Opinion · Otras miradas

Julián Moreiro, de oficio profesor de Lengua

Patricio de Blas Zabaleta
Profesor

El día 30 de septiembre fallecía, a los 63 años, Julián Moreiro Prieto. Catedrático de instituto, disfrutó, durante sus 40 años de profesor, dando clase de Lengua y literatura a adolescentes “sin pedir, por ello, cuentas a nadie”, como escribió con su habitual ironía y sentido del humor.

Mientras el profesorado de Secundaria se debatía entre la autocompasión y el derrotismo, Julián Moreiro proclamaba: “Una de las pocas cosas que tengo claras a estas alturas, luego de treinta y cuatro años de ejercicio, es que, por azar, por casualidad o por lo que sea, di con una profesión interesantísima… Tratar con personas, y con personas en formación, cuya evolución intelectual puedes seguir e incluso favorecer, es un privilegio. Y por incómodos que sean los tiempos —que lo son—, ese valor está por encima de los inconvenientes que tiene tratar de enseñar a alumnos desmotivados, reacios a colaborar o disruptivos, como se dice ahora”. (Entrevista en Escuela 25/06/2009).

Su obsesión, y su tarea, fue despertar y consolidar en los adolescentes el ejercicio de la lectura. Su diagnóstico sobre la lectura en la escuela reclamaba intervención sistémica y urgente: “La lectura no es, para descrédito de la institución, un objetivo central, común, de la escuela. Y un sistema que no consigue en el tramo de la enseñanza obligatoria enseñar a escribir a los alumnos y no los forma como lectores autónomos e incondicionales está muy próximo a ser una tomadura de pelo”. Todos los profesores deben serlo de lengua, solía decir.

En sucesivos momentos de su vida profesional, y en otros tantos libros, fue plasmando su experiencia y su sabiduría en la procura de este objetivo: El equipaje del lector: introducción a la lectura de textos literarios (1989), Cómo leer textos literarios (1996) y De Harry Potter al Quijote. La lectura en la escuela secundaria (2012). En este último libro abordaba específicamente la Literatura Infantil y Juvenil en el período de los 12 a los 14 años, un tipo de literatura y una edad que él consideraba claves para facilitar el tránsito entre las lecturas infantiles y las canónicas de los años posteriores. Esta labor se completaba con la edición de obras de autores (Valle Inclán, Martín Gaite, Matute, Mihura, Cela…) incluidos en los programas escolares con sustanciosas sugerencias para disfrutar de su lectura.

Julián Moreiro fue, él mismo, un excelente escritor. Biógrafo de Miguel Mihura (Miguel Mihura. Humor y melancolía, 2004), es autor, también, de otras biografías (José Sánchez Rojas, 1984 y Julián Sánchez Ruano, 1987)  y de varios libros deliciosos, como Antología de La Codorniz (2003), Españoles excesivos (2008), Escritores a la greña (2014). Observador agudo de la naturaleza humana, culto y viajero, bienhumorado y tolerante, Julián Moreiro hizo más rica y agradable la vida de quienes le rodeaban. Pero, sobre todo, fue un profesor para el que, a la manera de los institucionistas, difundir la cultura no era “repartir un caudal limitado entre los muchos, para que nadie lo goce por entero, sino despertar las almas dormidas y acrecentar el número de los capaces de espiritualidad”.