Opinión · Otras miradas

Divagaciones sobre machirulismo y otras fantasías

Carolina M

Estudiante en la Universidad Complutense de MadridHoy me ha dado tiempo a pensar en el camino de Sol a casa. He leído muchos titulares a lo largo del día: “Tres mujeres muertas por violencia machista en 48 horas”.

Carolina M
Estudiante en la Universidad Complutense de Madrid

Hoy me ha dado tiempo a pensar en el camino de Sol a casa. He leído muchos titulares a lo largo del día: “Tres mujeres muertas por violencia machista en 48 horas”.

No, no funciona así. Esas mujeres no se murieron, a esas mujeres las asesinaron. El matiz parece una tontería, pero cuenta. Solo somos objetos activos cuando interesa.

Bajando por Carretas me he dado cuenta de la falta de voluntad que pone la gente para entender lo que el contrario le está diciendo: estas tres víctimas no son casos aislados, son el final trágico de un conjunto patriarcal.

Ante estos tres feminicidios las discusiones de bar siguen siendo sobre si a las feministas se nos está yendo la cabeza,  que si las exageraciones, si Ylenia es digna de ser aceptada como icono de liberación de la mujer, de si Femen y los pechos en las iglesias, que si la abuela fuma y que mayo más caluroso. Mientras, ahí fuera, nos siguen matando.

He pensado largo, ¿Cómo se puede despreciar un movimiento lucha por la igualdad, y en último caso, por la vida?

Porque no es fácil.

El feminismo no es fácil.

No es fácil para nadie. El feminismo no es fácil para mí. El feminismo coge tu circulito cultural de confort y roles, de relaciones y hábitos, y le da la vuelta. Y eso, cuesta. Claro que cuesta. Cuesta porque hay que deconstruir cada decisión y cada referente cultural que has tragado desde que eras bebé.

El feminismo hace que te pares y pienses en frío por qué detestas a esa chica que ni conoces, con la que nunca has hablado, simplemente por ocupar un espacio que tú demandas para ti misma. No osaré cargar con mis muertos emocionales a mujeres desconocidas.

Eso, por ejemplo, es difícil.

Difícil es mandar a la mierda al tío más tremendo del barrio porque identificas como agresiones actitudes que otras personas se tomarían como normales. Y hay un maromo menos, con lo que te gustan a ti los maromos.

Es difícil no opinar sobre las decisiones y comportamientos sexuales de las mujeres de tu alrededor, comprendiendo que todas estamos bajo una cultura patriarcal, y que deshacerse de ella no es sencillo. No estamos aquí para repartir carnets de Women Power.

Resulta complicado porque sopesas durante años cuál es tu postura ante la prostitución, ante el desnudo mediático, ante el trabajo de feminidad, el ideal de maternidad y los vientres de alquiler. Es difícil porque hay que darle al tarro, pensar y pensar, sin posicionarte de manera total nunca, sin verdades absolutas aplicables a cada mujer. Pensar cansa, cuestionarse cada aspecto social, también.

Es difícil porque te han enseñado que tu cuerpo es tu arma, y tú quieres luchar con la cabeza, y ser capaz, y suficiente a tiempo completo. Difícil es bailar samba sin un “agárrate la tanga” en el medio de la canción. Difícil es no buscar protección masculina al volver a casa de noche, por las mismas calles por las que ahora mismo paseo. Difícil es no utilizar la palabra “sola” ante la ausencia de un macho en alguna situación peliaguda.

El feminismo es jodido porque Los Chicos Del Maíz fetén, pero “Chica vip, chica fashion”…Y Johnny Depp lanzándole un móvil a la cara a su mujer. Y esa camiseta de “Resistance” es la hostia de bonita, pero la fabrica una nena en Bangladesh en una talla XXS (no ose desvirtualizar nuestra lucha señor Ortega, la liberación de la mujer no es una moda, es una necesidad). Y Star Wars nos hizo crecer con una princesa guerrera, pero Carrie tenía prohibido llevar sujetador mientras grababa. Podría seguir. El feminismo te hace renunciar a cosas, al menos a la imagen prediseñada que tienes de esas cosas.

Y también es difícil porque, a las dos de la mañana, siempre hay un ente (sin intención alguna de cambiar su postura, escuchar o entender lo que como mujer y persona tienes que decir de cómo te sientes, de cómo querrías sentirte… ) que viene a discutir de feminismo, después de veinte cervezas, con aire más provocador que educativo, normalmente.

Claro que es difícil para un hombre entender y apoyar el feminismo. Son sus privilegios históricos los que están sobre la arena, y no van a renunciar a ellos porque sí, sin lucharlos antes.

La diferencia está entre los que escuchan, atienden y acompañan (nunca podrán hacerlo su lucha, como yo nunca podré ser la voz representante del movimiento por la igualdad racial) y los que siguen elevando la voz a las dos de la mañana defendiendo que el “feminismo es como el machismo pero al revés”. Cerrando los ojos y diciendo “nanananananananana” con los dedos en las orejas y actitud púber ante una sociedad que nos sigue asesinando.

 

Escuchen, por una vez. Que tenemos cosas que decirles. Es cuestión de vida. O muerte.