Otras miradas

El sistema electoral británico: ventajas e inconvenientes

Juan Magín San Segundo Manuel

Doctor en Derecho constitucional y profesor asociado en la UCM. Ha publicado recientemente ‘El sistema electoral: una reforma obligada’ (J.M. Bosch Editor)

Juan Magín San Segundo Manuel
Doctor en Derecho constitucional y profesor asociado en la UCM. Ha publicado recientemente 'El sistema electoral: una reforma obligada' (J.M. Bosch Editor)

El modelo electoral mayoritario del Reino Unido supone la elección de un único representante en cada distrito (uninominal). Para lograr el correspondiente escaño de un distrito hay que obtener la mayoría simple en el mismo, perdiéndose el resto de los votos. Lógicamente, coinciden el número de escaños de la Cámara Baja (650) y el de distritos (a su vez, cada uno de los distritos tiene aproximadamente 60.000 electores).

Al ser un sistema mayoritario tiene dos ventajas importantes. Una de ellas consiste en que en estos sistemas suele darse un bipartidismo (más o menos perfecto), que posibilita una mayor eficacia y estabilidad de los gobiernos. La otra ventaja reside en la mayor proximidad que tiene el elector con "su representante", quien a su vez cuenta con más libertad. Así, en su práctica parlamentaria se vierten libremente más críticas que en los sistemas de lista proporcionales (pues con estos últimos hay una mayor disciplina de voto que conlleva considerar los disentimientos como una traición.

En la práctica de los mandatarios británicos puede observarse igualmente una ventaja, pues ellos son más independientes y están más próximos a los electores de "su distrito" a los que tienden a defender mejor, sin embargo, la independencia que tienen con relación a su respectiva fuerza política a veces resulta excesiva y puede llevar aparejados importantes inconvenientes: se tiende a defender más a una clase dominante, que suele conseguir la mayoría de los votos, dejando en un lugar secundario a los más desfavorecidos; se puede potenciar un localismo frente al interés general; o incluso permitir mayores posibilidades de corrupción en las que se beneficie a los grupos privados más poderosos, quienes pueden presionar mejor a los diputados si estos actúan de manera aislada.

Entre las ventajas se incluye también la referida a la mayor posibilidad de exigir responsabilidades políticas. Puede citarse al respecto el ejemplo de las oportunas dimisiones de cada uno de los líderes del partido liberal y del conservador que se dieron tras su fracaso en las elecciones legislativas de mayo de 2015. Su nivel de exigencia de la responsabilidad política se explica por razones variadas. Una razón reside en su tradición histórica como primer parlamentarismo en el mundo, lógicamente esta larga consolidación en el camino hacia un régimen democrático ha coadyuvado al logro de un Estado democrático de Derecho más perfeccionado, incluyendo la figura de la responsabilidad política. Otra razón que juega un papel decisivo se encuentra en el voto personalizado, pues esta modalidad del voto incrementa las posibilidades del ciudadano de incidir en un diputado concreto y, por ende, le permite influir más en la exigencia de dicha responsabilidad. Sin perjuicio de ello, cabe afirmar la existencia de sistemas electorales proporcionales que utilizan técnicas de voto personalizado.

En cuanto a los inconvenientes del modelo británico, pueden destacarse los siguientes. Uno consiste en que gran parte de los votos son estériles, lo que afecta especialmente a los terceros partidos, los cuales se ven abocados a resistir una fuerza continua tendente en el largo plazo a eliminarlos. En consecuencia, la operatividad institucional de los terceros partidos es casi nula y apenas suelen participar en el Gobierno. No puede obviarse que estos terceros partidos suelen tener ideas enriquecedoras y muy respaldadas socialmente. Cabe considerar que cercenarles su campo supone contravenir el pluralismo político, a la vez que aleja la influencia democrática del elector en el poder político. Asimismo, los terceros partidos suponen savia nueva para el sistema político, pues tienden a representar movimientos, ideas o tendencias más novedosas. Junto a todo esto, debe tenerse en cuenta, que aportan legitimidad a dicho sistema, por permitir más posibilidades de participación y no frustrar así las expectativas de importantes sectores de la ciudadanía. Esto tiene especial relevancia ante la fuerte crisis de representatividad en la que estamos sumidos.

Uno de sus problemas relevantes se conecta con la eventualidad de que no gane el partido que más votos ha obtenido. Tal situación da lugar a que se resienta considerablemente la legitimidad de todo el sistema político. De hecho, esto ha ocurrido dos veces: en las elecciones de 1951, donde los tories, con Winston Churchill a la cabeza, a pesar de obtener menos votos ganaron a los laboristas; e igualmente, en las elecciones de 1974, los conservadores obtuvieron el mayor número de votos, mientras que los laboristas, con un menor porcentaje, tuvieron más escaños lo que les permitió formar gobierno, aunque fuera breve. De igual modo, en alguna ocasión ha ocurrido este problema en los EEUU, así por ejemplo en las elecciones celebradas en 2016 los demócratas superaron en más 2,8 millones de votos a los republicanos y, sin embargo, estos obtendrían el gobierno.

El modelo británico tiene una grave desventaja, radica en su dificultad para llevar a cabo una adecuada representación de la sociedad, especialmente en lo que se refiere a los sectores más desfavorecidos, minorías étnicas y las mujeres. Por consiguiente, traba la integración social de dichos colectivos. Tal elemento resulta decisivo, pues en los países con sistemas mayoritarios las posibilidades de que se corrijan las desigualdades sociales son apreciablemente menores al de los países que cuentan con un régimen electoral proporcional.

Esta deficiencia puede revalidarse con el análisis de los múltiples datos que reflejan como EEUU y el Reino Unido, a pesar ser potencias económicas mundiales, están situados entre los países socialmente más desiguales de la OCDE, en contraste con los países avanzados que tienen sistemas proporcionales, como la mayoría de los países del centro de Europa y todos los países nórdicos, sobre todo estos últimos, puesto que aunque existan, obviamente, más variables, según se han ido aproximando a una representatividad más idónea se observa cierta tendencia a ser los mejores en conjugar parámetros esenciales como la vertebración social, la libertad y una gran calidad democrática.

En los últimos años determinadas fuentes nos vienen apuntando que las fuertes diferencias sociales, además del sufrimiento y daños (en bastantes casos irreversibles) a los excluidos socialmente, suponen una seria amenaza al propio sistema democrático. No es casualidad que, dentro de los países democráticos más avanzados, sean el RU y los EEUU donde más ha crecido el populismo. En este sentido, el voto a Donald Trump y al Brexit reflejan una autodefensa (desenfocada) de sectores sociales en declive, que se han visto perjudicados por la globalización y por los duros recortes efectuados en las políticas sociales. Sus sentimientos se caracterizan por su visceralidad, miedo, irracionalidad, tribalismo, atribución maniquea de la mayoría de los males a un enemigo y una desafección por el sistema político (e incluso hostilidad frente a el mismo), al que desean castigar por considerarlo totalmente ajeno a la defensa de sus intereses.