Otras miradas

Ayudar a que las cosas cambien en Madrid

Blanca Casado

Pedro Chaves y Coportavoces de Izquierda Abierta de la Comunidad de Madrid

Pedro Chaves y Blanca Casado
Coportavoces de Izquierda Abierta de la Comunidad de Madrid

Para que las cosas cambien en Madrid hay que mojarse en la marea política y social que debe desalojar democráticamente al Partido Popular del gobierno del municipio y de la comunidad;  impedir el desmantelamiento de los servicios públicos; denunciar los trapos sucios que envuelven los procesos de privatización y determinar las responsabilidades políticas relacionadas con el expolio del patrimonio público.

Al mismo tiempo hay que poner en marcha políticas al servicio de las mayorías: fin de los desahucios, crear empleo, fortalecer el tejido industrial y comercial de la Comunidad de Madrid, con especial atención a los pequeños y medianos empresarios y empresarias para promover y estimular la economía social y cooperativa; y especialmente hay que invertir al máximo y muy especialmente en la educación pública en todos sus tramos y en la sanidad pública.

Y hacer esto advirtiendo de que esta política es la única salida posible para todas y todos. Y comprender que este cambio en la Comunidad de Madrid nos parece esencial para producir un cambio radical en las políticas del Estado. Hay que poner fin al austericidio que golpea a los y las más débiles y vulnerables de una vez, sin dilación.

Creemos que la Comunidad de Madrid ha mostrado la cara más reaccionaria y casposa de este capitalismo de casino y amiguetes que se ha enseñoreado de nuestro país con la corrupción como punta de un iceberg intolerable de degradación moral y política de nuestras instituciones.

Pero afortunadamente la Comunidad de Madrid ha sido y es, también, el espacio en el que una sociedad civil crítica y resistente ha demostrado su vitalidad y su decisión. Decía Foucault que el comienzo de la política es siempre el reconocimiento de lo intolerable, pues bien, en esta Comunidad miles de personas han despertado del letargo producido por el sueño/pesadilla del capitalismo popular.  Y se han encontrado con sus vidas hipotecadas y con su futuro anulado a favor del presente de una minoría enriquecida hasta el insulto con las prebendas conseguidas.

Para muchos y muchas este amargo despertar, este reconocimiento de lo intolerable, ha conducido a la desesperación. Para otros y otras, ha sido el momento de tomar conciencia de nuestra responsabilidad ciudadana para cambiar este estado de cosas. Y lo están gritando claro y fuerte: "Si, se puede".

Existe una masa crítica social y política que quiere cambiar las cosas, que ha dicho NO a las políticas del Partido Popular, que reivindica el valor y calidad de los servicios públicos y que exige, democráticamente, un cambio de rumbo y de orientación política.

Ahora hace falta tener la habilidad y el compromiso necesarios para sumar todo aquello que quiere y pide ser sumado: sin exclusiones y con generosidad.

Desde Izquierda Abierta nos felicitamos y alegramos de que la idea de un Frente Amplio se haya convertido en un referente en el imaginario de cambio de muchas personas. Nosotras y nosotros queremos aportar nuestra perspectiva a este ambicioso proyecto y, de paso, compartir aquello que da sentido a nuestra existencia.

Probablemente, la idea más compartida de nuestra Asamblea Constituyente como Izquierda Abierta haya sido que hay que hacer cosas diferentes para conseguir resultados diferentes. Pues bien, para nosotras y nosotros el Frente Amplio es una idea que va más allá de una amalgama de siglas y acrónimos. La perspectiva es construir un bloque político y social en condiciones de disputar la hegemonía en todos los ámbitos a la derecha neoconservadora. Esto quiere decir, hacer creíble y posible un programa de cambio radical y hacerlo con el compromiso y la movilización de una mayoría social. Este es un empeño tan ambicioso como posible,  necesario y urgente.

Para eso debemos comprender que este es un momento dramático, nunca antes habíamos vivido una situación tan crítica, donde se pusiera tan de manifiesto las intenciones de las clases dominantes: cambiar la naturaleza de nuestro contrato social, favorecer sistemáticamente sus intereses económicos y materiales y para hacerlo arrasar con siglo y medio de derechos y mejora material de nuestras sociedades. Lo ha dejado muy claro Warren Buffet, la tercera fortuna del mundo, que escribió:"Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando".

El desafío nos exige poner el pasado al servicio de este presente. Las lecturas sobre lo que ocurrió no nos ayudarán mucho a construir lo que necesitamos. Pero si a evitar errores que hoy se nos antojan garrafales

Para propiciar ese gran encuentro sociopolítico es imprescindible impulsar el protagonismo de la ciudadanía. Eso significa que la construcción de ese frente debe hacerse desde lo social y desde lo político, no solo desde lo institucional reconocido. La representación de la propuesta alternativa y de un programa de cambio ha ganado credibilidad y legitimidad en la denuncia pública, en la reivindicación social y en la movilización ciudadana constante.

Pensar este encuentro como un diálogo de equivalentes, donde nadie ocupa ninguna situación de privilegio, donde nadie es más ni menos que nadie, puede ayudarnos mucho para propiciar la construcción de esa necesaria alternativa.

Pensar ese encuentro, también, como un espacio donde puedan darse la mano lo social y lo político es, además de deseable, imprescindible.

Ya somos muchos los que coincidimos en la indignación, en la defensa de nuestros intereses y en las alternativas políticas evidentes para acabar con esta situación de injusticia extrema.

Ahora es el momento de ponerse a andar, de multiplicar los contactos, de ayudar a construir estrategias que integren y sumen. Para eso Izquierda Abierta se ha constituido en la Comunidad de Madrid. No somos nuevos/as, formamos parte de este entramado sociopolítico que resiste las políticas suicidas del capitalismo dominante.

Nuestra aparición pública debe ser interpretada como una oferta de ayuda, una contribución. Esperamos hacernos merecedores de ese reconocimiento y llamamos, desde ya, a producir ese encuentro plural que devuelva la ilusión a la sociedad madrileña.

La sociedad tiene en si misma suficientes recursos políticos y habilidades sociales para defender lo que es de todos y de todas para oponerse democráticamente, pero con energía y creatividad, al despojo económico, a la manipulación política y a la degradación moral.