Otras miradas

Por el abrazo de un Podemos de acuerdos y no de facciones

Javier Mestre

Escritor, profesor de Lengua Castellana y Literatura y miembro de la dirección de Podemos Castilla y León

Javier Mestre
Escritor, profesor de Lengua Castellana y Literatura y miembro de la dirección de Podemos Castilla y León

Me presento. Soy de esas personas que vio en Podemos la oportunidad que necesitamos para detener la deriva espantosa en la que metieron a nuestro país desde hace ya tiempo. Pensaba en el futuro de mis hijos y me dije: es ahora. Así que me ofrecí con todas las ganas, sin cobrar un duro, a currar donde hiciera falta. Soy funcionario público y no cobro un sueldo de Podemos. No tengo más ambición que dejar a mis dos chavales un mundo cuanto menos vivible (y vamos muy mal por ahora a este respecto).

Salí de Vistalegre I con una sensación agridulce. El brillante equipo fundador de Podemos nos dijo claramente: o confiáis ciegamente en nosotros y os tragáis el jarabe que hemos preparado o ahí os quedáis. La Historia llamaba a la puerta y había que ir a toda velocidad, así que decidí que había que confiar y obedecer. Me sentí como un soldado veterano a las órdenes de generales muy jóvenes. Y asumí algunas responsabilidades dentro de la organización que me obligaron a explicar en muchos sitios algunas cosas poco comprensibles para la gente normal que, como yo mismo, querían echar una mano desde la base. En esa labor ardua y anónima siempre acabábamos llegando todos a la misma conclusión: ahora hemos decidido confiar, tenemos este marco organizativo extraño e incómodo, pero más pronto que tarde habrá un Vistalegre 2 que servirá para aprender de este tiempo de urgencia y para que, en un trabajo de deliberación colectiva, se pueda por fin constituir Podemos como se constituyen los grandes proyectos y organizaciones de carácter colectivo y democrático: mediante un consenso lo más amplio y abarcador posible, en el que todos pongamos generosidad y reconocimiento del otro.

Y ahora llega Vistalegre 2 y a mí se me han caído los palos del sombrajo. No sé a otros compañeros y compañeras. Yo, que tenía una ingenua esperanza puesta en los dirigentes que nos pidieron confianza hace dos años, desde luego estoy indignado y me siento vacío. Llega el momento de pararse a pensar, de hablar tranquilamente, y el proceso lo usurpa una guerra interna de facciones.

Las cartas de amor y las invocaciones a la unidad no me ocultan la naturaleza del campo de batalla en el que están convirtiendo la que debería haber sido la asamblea ciudadana del proceso constituyente de Podemos, ese que hace dos años parecía imposible (aunque ahora tengo mis dudas, la verdad).

Para ir empezando bien, Pablo Iglesias, haciendo uso de sus prerrogativas como Secretario General, ha convocado para estos días de diciembre una consulta a los inscritos e inscritas con el fin de determinar el "sistema de votación" de la asamblea ciudadana de febrero. Solo el conjunto de los inscritos puede cambiar el sistema de votación vigente, es verdad, pero nada debería haber impedido que se acordara como parte de la conformación de la nueva organización que debería salir de Vistalegre 2. Iglesias ha hurtado una función natural del Consejo Ciudadano Estatal, que es el que debería haber marcado unas pautas razonables y pactadas para la asamblea, y lo ha sustituido por un proceso muy precipitado en el que no hay apenas tiempo para negociar y todo se resuelve en una votación online. La excusa: que así los equipos ya "sabrán a qué atenerse"; como si las decisiones del Consejo Ciudadano Estatal, máximo órgano de dirección entre asambleas y, a la postre, bastante representativo de facciones y tendencias, no tuvieran cuanto menos el mismo nivel de seguridad jurídica. Y como si no fuera necesario replantearlo casi todo, incluidos el sistema de votación, la estructura orgánica y sus componentes, en la Asamblea Ciudadana de febrero. A las propuestas que se ofrecen a la votación se les pide que formulen, además del sistema de votación, cuántos componentes, por ejemplo, deberá tener el Consejo Ciudadano Estatal que surja de la Asamblea Ciudadana, de modo que se han sacado del debate organizativo de febrero muchas cuestiones cruciales sobre las que debería haber mucho que dialogar y acordar entre todos (incluyendo a quienes no nos da la gana adscribirnos a ninguna facción). Esa inseguridad de la que hablan se corresponde a la necesidad de cálculo anticipado de las facciones. Todo el crescendo comunicativo de estos días, primero agrio y luego empalagoso, responde a que en esa votación exprés se juega la posibilidad de que Vistalegre II sea un plebiscito ganado de antemano por Iglesias o haya un espacio de debate político donde el llamado "errejonismo" pueda desenvainar sus mejores espadas. Y la cuestión se dilucida con las armas de un populismo a la interna que a veces me dan vergüenza ajena.

No hay una mínima voluntad de consenso entre las partes. Quieren jugársela a los votos en un supermercado publicitario. Creo que juegan a que quien dé con la estrategia comunicativa mejor, haga suficiente ruido y consiga mayores lealtades a través del uso de medios y redes sociales, ganará. Y en esto, los máximos dirigentes de las tres principales facciones cuentan con una enorme ventaja sobre el resto… fraguada en buena parte por el esfuerzo sin tasa de mucha gente como yo. Ojalá tengamos las bases de Podemos la altura de miras que demuestran no tener algunos de nuestros dirigentes… pero me temo que esta vez tampoco habrá proceso constituyente, y el partido seguirá corriendo sin atarse los cordones, quizás utilizándolos para atar unos a otros las manos.

Para poder hablar de política y esbozar una estrategia es imprescindible tener en cuenta el funcionamiento de la organización desde la que pretendemos intervenir en la Historia. Para que en el tiempo de trabajo político en la sociedad no nos pase como a Izquierda Unida y otros movimientos transformadores, que han vertido siempre demasiadas energías a las peleas internas, el camino no es aplastar las diferencias y enrocarnos en torno a un líder y sus planteamientos. Eso no ha funcionado ni va a funcionar. Hay que pararse un rato a organizarse, a sacar adelante el proceso constituyente interno sin el que nunca habrá nuevo proceso constituyente democrático y progresista en España. Es preciso tener en cuenta la realidad de la militancia y de la gente que nos apoya, y hacer concesiones para conseguir de verdad ponernos de acuerdo en torno a lo que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. En ningún caso se debe utilizar el debate político, como hacen algunos, para volver irreconciliables posturas francamente conciliables o para esconder los trenes que embisten por razones, en realidad, muy poco políticas.

Desconozco si estamos ya a tiempo de hacer algo para cambiar la dinámica guerrera por un momento más propio de los trogloditas buenos de Montesquieu. Cuando tocaba sacar la confianza y el bien para ponernos de acuerdo, con generosidad, aprovechando lo mejor de cada uno y cediendo todos, nos morimos de risa, como en la película, mientras nos damos bofetadas… o achuchones mortales. En cualquier caso, creo que las y los militantes honrados que queremos seguir en un Podemos de acuerdos y no de facciones debemos hacer algo. Por eso, un puñado de compañeras y compañeros que verdaderamente no tenemos nada que perder ni ninguna lealtad especial con ninguna de las facciones, hemos puesto en marcha la iniciativa El abrazo. Como decía Lluis Llach, quizás hay que ser valientes de nuevo y decir no, amigos míos, no es esto.