estuvo el rumbo de la Transición- por 1) el proceso y el modelo territorial que acabe cristalizando en nuestro país, 2) el modelo económico que pavimente la salida de la crisis y 3) el protagonismo de una generación mejor conectada e interconectada con el mundo actual -quizá los nativos digitales de M. Prensky-, libre de los condicionamientos históricos, políticos y personales que dificultan lecturas y propuestas de cambio genuinamente transformadoras.

En aquella transición, una nueva generación, por un lado, y Andalucía, por otro, fueron claves para definir un marco territorial de convivencia y un proyecto de país que fue funcional -con claroscuros, cómo no- durante aquel periodo. Del mismo modo, hemos visto cómo en estos últimos años las nuevas generaciones han denunciado duramente que aquél marco de convivencia, hoy, ya no es tal. Ese contrato social está roto porque expulsa a esta misma generación fuera de su tierra; y está roto porque destruye industria en vez de construir riqueza para integrar personas. Ninguna tierra conoce mejor esta realidad que Andalucía.

Por ello, tenemos la obligación, hoy, de volver a jugar el papel que nos corresponde por identidad y peso específico en nuestro país. Somos los andaluces, junto con Galicia, la Comunidad que mejor armoniza la identidad española con la identidad nacional. La mayoría de andaluces no sabe serlo sin ser españoles y viceversa y esta peculiaridad nos sitúa, como comunidad simbólica que somos, en el lugar idóneo para aproximar los extremos identitarios que colisionan en nuestro país hoy.

Somos, además, el territorio que mejor aúna necesidad y potencialidad —tierra fértil, sol, viento, puertos, fronteras comerciales naturales— para una reorientación industrial ecológica que ponga a Andalucía en la senda de la convergencia en términos de empleo y renta y a España en la senda del crecimiento.

Este nuevo Congreso de los diputados y diputadas tendrá mucho que decir en estos debates y si bien la cámara no ha venido teniendo vocación de representación territorial, Unidos y Unidas Podemos ha sabido entender que nuestra diversa y rica realidad plurinacional -heredera también aunque no solo de la realidad construida por la nueva institucionalidad- requería tener voz en el Congreso más allá de sus formulaciones estríctamente nacionalistas.

Estas voces exclusivas de algunos territorios propiciaban un Congreso que ni era -ni es aún- reflejo de la complejidad plurinacional puesto que faltaron gallegos y andaluces que sólo están representados testimonialmente. En este sentido, no se ha eludido jamás, salvo en lo formal, el sesgo territorial que la implantación, el origen de los líderes de los partidos, sus propios equilibrios internos, imprimen a los debates y decisiones (es evidente el peso de Galicia en el PP o Andalucía en el PSOE por solo poner un ejemplo) .

Que España es plurinacional y que sus políticos conviven con identidades múltiples es un hecho. Negarlo dificulta la creación de estructuras y procedimientos que propicien que esta realidad organizativa y política plurinacional disponga del terreno necesario para la construcción de nuevos consensos y marcos de convivencia, así como para inducir a cooperar ejerciendo una suerte de contrapesos -los check and balance anglosajones- en los que Andalucía, como entonces, será imprescindible para legitimar cualquier nuevo modelo.

Este partido joven llamado a leer sus consensos de época necesita que este Podemos Andalucía fuerte coordine al Grupo Andaluz en el Congreso con el Grupo de Podemos en el Parlamento andaluz y con la realidad municipal transformadora, para construir juntos una genuina Agenda Andaluza que marque y lidere el rumbo de las necesarias transformaciones para nuestra tierra y nuestro país.

Andalucía, por su generosidad y humildad está llamada a conducir esta segunda transición, porque aun siendo ‘la que más' por derecho, trabajará por un equilibrio plurinacional en el que aspira a ser ‘sólo’ como la que más. Esta segunda transición tendrá tintes verdiblancos o en lugar de esperanzas pondremos parches.