Opinion · Otras miradas

Desarme para el desarrollo humano y sostenible

Federico Mayor Zaragoza

Ex Director General de la UNESCO. Presidente de la Fundación Cultura de Paz. Instituto de Derechos Humanos, Democracia y Cultura de Paz y No Violencia, Universidad Autónoma de Madrid.

Federico Mayor Zaragoza
Ex Director General de la UNESCO. Presidente de la Fundación Cultura de Paz. Instituto de Derechos Humanos, Democracia y Cultura de Paz y No Violencia, Universidad Autónoma de Madrid.

Es moralmente inaceptable que cada día mueran de hambre más de 20.000 personas al tiempo que se invierten en gastos militares y armamento 3.000 millones de dólares. Bastaría con una reducción razonable de estas ingentes y desproporcionadas cifras para que pudieran incrementarse rápida y sustancialmente las ayudas al desarrollo endógeno, sostenible y humano, en todo el mundo; se atendiera el crucial legado intergeneracional del medio ambiente, asegurando que no tenga lugar el deterioro irreversible de la habitabilidad de la Tierra; la cooperación internacional permitiría la puesta en práctica de las grandes prioridades de las Naciones Unidas (alimentación, agua, salud, ecología, educación, paz…); y, sobre todo, se haría posible el “nuevo comienzo” que preconiza la Carta de la Tierra.

Es tiempo de acción, porque pueden alcanzarse puntos de no retorno. Ya disponemos de  múltiples diagnósticos. Ahora corresponde aplicar sin demora tratamientos adecuados y a tiempo.  Los “principios democráticos” —como se define con tanta exactitud y visión  en la Constitución de la UNESCO «para guiar a la humanidad»— deben ser incorporados, como referencia esencial personal y colectiva en el comportamiento cotidiano y en el marco político.

La nueva era de paz surgirá principalmente de la transición de la fuerza a las palabras, de una cultura de imposición, dominación y violencia a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación y paz. En lugar de «si vis pacem para bellum», «si vis pacem para verbum». Mañana puede ser demasiado tarde. Las políticas y estrategias —tan bien establecido en la Declaración y Plan de Acción para una Cultura de Paz de las Naciones Unidas de 1999— deberán aplicarse sin demora.

Es preciso advertir que si no hay evolución habrá revolución y que la diferencia entre estas dos palabras es la “r” de responsabilidad. Dejemos de seguir a los irresponsables y, con urgencia, facilitemos la transición de una economía basada en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra a una economía de desarrollo sostenible y humana. De una cultura de guerra a una cultura de paz, liderada por un  multilateralismo democrático y eficiente.

La mejor solución —aunque tengamos que sobreponernos a la inmensa inercia de quienes se aferran al perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”— es el desarme (incluido, desde luego, el nuclear), aplicando una parte razonable de los colosales medios dedicados a la seguridad para el desarrollo de todos los pueblos, de tal modo que se haga realidad la igual dignidad y calidad de vida en todos ellos.

Con sólo que se redujeran un 10% por año y país los fondos invertidos en defensa y en el sector del armamento, la seguridad mundial actual seguiría sin verse afectada, mientras que las principales prioridades de las Naciones Unidas podrían ser implementadas ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde, ya que estamos ante procesos que podrían llegar a ser irreversibles. Hay que destacar que tal estrategia de desarrollo probablemente podría conllevar una mejora general de la economía a escala mundial, contribuyendo a hacer frente a la migración severa y a los problemas sociales que enfrentamos en la actualidad.

Tal como ha declarado el Secretario General Ban Ki Moon, «el mundo está demasiado armado y  la paz está  insuficientemente financiada… Creemos que la transformación de la sociedad sólo puede lograrse manejando los conflictos de forma diferente y reasignando gastos militares».

Desarme para el desarrollo: así de sencillo. Las soluciones existen. La acción inmediata es una exigencia de nuestras responsabilidades intergeneracionales. La refundación de las Naciones Unidas es urgente.

Sigamos la iniciativa del International Peace Bureau sobre «Desarme para el desarrollo» y elevemos presencialmente y en el ciberespacio innumerables voces de justicia y de paz. Una colosal movilización podría iluminar el horizonte sombrío presente.

¡De alguna manera, seamos “Nosotros, los pueblos…” los que, por fin, tomemos en nuestras manos las riendas del destino común!.